A principios del año 2000, la mayoría de los entendidos en bolsa recomendaban invertir en empresas tecnológicas. En aquel momento,
los analistas técnicos veían sólidas tendencias alcistas que aún no mostraban ninguna pauta de agotamiento y la mayoría de ellos recomendaba comprar cada vez que la cotización superaba una resistencia, rebotaba en la directriz alcista o se apoyaba en la media móvil de 200 sesiones. Por su parte,
los analistas fundamentales, considerando la juventud del sector tecnológico y las
altas tasas de crecimiento esperadas para las empresas que formaban parte de la “nueva economía”, indicaban precios objetivos muy superiores a las cotizaciones, y
recomendaban encarecidamente comprar.
En poco más de un año, las cotizaciones de esas empresas, tan recomendadas poco tiempo atrás,
habían sufrido grandes movimientos, aunque no en el sentido predicho por la mayoría de los analistas: Yahoo bajó un
94%, Nokia perdió un
76%, Amazón un
92%, Intel un
74%, Oracle un
77%,…
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