El seguir la evolución de la renta fija, más que para valorar la renta variable sirve para gestionar activamente la parte en renta fija de bajo riesgo de las carteras. Aunque sólo merece la pena si el volumen total invertido, el horizonte temporal y nuestra propia sofisticación como inversores permiten el meterse en esos jardines. Para un pequeño inversor puede ser matar moscas a cañonazos.
La idea es sustituir una parte de los depósitos a corto y la liquidez por posiciones en renta fija de máxima calidad pero a plazo medio y largo, buscando una mayor rentabilidad sin descontrolar el riesgo.
El nivel neutro de referencia más sencillo sería un tipo del 5-5,5% para el TBond a 10 años y del 4,5-5% para el Bund al mismo plazo.
En una cartera "integeneracional", sin vencimiento determinado, la duración aconsejable correspondiente al nivel neutro podría estar en los 6-7 años.
Si la rentabilidad del bono correspondiente está por debajo del nivel neutro, como sucede ahora, reducimos duración y si está por encima, la aumentamos.
Obviamente en carteras con horizonte temporal definido, la duración debe ser más baja y, sobre todo, irse reduciendo a medida que se aproxima el vencimiento, son pena de llevarnos un buen palo con la "segura" renta fija si el momento de la liquidación del plan coincide con una fuerte subida de tipos (que coincidira por aquello de la ley de Murphy).