Bah, sólo es dinero. No merece la pena hacerse mala sangre.
Dicho esto, soy más partidario del mecenazgo particular que de las instituciones públicas de cultura. Opino que un particular vigilará con más atención la gestión de su patrimonio, que un funcionario saturado de trabajo, sin medios materiales y que encima no se juega ni un duro en un sentido o en otro.
¿Es que nadie en el Palau pidió nunca una sola factura, balance, extracto? Ya les vale...