Hoy he tomado asiento en el 29D de un airbus. Regresaba a casa desde Barcelona, cansado pero satisfecho por haber sacado partido al tiempo.
El 29D es un asiento de pasillo. Nada más revisados los procedimientos básicos de cierre de puertas, cofres y cinturones del pasaje la azafata que tenía más cerca ha comenzado a representar con signos un desapasionado y mecánico repertorio de medidas de seguridad.
Supongo que saben de qué les hablo: se trata de esos movimientos de manos que pretenden enseñarnos dónde están las puertas de emergencia, dónde se ubican los chalecos salvavidas, cómo se inflan estos y el uso de las máscaras de oxígeno que nos aguardan siempre en sus alojamientos a la espera de brindar sus servicios en caso de despresurización.
Nadie atendía a la explicación. Todos andaban con la cabeza baja, leyendo el periódico o mirandose las uñas, o matando el rato de alguna forma que no alcanzo a comprender. Pero nadie miraba a una chica que estaba explicando algo que podía salvarnos la vida... si éramos capaces de asimilarlo para caso de necesidad.Leer más