No me creo nada de lo que diga el balance.
Una clásica definición de la contabilidad, vulgarmente expuesta, afirmaba que era el fiel reflejo de de la situación de una empresa.
Tampoco me lo creo, más bien es el fiel reglejo de lo que nos quieren mostrar. El papel aguanta todo tipo de mentiras y maquillajes y nunca se sabe donde comienzan ambos ni hasta donde llegan.
Lo de advertir las ventajas competitivas puedo aceptarlo en parte, pero al tratarse de una valoración difícilmente cuantificable tiene sus limitaciones y por otra parte son muy pocas las empresas que gozan de esas ventajas claramente.
Me fio sólamente de la experiencia y de la intuición que me han proporcinado las puñaladas previamente recibidas.