La pena es que sin zarpazo previo, el sistema es incapaz de promover mecanismos internos de control. Con Enron le llegó a las auditoras, con las subprime a las empresas de rating crediticio. Dentro de unos años a lo peor le toca el turno a los fondos de inversión o al private equity y después tal vez a las propias sociedades rectoras... ¿quién sabe? Lo único seguro es que a menos que el sistema se proponga prevenir en vez de curar, los inversores particupales seguirán pagando los platos rotos con cada sucesivo escándalo.
Es una pena pero cuando te pones a buscar transparencia, lo más normal es que sólo encuentres su ausencia.
Un lujo leeros!!