Los comentarios destructivos apestan. Quien quiera leer a Llinares que le lea, y quien no, ancha es la puerta. Precisamente por enseñarnos a pensar y por ser todos mayorcitos podemos decidir qué hacemos, si nos quedamos o nos vamos. Y nadie obliga a nadie a hacer nada. Llinares propone qué (o qué no) hacer, y hacerlo o no es cosa de cada uno.