Un día quien les escribe se sentó ante el teclado, preocupado por algo que estaba aconteciendo en el sector y, más concretamente, por la actitud de una determinada compañía. Solo soy uno de tantos a quien hoy se describe como
blogger pero a mí se me antoja que estoy aún ligado con esos escritos libres y espontáneos que surgían en ateneos y mesas de café a principios del siglo XX. Solo que las dos líneas del café las leían los amigos y un blog llega a mucha gente. Cambia la dimensión pública y con ello también el riesgo.
Así que, continúo, escribí un post. Antaño se le llamaba "artículo".
Avanzo que una de las múltiples reacciones al post se materializó a los pocos días en la visita a mi despacho de uno de los mandamases procedente de la sede de la aseguradora comprometida. Indagó acerca de las intenciones de mi comentario y ello me hizo reflexionar:
"si no soy un funambulista ¿qué hago en la cuerda floja?"
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