No puedo extenderme todo lo que quisiera en la refutación de esta propuesta tan perversa, desencaminada y plagada de errores de concepto y de razonamiento (y seguramente tampoco merezca la pena); pero comentaré, al menos, algunos puntos.
1) Que nadie pueda eludir el pago de impuestos no es una ventaja. Los impuestos no son un bien, sino un mal. Defínase correctamente "robar", defínase correctamente "cobrar impuestos" y se verá que cobrar impuestos es robar. ¿Que parte de esos impuestos se destinan a pagar bienes y servicios necesarios? Cierto, pero hay otras formas de organizar la sociedad y de pagar esos bienes y servicios que no implican el uso de medios delictivos. El fin no justifica los medios. Sin embargo, parece que la mayoría de la población sufre una variante del síndrome de Estocolmo que le lleva a identificarse con el poder y a justificar las agresiones que éste comete sobre ellos, hasta el punto obsceno y ridículo de que se llegue a creer que pagar impuestos es un deber moral. Se paga impuestos bajo coacción. Punto. Lo otro es vivir en Matrix.
2) No obstante, la ingenuidad del señor Llinares va mucho más lejos. Dice que al pagar impuestos todos, pagaríamos menos. Craso error. Los últimos ciento y pico años de historia muestran cómo la capacidad de controlar a los individuos y la sociedad (y las transacciones comerciales), el poder de los gobiernos y la cantidad de impuestos que los ciudadanos pagamos aumentan de forma simultánea. (El poder no se limita a sí mismo. Muy al contrario, encuentra la forma de expandirse y de burlar los posibles mecanismos de control que se le habían intentado imponer). A más poder gubernamental, más impuestos se pagan. Y a más impuestos se pagan, más aumenta el poder de los gobiernos y sus amigos. El control absoluto de las transacciones comerciales conlleva el PODER ABSOLUTO de una oligarquía intocable y conllevará que todos paguemos el máximo de impuestos. Todo un paraiso, sí.
3) Es falso que nadie podría robar dinero. Una cosa es el dinero y otra los certificados de dinero o sustitutos monetarios. El dinero es una mercancía que surge espontáneamente en la sociedad como un elemento conveniente para facilitar las relaciones comerciales. Los billetes de banco no son esa mercancía. No son dinero. Son un certificado de dinero, un documento que, al representar la mercancía dineraria (oro, plata, arroz... o alubias, si se da el caso), facilitan su circulación e introducen un grado mayor de desarrollo de las relaciones comerciales. En otras palabras, el dinero propiamente dicho (la mercancía monetaria) es el subyacente y los billetes de banco son un derivado (sin apalancamiento). (Es llamativo cómo se ha olvidado este hecho, gracias al excelente trabajo que el poder político y el poder bancario han realizado a la hora de envilecer el dinero que nos obligan a usar: dado que los billetes de banco ya no son la promesa del emisor de pagar dinero alguno, la gente no distingue entre el dinero y su sustituto). Por tanto, el poder, al asumir el control absoluto de las trasanciones de los "derivados monetarios", estará propiciando las condiciones necesarias para el surgimiento de nuevas mercancías que sirvan de dinero al margen del sistema oficial.
4) Es falso que se terminará con la economía sumergida. Como se comprenderá por la razón que explicaré al final, lo único que se conseguirá es que la economía sumergida tenga un carácter mucho más marginal y brutal, hasta extremos que desafían la comprensión de cualquier habitante de Matrix.
5) Es falso que se evitarán la mayoría de las guerras. El dinero no es riqueza, solo la representa. La riqueza real seguirá siendo codiciada y si un país A, militarmente poderoso, codicia, por ejemplo, el petróleo de otro más débil, llamémosle B, que dicho petróleo se compre con billetes de banco o con anotaciones en cuenta resultará irrelevante a la hora de que el país A decida invadir al B.
6) ¿Se favorecerá la redistribución de la riqueza? Sí, esto sí es verdad; pero no de la forma que el señor Llinares seguramente cree (ya que lo dice como si fuera algo positivo). El sistema socialdemócrata actual está diseñado para redistribuir la riqueza en sentido inverso al que la propaganda oficial dice. La constatación empírica es que la diferencia entre ricos y pobres aumenta cada día y que las clases medias son de cada vez más pobres. La explicación de por qué sucede así está, principalmente, en el envilecimiento de la moneda organizado por los poderes político y bancario, al que antes aludía, y la inflación, que NO es el aumento generalizado de los precios, sino el aumento de la cantidad de dinero (que es creado a partir de la nada por el sistema bancario, con los bancos centrales en la base del sistema), cuya lógica consecuencia es la pérdida de poder adquisitivo del dinero. El aumento generalizado de los precios es, pues, una consecuencia de la inflación (si la definimos correctamente), y la culpa no es del petróleo, ni del pollo ni de las patatas. La culpa es de quienes crean el dinero a partir de la nada, los bancos, que gozan del privilegio de operar bajo el régimen de reserva fraccional. Los gobiernos hacen su parte (además de gastando el dinero que consiguen de los bancos centrales a cambio de deuda pública que nos hace a todos menos libres) manipulando y falseando las estadísticas económicas, de forma que los salarios y pensiones nunca se actualizan al verdadero nivel de pérdida de poder adquisitivo. El resultado, es que solamente los ricos, cuya riqueza no depende de salarios, sino de bienes de producción cuyo valor no depende del dato del IPC, son capaces de salir bien parados y, de paso, beneficiarse de la inflación por su mayor facilidad de acceso al crédito y, por tanto, a dinero de nueva creación que todavía no ha perdido valor adquisitivo. Sí, es complicado. Despertarse y salir de Matrix no es tarea fácil. Por eso está tan concurrida.
7) Finalmente, es rematadamente falso que los poderosos no quieran un mundo sin medios de pago al portador. Son ellos, precisamente, quienes sueñan con un mundo así. Corrijo, no sueñan. Siguen adelante con sus planes para la consecución de un mundo sin medios de pago al portador, en el que gozarán de poder absoluto. Los documentos de identidad y el "dinero de plástico" serán sustituidos por chips subcutáneos que serán implantados en nuestros cuerpos y cumplirán ambas funciones. A quienes causen problemas al poder, a quienes se nieguen a ser siervos obedientes, los chips les serán desconectados y serán excluidos de la existencia oficial y el acceso legal a alimentos y otros bienes. Serán desterrados a un submundo clandestino de inmensa pobreza y violencia, carentes de cualquier protección legal. Su esperanza de vida será insignificante. ¿Una visión catastrofista y paranoica? No. No me lo he inventado. El productor cinematográfico y activista por las libertades civiles Aaron Russo, recientemente fallecido, dio testimonio de la conversación en que uno de los oligarcas (Rockefeller, ¿les suena?) le expuso estos planes, ufano y esperanzado de reclutar a Aaron Russo para la causa. Desgraciadamente para él, calculó mal. Aaron Russo era un hombre de principios. Quedó indignado y aterrorizado ante lo que escuchó y no se dejó sobornar. Quien tenga interés puede investigar sobre el tema y escuchar alguna de las entrevistas en las que lo cuenta.
Un consejo, señor Llinares: Limítese a escribir sobre renta fija. ¿Me hará el favor? (Bueno, al final ha sido un ruego, más que un consejo).