Estoy de acuerdo en que alcanzado un determinado patrimonio, contar con un buen servicio profesional puede resultar muy útil, siempre que ambas partes obtengan importantes beneficios de esa relación interesada. Además de la experiencia que el profesional puede aportar, está el dicho popular de que cuatro ojos siempre ven siempre más que dos.
Pero si como dices necesitas un amigo, podría no recomendarte un amigo televisivo:
En una cadena local se emite un programa de finanzas para no financieros o finanzas caseras, en el que se analiza donde se encuentran los huevos más baratos, si es buen momento para comprar una vivienda o si Banco Popular es una buena elección.
El programa, dirigido por un profesional con amplia experiencia en el mundillo financiero y conocido en la plaza, no tiene vocación de impartir cátedra, simplemente dar unas recomendaciones básicas al espectador y entretener un rato, por lo que se entiende que sea distendido y que se puedan pasar por alto muchas cosas.
Lo malo del asunto es que al día siguiente de que en ese programa se haya hablado de determinado producto, incluso sin haberlo recomendado, más de un telespectador pierda el trasero corriendo al banco de la esquina a comprarlo.
Pero lo peor está aún por llegar. El amigo televisivo en ocasiones hace comentarios que me atrevo a calificar como temerarios y recomendaciones muy peligrosas.
Recientemente habló de la posibilidad de obtener fabulosos beneficios a través de inversiones con garantía hipotecaria, con beneficios garantizados del 20 e incluso 30 por ciento, invitando a los interesados a ponerse en contacto con el programa. No llegó a comentar que entidad permitía acceder a tal excepcional negocio.
Pasados unos días, como el lugar desde el que escribo no deja de ser un pueblo grande, tomando un café observo que cerca de mí se encuentra el amigo televisivo conversando con una señorita y explicándole las bondades del mismo negocio e incluso ofreciéndole trabajo. Entretanto, en los quince minutos que permanecí en el lugar saboreando mi café, con mi mirada fijada en un periódico al que no prestaba ninguna atención, pero que me permitía ocultar una sonrisa que no era capaz de contener, su teléfono móvil sonó más de dos veces y no se dejaba de hablar de lo mismo.
Una vez que conseguí averiguar el nombre de la empresa que me haría enriquecerme, a mayor velocidad que un nuevo empresario surgido del otro lado del Muro de Berlín, abandoné el lugar discretamente antes de ser descubierto y corrí en busca de un PC que me pudiera mostrar la puerta del paraíso financiero.
Pasados unos pocos días más, me encuentro de nuevo con el amigo televisivo que hace un descanso para emitir unos consejos comerciales, entre los que aparece uno de una empresa de la que oigo hablar por segunda vez.
Con todo esto quiero decir que contar con un asesor financiero profesional es muy recomendable, siempre que aporte algo interesante que sea absolutamente transparente y por supuesto hay que mantenerlo siempre estrechamente vigilado, por si le surge la intención de ponerte los cuernos.
Y por último esto es para Eguzkialde. Te has olvidado de una tercera profesión: entrenador de fútbol.
Espero que nadie se haya aburrido demasiado con esta historia.