Es que nunca fuimos clase media. Los asalariados nunca fuimos clase media, ni lo somos, ni jamás lo seremos, al menos mientras mantengamos esa condición.
No eramos otra cosa que una banda de pretenciosos a los que nos dieron una hipoteca a 30 años, una colección de prestamos personales y tarjetas de plástico, y nos creimos el cuento porque era muy molón. Nos rodeamos de apariencia cual actor de Hollywood y finalmente nos hemos convertido en calabaza, porque no cabía otra posibilidad.
Ahora que el maquillaje ha desaparecido, damos miedo.