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El futuro de China tal vez no es tan prometedor
16 de Abril de 2008
En los últimos años, casi todas las noticias que han aparecido en los medios económicos sobre China han sido positivas: una tasa de crecimiento de las mayores del mundo, tan alta que es uno de los pocos países en los que el objetivo del gobierno es limitar el crecimiento en vez de impulsarlo, capacidades técnicas cada vez más desarrolladas, aumento constante del número de millonarios, traslado de la producción de buena parte de las empresas del mundo a fabricas chinas, impresionante superávit en su balanza comercial, reservas de divisas millonarias, nuevas y pujantes multinacionales de capital chino, participación en el capital de multinacionales europeas y americanas, acuerdos ventajosos para explotar materias primas en países del tercer mundo,… Leyendo todo eso, casi dan ganas de hacer líquido nuestro patrimonio, hacer las maletas, y emigrar a aquel enorme país, destinado, según muchos, a convertirse en la primera economía del planeta en pocas décadas, buscando nuevas y rentables oportunidades de negocio e inversión. ¿Es todo tan ideal? La mayoría de los analistas piensan que sí, pero algunos artículos que he leído recientemente mostraban una visión menos optimista, que no deja de llamarme la atención.
He leido no hace demasiado que muchas empresas chinas empiezan a tener serios problemas por la falta de mano de obra cualificada. Se tardan bastantes meses en formar a un trabajador que viene del campo. En cuanto está formado, aprovecha la primera oportunidad para cambiarse a un trabajo mejor. Algunos sólo quieren trabajar unos años en la ciudad y ahorrar para volver a su pueblo natal, donde vivir con cierto desahogo gracias al dinero conseguido. La enorme rotación de trabajadores hace que cada vez más empresas ofrezcan salarios elevados para evitar la marcha de sus empleados. Y este es un dato a tener en cuenta, porque la competitividad de China se basa en sus bajos costes salariales y en lo muchos llaman su “casi ilimitada reserva de mano de obra”, que, supuestamente, garantizaría salarios bajos durante mucho tiempo. Pero, si los salarios suben, producir allí no será tan interesante. El reciente alza en el precio de los alimentos afectará a un país como China, donde alimentar a la población sigue siendo el principal problema. Eso provocará inflación y subida en los costes laborales, lo que se sumará al problema anterior. Pero, de todo lo que he leído sobre el tema, lo más contundente ha sido un artículo aparecido en el número de Abril de la revista Capital, no sé si muy acertado, pero sí llamativo por la opinión que expresa. Está escrito por Tyler Cowen, Doctor en Economía de la Universidad de George Mason. Voy a copiar aquí las cosas más interesantes que dice el artículo: Los que tienen miedo de la competencia china se refieren a sus bajos costes salariales como la mayor ventaja competitiva del país. Pero, no lo olvidemos: los costes salariales son allí bajos precisamente porque la productividad es baja. Hay serias dudas de que la China actual pueda sobrevivir como una unidad política. Que el centro no pueda tener un control efectivo sobre las provincias siempre ha sido un tema recurrente en su historia. A menudo, los observadores se asombran por la capacidad de trabajo de los chinos que conocen fuera de China. No se puede pensar que esta capacidad de trabajo se pueda extender a toda la población china. La mayor parte del país sigue estancada en un tiempo pasado o incluso en un estado bárbaro. Este año se ha descubierto que China es un país mucho más pobre de lo que se pensaba. Más de 300 millones de chinos están viviendo con menos de un dólar al día. No debemos esperar que, a corto plazo, los chinos vayan a tomar la delantera a Europa o a Estados Unidos. El país está plagado de instituciones ineficaces y sistemas de toma de decisiones erráticos. La democracia, la transparencia y el control de la corrupción brillan por su ausencia. Incluso después de las recientes reformas, China tiene una posición pésima en todos estos frentes. A largo plazo, los países con instituciones ineficaces raras veces tienen éxito, incluso aunque parezca que tienen ventajas en un momento concreto. Con mayor perspectiva, piense en la historia de China en el siglo XX. El país sufrió dos importantes revoluciones sangrientas, una guerra civil, una guerra Mundial, uno de los dos o tres peores dictadores de toda la historia, la época del Gran Salto Adelante (en realidad, un gran paso atrás), y la desastrosa revolución Cultural, entre otras crisis. ¿Cuántas veces tomó China las decisiones políticas acertadas y cuántas veces sus instituciones han respondido correctamente? No es probable que los chinos se levanten después de todo este cúmulo de decisiones erróneas. Ningún país pasa de la pobreza a la riqueza sin serios baches en el camino. China tiene pendiente una crisis y un estallido de la burbuja financiera; veremos cómo reaccionan las instituciones chinas cuando la economía no crezca al 10% anual. En fin, no sé si será acertado lo que dice, parecen opiniones un tanto exageradas, pero al menos es una opinión propia y un tanto diferente. Habrá que tener en cuenta estos aspectos antes de valorar con euforia cualquier inversión que tenga que ver con China.
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