En los últimos tiempos, uno de los productos que más ha proliferado, dentro de la oferta de las gestoras, especialmente en España, es el de los llamados “fondos de fondos”, es decir, fondos de inversión que, a su vez, invierten todo su patrimonio en una cartera de fondos de inversión.

Por lo general, cuando una persona se plantea realizar una inversión, sólo le suele asaltar una duda: ¿Saldrá bien? Evidentemente, cuando invertimos nuestro dinero, queremos que, sean la operación y el activo que sean, los resultados sean positivos y recuperar una cantidad mayor de la que hemos "cedido". Para ello, los más avezados suelen buscar ingentes cantidades de información, análisis, etc. Cabe pensar que todo está bastante bien atado y, en consecuencia, la inversión debería ser un éxito... pero algo inesperado sucede y, lo que debería de haber sido un éxito se convierte en un fracaso estrepitoso ya que... nos hemos dejado guiar por nuestro "yo" más optimista.
Uno de los productos más utilizados a la hora de ahorrar de cara a nuestra jubilación es, sin lugar a dudas, los planes de pensiones, gracias, fundamentalmente, a la ventajosa fiscalidad con la que cuentan y que permite, especialmente a aquellos que cuentan con elevados ingresos, reducir la factura que cada año nos presenta Hacienda. De todos es conocido las habituales campañas que las entidades realizan para incrementar las aportaciones que realizan los partícipes, especialmente a finales de año y durante el periodo de recaudación del IRPF. Sin embargo, este tipo de planes, aquellos denominados Individuales (PPI), y que están promovidos por las propias entidades, no son la única alternativa para realizar aportaciones a este tipo de instrumentos.



Eso si, tenga presente la única “pega” que tienen estos planes, y que incide en una característica extensible a toda la gama de PP del mercado: la opacidad de sus carteras. Sólo los partícipes conocen la composición, más o menos exhaustiva, de la cartera que incluyen estos planes. Leer más
Cuando comencé a publicar este blog, una de mis intenciones era tratar de obviar los sucesos del día a día para poder concentrarnos en realizar una correcta planificación patrimonial. Los hechos que han sucedido en las últimas semanas en Chipre han hecho que, por una vez, y sin que sirva de precedente, me salte la mencionada intención, aunque no como en principio tenía pensado.
Y es que, pese a que la gravedad de lo sucedido en la isla mediterránea afecta, como veremos más adelante, de una manera muy profunda a las decisiones que ha de tomar cualquier inversor, entiendo que el lector ha podido acceder a múltiples análisis que reflejan los riesgos específicos aportados por ese caso.
Por ese motivo, creo que puede ser más interesante abrir un poco el zoom y describir los peligros que subsisten en los mercados globales, y que provienen fundamentalmente de dos fuentes, el ya citado caso chipriota y la resolución del mismo y las políticas monetarias de los Bancos Centrales (BBCC) de los países desarrollados. Leer más
Una vez que ha quedado claro la utilidad de algunos ETF y que, pese a aplicar unas menores comisiones, el efecto fiscal hace más atractiva la inversión en fondos de gestión pasiva que en este tipo de producto, cabe preguntarse si realmente resulta más eficaz la inversión en fondos de gestión activa o pasiva.
Lo primero que hay que aclarar es que, dada la oferta de fondos existente, no debe afirmarse rotundamente que una de ellas es mejor que la otra, simplemente porque un fondo normal de gestión pasiva, casi con total seguridad, resulta más eficiente que un mal fondo de gestión activa, por lo que todo el análisis que podamos hacer debe implementarse con un análisis de fondos concretos. En todo caso, asumiremos para este que los fondos analizados, tanto de gestión activa como pasiva, son fondos "de calidad". Leer más
La pasada semana centrábamos nuestra atención en las diversas formas en las que los ETF podían complementar nuestras carteras, especialmente de aquellas formadas por fondos de inversión, aunque dejábamos una pregunta en el aire: desde un punto de vista financiero-fiscal, ¿cuál de los dos instrumentos es más eficiente?




Como indicábamos en el último post, uno de los elementos fundamentales a la hora de conformar nuestra cartera de fondos es la asignación de activos o asset allocation. Tanto es así que, según estudios realizados sobre el comportamiento de los fondos de pensiones estadounidenses, el comportamiento de estos depende en un 91% de la asignación de activos y tan solo un 9% del momento de entrada y salida de los mercados y de la selección de valores concretos, lo que muestra a las claras que esta asignación es fundamental.
Una de las tareas que más tiempo puede ocupar a la hora de implementar nuestra estrategia es, sin lugar a dudas, la selección de los fondos de inversión que van a formar parte de nuestra cartera. Esta selección puede marcar de forma determinante la futura evolución de nuestro patrimonio y, sin lugar a dudas, debe venir condicionada por el nivel de riesgo que estemos dispuestos a asumir (creo que va quedando claro que el riesgo es el factor fundamental a gestionar en nuestras carteras, partiendo, obviamente, de la base de que buscamos rentabilizar nuestro patrimonio).
Una vez que nuestro plan y, por extensión, nuestra estrategia están definidas, es el momento de implementar, no sólo las actuaciones a largo plazo, sino también las tácticas que utilizaremos para evitar que una mala decisión se lleve por delante en cuestión de segundos los efectos positivos que hayamos generado en nuestro patrimonio durante meses.
Daniel López Vega. Analista financiero y patrimonial. Apasionado de los mercados desde hace casi 20 años. Y bloguero en los ratos (pocos) libres...