No sé si alguna vez habéis tenido la oportunidad de disfrutar la experiencia de intentar atornillar algo con un destornillador de esos de "Todo a Cien".
Yo sí. Mi madre tiene la curiosa creencia de que puede conseguir buenas herramientas con cuatro cuartos. De ahí que si alguna vez me pide que le arregle tal o cual cosa siempre acuda yo provisto de mi caja de herramientas. Me dobla el espinazo pero, al menos, consigo dos cosas: no torturar mis manos con las rebabas del plástico de los mangos y no perder la paciencia al ver que el noble acero asiático se dobla antes de que el tornillo inicie su viaje hacia el interior de la madera.
Puestos a comparar, en este negocio de los seguros, uno se da cuenta de que con frecuencia se tira de herramientas cutres. También por confundir el objetivo. Estas líneas intentarán explicar lo que comento.
Leer más