A ver si lo he entendido bien. Son bonos que el banco convierte si le da la gana, cuando le dé la gana. El comprador no sabrá cuándo se convertirán, ni podrá negarse. Por añadidura, si al banco le sale de las pelotas que no paga los intereses, pues no los paga. Y si pintan bastos, ponte a la cola para cobrar lo tuyo.
En tales condiciones, lo que me alucina es que alguien se decida a comprar. Ah sí, lo olvidaba: los clientes fieles que se fían del director de su sucursal.
¡Mamá, yo de mayor quiero ser banquero!