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27 marzo, 2008

¿Afecta el dia de la semana al comportamiento bursatil?

De todos los días de la semana, el que me resulta más antipático es, sin ninguna duda, el lunes. El término “lunes negro” me parece tan adecuado que, si hago memoria, podría aplicarlo a algunos lunes de mi vida, especialmente de hace algunos años, cuando la juventud impulsaba poderosamente a cometer excesos durante el fin de semana.
Pero, ¿Afecta el día de la semana al comportamiento bursátil? Una buena pregunta para la que, gracias a la fabulosa capacidad de las hojas de cálculo, podremos obtener respuesta en poco tiempo.
El mercado americano es bastante más maduro que el español, y tiene una historia más larga y accesible. Por eso, comenzaremos nuestra “búsqueda de la verdad” sondeando el comportamiento del Dow Jones. El primer inconveniente con el que topamos es que la bolsa americana, antes de 1952, abría también los sábados. Por ese motivo, para no distorsionar la distribución semanal de comportamiento del mercado, omitiremos los años anteriores en la realización de nuestros cálculos.
En el siguiente gráfico se muestra el comportamiento del Dow Jones, en función del día de la semana, entre mayo de 1952 y marzo de 2008. A lo largo de esos 56 años, el comportamiento medio diario de las cotizaciones es el siguiente:

El gráfico no requiere muchos comentarios. La probabilidad de que baje en lunes es notablemente mayor al resto de la semana. El mejor día, a la vista de estos datos, es el miércoles.
Pero, ¿Se cumple una relación parecida en otros mercados?
Vamos a verlo a continuación en nuestro Ibex 35 y para un plazo de 18 años.

El lunes sigue siendo un día malo, pero el resto de los días de la semana cambian un poco respecto al comportamiento medio del Dow Jones.
Veremos lo que pasa con el Nikkei

El lunes en Japón es pésimo, pero el perfil del resto de la semana no coincide con ninguno de los gráficos anteriores.

Como las diferencias son notables entre unos mercados y otros, vamos a ver si, en un mismo mercado, la relación se mantiene constante en el tiempo o varía con el paso de los años. Para eso, repetiremos los cálculos para el Dow Jones, pero dividiendo la serie en dos partes. Primero veremos su comportamiento entre 1952 y 1980 y luego entre 1981 y 2008.
Para el primer periodo, los resultados son estos:


Aquí, el comportamiento del lunes es el peor de todos los observados: una variación media diaria del -0,149%.A ver que ocurre en el periodo siguiente.

Pero, sorprendentemente, en los últimos 28 años, el lunes ya no es un día malo, sino que pasa a ser bastante parecido al martes y miércoles.

Antes de marearnos con tantos gráficos, plantearé las conclusiones de este estudio.

Primera.- El lunes tiende, históricamente, a ser el día en que las bolsas tienen un peor comportamiento.
Segunda.- El resto de los días de la semana no siguen una pauta regular, dependiendo del mercado y del periodo, pueden tener mayor o menor tendencia a bajar o a subir.
Tercera.- La separación del Dow en dos periodos diferentes muestra algo que he visto repetido en muchos estudios sobre el comportamiento del mercado: las pautas que han sido repetitivas en un periodo, no suelen serlo en el siguiente. Es decir, la historia, al menos en el mercado, no se repite demasiado. Si miramos el comportamiento entre 1952 y 1980, las diferencias entre los días de la semana eran apreciables, mientras que, en la época más reciente, lunes, martes y miércoles tienen un comportamiento medio casi idéntico, igual que jueves y viernes entre sí. Es una relación que he comprobado en otros cálculos de este tipo: los mercados, cada año que pasa, son más perfectos en su funcionamiento a corto plazo. Es como si los operadores más avispados se dieran cuenta de que un comportamiento de mercado se repite y, en su intento de sacar partido de él, no tardasen en modificarlo, haciendo el corto plazo cada vez más impredecible y casi perfectamente aleatorio.

En un mercado “ingenuo”, tiene mucho sentido que el lunes sea el día más bajista. La bolsa se ve afectada de forma más brusca por las noticias malas que por las buenas. Una noticia catastrófica provoca caídas bruscas en las cotizaciones, mientras que una noticia magnífica tiende a provocar subidas algo más lentas. El lunes juega en desventaja, porque refleja las posibles malas noticias de tres días, por eso parece lógico que, a largo plazo, sea el día más bajista. Eso, sin olvidar de que el estado de ánimo de los integrantes del mercado también es peor los lunes.
Pero el mercado americano es cualquier cosa menos ingenuo. Los sistemas automáticos de trading, el uso de ordenadores para operar automáticamente en décimas de segundo, todo tipo de cálculos y estudios estadísticos, se usan en los mercados americanos desde antes de que aquí supiésemos lo que eran. En otros estudios que espero publicar se verá como se repite este resultado. Cuanto más retrocedemos en el tiempo, mayores relaciones estadísticas encontramos en las cotizaciones, y cuanto más nos acercamos al momento presente, más difícil resulta encontrar pautas repetitivas.

25 marzo, 2008

Invertir en bolsa a través de corporaciones

En el artículo anterior veíamos como Warren Buffet ha batido sobradamente, tanto a largo plazo como en la última década, a sus índices de referencia.

El inversor que desee aprovecharse de la rentabilidad conseguida por la Bolsa, puede colocar su dinero a través de diferentes alternativas.

Existen miles de fondos de inversión de renta variable, en los que el dinero quedará bien diversificado y el gestor procurará aprovechar las oportunidades existentes en cada momento para obtener una rentabilidad interesante a largo plazo. Eso, al menos, suelen decir las entidades que comercializan este tipo de fondos: “Gestión profesional al alcance de cualquier inversor”.

Pero, digan lo que digan las entidades financieras, un 80% de los fondos de inversión no baten a su índice de referencia. El comportamiento del mercado es difícil de predecir, ni para el aficionado ni para el profesional, y no deja de dar sorpresas a todo el que opera en él.

Otra posibilidad, para el sufrido inversor, es invertir en el índice. Así superaremos a 4 de cada 5 gestores profesionales . Para eso, lo más cómodo es elegir un fondo que replique el comportamiento del índice elegido, o bien un ETF. Debemos vigilar, eso sí, hasta que punto se replica el índice con exactitud, y que comisiones cargarán a nuestra inversión. En el caso de los fondos es más sencillo de comprobar, ya que normalmente todo se reduce a una comisión de gestión y otra de depósito, expresadas ambas en porcentaje sobre el patrimonio. En los ETF, debemos considerar la comisión de compra-venta y el resto de los gastos que aplique nuestro intermediario, la comisión de gestión del propio ETF y la horquilla de precios a la que deberemos hacer frente al a hora de comprar o vender.

En este artículo, vamos a contemplar otra alternativa, al alcance de cualquiera, para invertir en bolsa a largo plazo. En la bolsa española cotizan algunas empresas que se dedican únicamente a invertir su patrimonio en otras empresas, normalmente tomando grandes participaciones y entrando en el consejo de administración, o bien supervisando a los gestores muy de cerca, procurando velar siempre por la inversión que han realizado.

En el Mercado Continuo español cotizan tres sociedades de este tipo: Criteria, Alba y Dinamia. Las dos primeras son corporaciones financieras y la tercera es una sociedad de capital riesgo pero, dejando a un lado diferencias formales, todas persiguen lo mismo: obtener una buena rentabilidad para su patrimonio tomando participaciones en el capital de otras empresas.

Criteria y Alba tienen sus participaciones más importantes en empresas cotizadas, aunque también poseen algunas que no cotizan en ningún mercado. En el caso de Dinamia, su capital está invertido por completo en empresas no cotizadas. Sin entrar en demasiados detalles, podemos decir que esta sociedad se centra en comprar empresas que pasan por dificultades económicas, para intentar reflotarlas y venderlas posteriormente, ya sea porque el intento ha tenido éxito (con lo que la plusvalía puede ser interesante) o bien ha fracasado, sufriendo normalmente pérdidas si esto ocurre. También participa en el capital de empresas que están comenzando y necesitan inversores dispuestos a asumir el riesgo, o de otras que necesitan fondos para acometer una expansión importante.

Las ventajas, frente a un fondo de inversión, son que ninguna de estas empresas debe respetar límites en la distribución de su cartera de inversiones (un fondo de inversión español, de renta variable y que no replique a un índice, por imperativo legal, debe tener su patrimonio repartido entre un mínimo de 16 valores, sin poder destinar a ninguno de ellos más del 10% de su patrimonio). Además, estas empresas, puede participar en el consejo de administración de la sociedad, cosa que los fondos de inversión, al menos en España, no pueden hacer. Su principal inconveniente es que el tratamiento fiscal es menos favorable que el de los fondos, efecto que procuran paliar aprovechando, si pueden, las deducciones que el impuesto de sociedades permite en cada momento.

Cada una de estas tres empresas tiene su propia situación particular. Los principales accionistas de Dinamia son varios inversores, con participaciones de entre el 5 y el 10%, y está gestionada por NMAS1, una sociedad gestora que no tiene participación accionarial en la compañía.

En el caso de Corporación Financiera Alba, sus principales accionistas son la familia March, que controla más de un 65% de la sociedad. Y, en Criteria, es La Caixa quien ostenta la propiedad del 80% de las acciones.

Para comprobar si la inversión a largo plazo en este tipo de empresas es interesante, olvidaremos los argumentos teóricos y nos centraremos en los datos. Y no hay mejor dato que el comportamiento bursátil que, aunque a corto plazo tiende a ser impredecible, a largo siempre termina por acercarse al valor real de la empresa cotizada.

En el caso de Criteria, como lleva poco cotizando, no hay datos suficientes para saber hasta que punto sus gestores logran una rentabilidad interesantes a largo plazo, pero, en los otros dos casos, podemos comparar la evolución bursátil con el comportamiento del índice.

En el gráfico siguiente puede verse la comparación.



Desde el 31 de diciembre de 1997 hasta el 20 de marzo de 2008, algo más de 10 años, cien euros invertidos en el Ibex 35 se habrían convertido en 178, mientras que en Dinamia se habían transformado en 232 y en Alba en 252, es decir, un beneficio de 78 euros en el Ibex, frente a 132 en Dinamia y 152 en Alba.

Según este cálculo, parece que invertir nuestro dinero en estas empresas puede resultar interesante a largo plazo.

Con estos datos, para los últimos 10 años, la rentabilidad anualizada del Ibex 35 ha sido de un 5,8%, mientras que la de Dinamia ha sido de un 8,6% y la de Alba de un 9,5%.

Pero, para no mostrar conclusiones equivocadas, hay que tener en cuenta algunos detalles:

* El IBEX 35 no tiene en cuenta los dividendos, mientras que, para construir estos gráficos se han usado datos exportados desde un programa de gráficos, donde, al estar corregidos los dividendos, se tiene en cuenta el rendimiento total (dividendos + revalorización). Si hubiéramos invertido nuestro dinero en acciones que replicaran al índice, habríamos recibido dividendos, con lo que la distancia habría sido menor. Si, por ejemplo, consideramos unos dividendos medios del 2,5% anual, la rentabilidad del Ibex aumentaría hasta el 8,3%, acercándose mucho al 8,6% de Dinamia y recortando la diferencia bastante con el 9,5% de Alba. En todos los casos, habría que tener en cuenta comisiones de mantenimiento, compra-venta, comisión de gestión si se invierte en el Ibex a través de un fondo, etc. Nunca hay que despreciar las comisiones, ya que unas décimas de punto al año, a largo plazo provocan diferencias abismales en el beneficio obtenido.

* La volatilidad de estas cotizaciones es mayor que la del índice por lo que, aunque a largo plazo podamos obtener rentabilidades más interesantes, también debemos tener en cuenta que, por el camino, sufriremos altibajos importantes.

* Dinamia salió a bolsa en diciembre del 97, y en los dos años siguientes perdió la mitad de su valor en bolsa. Esto distorsiona este análisis, ya que es normal, cuando una empresa sale a bolsa, que los que la venden procuren obtener un precio lo más alto posible. Para ello no dudan en hinchar valoraciones y expectativas de beneficio y, en muchos casos, el pequeño inversor que acude a la OPV paga más de lo que debería, y la cotización no tarda en verse gravemente resentida durante algún tiempo. Si, por ejemplo, comparamos las rentabilidades desde finales del año 2000, cuando la cotización de Dinamia ya parecía estabilizada, tras la brusca caída inicial y la fuerte recuperación de comienzos de ese año, el resultado cambia notablemente. Desde ese momento hasta ahora (algo más de 7 años), Dinamia es la clara vencedora, como puede verse en el gráfico.



En este caso, la rentabilidad anualizada es de un 11,8% para Dinamia, frente a un 4,9% para Alba y un 3,5% para El Ibex.

Como conclusión, podemos afirmar que invertir en estar empresas a largo plazo no es una mala alternativa, porque parecen superar al promedio del mercado. Sin embargo, debemos ser cuidadosos y respetar ciertos aspectos:

Huir de las OPV, salvo que podamos contrastar que la acción sale al mercado a un precio interesante. Si no podemos asegurarlo, mejor esperar un par de años para entrar en el valor.

No comprar cuando la empresa esté de moda por algún motivo, ya que, probablemente sus acciones estén cotizado por encima de su valor real y eso nos penalice a largo plazo. La gestión a largo plazo es un proceso continuo, mientras que la cotización siempre es inestable. El mejor momento para comprar una empresa de este tipo es cuando nadie habla de ella, y su cotización lleva una temporada comportándose peor que el índice.

• No olvidar que, al comprar una acción de estas empresas, lo que estamos comprando son las participaciones que posee. Por eso, debemos tratar de averiguar cuanto valen realmente las participaciones poseídas por la empresa que queremos comprar.

Con estas conclusiones, el artículo deja en el tintero una cuestión nada irrelevante para el inversor: ¿Es buen momento para comprar acciones de Alba, Dinamia o Criteria?
Lo analizaremos en uno de los siguientes post.

¿Sigue acertando Warren Buffett?

Mucho se ha hablado y se sigue hablando de Warren Buffett, uno de los inversores más exitosos de las últimas décadas. Con su estilo de gestión conservador, centrado en elegir empresas y valores que valgan más de lo cuestan, ha logrado durante décadas obtener en sus inversiones rentabilidades que superaban con creces a los índices de referencia. Actualmente se le considera el hombre más rico del mundo, ya que ha desbancado a Bill Gates, que había ocupado esa posición durante los últimos 13 años.

Al ser uno de los inversores más famosos del planeta, cualquiera de sus opiniones es recogida en los medios de comunicación y considerada por muchos como un indicador del comportamiento futuro de los mercados. Si Buffett invierte en una compañía, en una materia prima o en renta fija de una determinada emisión, la mayoría considerará que es una buena oportunidad de inversión, que el mercado se estaba equivocando e infravalorando los activos que el experimentado inversor está adquiriendo.

Los resultados obtenidos son el mejor aval de su buen criterio a la hora de seleccionar inversiones. Sin embargo, en más de una ocasión se ha equivocado, por lo que nadie debería considerar sus opiniones como infalibles.

Si alguien confía en la gestión del sabio de Omaha, puede hacer que sus ahorros sean gestionados por el famoso millonario y aprovecharse así del buen criterio que ha demostrado durante décadas. ¿Cómo hacerlo? Muy sencillo: comprando acciones de su compañía, Berkshire Hathaway. Esta compañía cotiza en la Bolsa de Nueva York (NYSE) y tiene acciones de dos tipos, la serie A (BRKA), que cotiza a 130.250 dólares la acción y la serie B (BRKB), cuyo último cierre es de 4.341 dólares, bastante más asequible, pero sin por ello dejar de estar entre las acciones más caras de la bolsa americana. Su cotización es tan alta no sólo por lo mucho que ha subido desde sus comienzos, también porque nunca ha realizado un split. Una acción de la serie A equivale a 30 de la serie B. Estas últimas fueron emitidas con la idea de permitir participar al pequeño inversor en el capital de la compañía.

Warren Buffet es el CEO de Berkshire. A finales de 2005 poseía un 38% de sus acciones y, haciendo gala de una honestidad poco frecuente entre los grandes directivos, se paga un sueldo de 100.000 dólares al año por su cargo, uno de los más bajos entre los directivos de las grandes compañías. Como principal accionista, afirma que sus ingresos deben provenir de la revalorización bursátil de la compañía, y no de su salario por dirigirla. Lo contrario no sería justo para el resto de los accionistas (lástima que ese punto de vista esté tan poco extendido entre los directivos de las grandes compañías cotizadas).

Berkshire tiene su capital invertido en diferentes empresas, tanto cotizadas como no cotizadas (a veces adquiere una participación y a veces la compañía entera). El núcleo de su negocio son las compañías de seguros, aunque las empresas que posee pertenecen a los más diversos sectores.

Sin duda, la fama y los resultados dan a este inversor una merecida fama. Sin embargo ¿está acertando en los últimos años?¿Podemos pensar que en el futuro va a seguir obteniendo unos rendimientos sobresalientes?

El tamaño de la empresa es mucho mayor al que tenía hace décadas y, cuanto más capital se invierte, más complicado es obtener rendimientos importantes. Por otra parte, Buffet tiene 77 años, y podría estar ocurriendo que los éxitos pasados y la vertiginosa velocidad a la que evoluciona el mundo, le hagan perder acierto en su visión de las cosas. También está el problema de su sucesión al frente de la compañía. En algún momento, puede que dentro de poco, dada su avanzada edad, tendrá que retirarse, y tal vez quien lo reemplace no tenga tanto acierto.

Son cuestiones difíciles de aclarar y por las que, quien se decida a comprar acciones de Berkshire Hathaway, tal vez no debería esperar los rendimientos medios superiores al 20% anual que Buffett ha obtenido durante décadas . De hecho, durante los últimos 43 años, ha logrado una tasa anual acumulativa del 21,1%. Es una tasa más que respetable, porque, obteniendo ese rendimiento en ese periodo, 100 dólares se convierten en 376.000.

¿Sigue siendo sobresaliente la gestión de Buffet?

Para comprobarlo, podemos contrastar la evolución de Berkshire con la de algún índice bursátil que nos pueda servir como referencia.

Veremos como le ha ido en los últimos 10 años. Vamos a comparar la cotización de la compañía con el Dow Jones durante el mismo periodo. En el gráfico siguiente pude verse la evolución comparada entre el comienzo de 1997 y el 24 de marzo de 2008.



100 dólares invertidos en el Dow Jones durante ese periodo se hubieran transformado en 156, mientras que la misma cantidad invertida en Berkshire valdría hoy 282, es decir el beneficio obtenido hubiera sido de 182 dólares frente a 56, más del triple. Eso da una rentabilidad anualizada del 10,7% para Berkshire, frente a una del 4,46% para el Dow Jones.

Podemos concluir en que Buffet sigue siendo un gestor magnífico, y todo parece indicar que podemos seguir esperando para su compañía rentabilidades mejores al promedio aunque, dadas las perspectivas actuales y el gran tamaño del capital a invertir, no es probable que vayan a ser tan altas como lo han sido históricamente.

24 marzo, 2008

¿Es útil el análisis chartista?

La palabra chartismo viene del inglés chart, que significa gráfico.
Podríamos definir al chartismo como el arte de interpretar un gráfico. De la misma forma que los quirománticos ven el futuro de una persona en las líneas de su mano, así los chartistas tratan de ver el futuro de una cotización en su gráfico. Definiéndolo de forma un poco más académica, es la parte del análisis técnico que consiste en analizar el gráfico de un valor, tratando de encontrar unos patrones en las figuras que describe, que indiquen, con cierta probabilidad, como se va a comportar la cotización en el futuro.

Las figuras más famosas del análisis charlista son las siguientes:

Línea directriz alcista:

Es la línea que une los puntos mínimos de una tendencia alcista. Podemos ver una en el gráfico.



Esta línea indica que el valor está en tendencia alcista. El análisis técnico dice que será un buen momento para comprar cuando la cotización toque en la recta directriz. En ese punto, lo más probable es que rebote y continúe subiendo, aunque debemos vigilar la cotización tras la compra, ya que, si sigue bajando, comenzará una tendencia bajista, por lo que deberemos vender, para evitar incurrir en mayores pérdidas.

Hasta aquí llegan las explicaciones habituales de un manual de análisis técnico. Yendo un poco más allá, vamos a profundizar más en el tema.

En primer lugar, hay que hacer notar que, en la realidad, cuesta encontrar un gráfico que toque a la recta exactamente en varios puntos, tal y como lo hace éste. De hecho, he de reconocer que, tras revisar varias decenas de gráficos buscando uno adecuado, he optado por cambiar la escala a logarítmica, para lograr uno que tocara a la recta sin cortarla en varios puntos. Lo habitual, en una tendencia alcista, suele ser que no haya forma de trazar una recta que toque exactamente los mínimos de la serie. Vamos a ver varios ejemplos reales.


Aquí podemos ver como, tras tocar varias veces en la directriz, comienza una importante subida, superior al 100%, sin volver a tocar en la recta. El sufrido analista técnico que hubiera estado esperando al siguiente contacto con la recta para comprar, habría perdido una magnífica oportunidad de inversión.
Veamos otro ejemplo:



Podemos ver una tendencia alcista en la que no hay forma de unir los mínimos con una recta, ya que unos quedan por encima y otros por debajo.

Revisando cualquier conjunto de gráficos del mercado real podemos decir que tanto el segundo caso como el tercero abundan mucho más que el primer tipo, en el que la recta toca perfectamente en varios puntos.

Aparte de eso, hay un pequeño inconveniente a la hora de aplicar esta figura chartista: ¿cómo sabemos si el siguiente punto en el que la cotización toque la recta será uno más en la tendencia o será aquel que la rompa y comience a bajar a partir de ahí?

La conclusión más razonable es que no deberíamos tener mucho en cuenta esta figura para elegir el momento de entrar en el valor. Trazar rectas de este tipo nos orienta sobre si la cotización está en tendencia alcista o bajista, pero de ahí a poder determinar el mejor punto para comprar va un abismo.


Línea directriz bajista:
Es la recta que une los puntos máximos de una cotización que está en tendencia bajista. Cuando la cotización, en vez de rebotar, supere claramente la línea, comenzará una tendencia alcista.


Las conclusiones que extrajimos de la directriz alcista sirven para la bajista, así que nos olvidaremos de esta figura y pasaremos a la siguiente.

Soportes:
Los soportes son puntos en los que la cotización rebota una y otra vez cuando cae hasta ellos.




La línea roja marca un soporte en el gráfico.
De la misma forma en la que resulta difícil trazar una línea directriz, resulta difícil determinar soportes. En la mayoría de las tendencias de la mayoría de los valores, los puntos mínimos o máximos de la tendencia no forman ninguna recta. Lo mismo sucede casi siempre con los puntos mínimos de una cotización sin tendencia.

Resistencias.
Son puntos en los que la cotización rebota una y otra vez cuando sube hasta ellos. Es exactamente lo contrario de un soporte. Las conclusiones de las figuras anteriores sirven igualmente para ésta.

Los analistas técnicos dan diversas razones para justificar la existencia de estos soportes y resistencias, como que el mercado tiene memoria, que los soportes existen porque todos los que siguen un valor y no compraron en un mínimo, no dudarán en comprar cuando la cotización vuelva a alcanzar ese nivel, y una multitud de argumentos que se repiten en la mayoría de libros y cursos sobre análisis técnico y que no repetiré aquí.

Ninguna de las explicaciones parece ajustarse mucho a la forma en la que realmente se comportan los mercados, y, aunque las figuras aparezcan con cierta frecuencia en los gráficos, sólo en unas pocas ocasiones la cotización se comporta a continuación como predicen los manuales chartistas. Si en una parte de las ocasiones, tras la figura sucede lo que el análisis técnico dice que va a ocurrir y en otras sucede lo contrario, no es una guía muy útil para la toma de decisiones de inversión.

Aparte de estas figuras básicas que hemos visto, existen varias docenas más, como canales, dobles y triples techos y suelos, suelos y techos redondeados, diamantes, rectángulos, triángulos, triángulos invertidos, cuñas, banderines, estandartes, islotes, hombro-cabeza-hombro, líneas de Gann, líneas de velocidad, retrocesos porcentuales, pull-back y un largo etcétera. Cada uno de nosotros, si le echamos un poco de imaginación al mirar un puñado de gráficos, podríamos inventar varias figuras nuevas.

Hacer un estudio serio de cada una de estas figuras ocuparía un libro entero, pero, en general, de cada una de ellas podemos encontrar ejemplos en los que la predicción se ha cumplido y otros en los que no lo ha hecho. En todas las pruebas que hecho he llegado invariablemente a la conclusión de que, repitiendo la operación un número elevado de veces, no hay ninguna ventaja entre operar eligiendo un indicador chartista y hacerlo operando al azar.

Hay tantas figuras diferentes que, en casi cualquier gráfico, podremos designar a lo que la cotización está haciendo con alguna de ellas. Ante cualquier consulta, un analista técnico tendrá siempre una explicación en términos chartistas de lo que está ocurriendo. Dirá: “la cotización está próxima a una zona de resistencia” o “está en la parte baja de un canal alcista” o “ha formado un doble techo”, pero ninguna de esas afirmaciones significa nada concreto. La cotización de una acción no es un fenómeno astrológico ni científico. Cada orden de compra y venta afecta a la cotización, que es la suma de muchos millones de decisiones individuales. Si todos los que operaran fueran pequeños inversores, tal vez el mercado tendría pautas regulares, sin embargo la realidad no es así. Una buena parte del volumen que se negocia en el mercado no pertenece a la masa de pequeños inversores, sino a grandes gestores, que introducen órdenes por valor de muchos millones de euros. Cualquier operador del mercado que realice operaciones de mucha importancia se cuidará de que sus intenciones no sean predecibles, para evitar que otros participantes se aprovechen de ello y puedan obtener un beneficio seguro. Así, todo el que vaya a realizar una enorme operación en el mercado, seguirá pautas irregulares e impredecibles. En muchas ocasiones los grandes operadores manipulan los precios, manteniendo la cotización artificialmente baja para comprar una gran cantidad de acciones a precios ventajosos, o la elevan para deshacerse de una enorme participación a un buen precio. Estos operadores se cuidarán de no dejar rastro de sus intenciones.

Lo esperable, en el mercado actual, sería que la cotización a corto plazo siguiera un camino próximo a la aleatoriedad. En el largo plazo, por el contrario, la cotización seguirá un camino próximo al verdadero valor de la empresa.

Para muchos, la existencia de estas figuras ya es un síntoma de que la cotización no es aleatoria, sino que sigue unas pautas lógicas, e incluso predecibles. Hay una prueba curiosa, al alcance de cualquiera, que sorprenderá a todo el que haya sido, en alguna ocasión, seguidor del análisis chartista. La describo a continuación.

Cogiendo una hoja Excel, he construido 5 gráficos aleatorios. No he utilizado ninguna distribución normal de probabilidad para hacerlo, simplemente, con la función de aleatoriedad de Excel, he construido 5 series generando números aleatorios comprendidos entre -3 y +3, y he incrementado el valor anterior de la serie en el porcentaje aleatorio obtenido, construyendo así 5 series de 2500 números en las que cada valor es resultado de incrementar o reducir al anterior, de forma aleatoria, en una cantidad entre un -3% y un 3%. Con estas 5 series he construido 5 gráficos, y he tratado de localizar en ellos figuras chartistas. El resultado es sorprendente, ya que todos ellos muestran soportes, resistencias, canales, directrices, triángulos,… A continuación los muestro, con las figuras más comunes marcadas.







Seguro que si mostramos cualquiera de estos gráficos a un analista técnico sin decirle a que valor pertenece, no tardaría ni treinta segundos en hacernos una recomendación de compra o venta. Subirá o bien bajará, por lo que, en promedio, el analista acertará la mitad de las veces.

En resumen, el chartismo es una forma de análisis poco o nada contrastada estadísticamente por sus creadores y seguidores. Ningún indicio real apunta a que pueda predecirse el comportamiento futuro del precio de una acción estudiando su gráfico.

No parece muy razonable perder el tiempo con libros o cursos que basen su análisis es líneas de tendencia, soportes, resistencias y cosas parecidas. Tampoco lo es hacer caso a un analista que hable de las cotizaciones empleando esos términos. Si alguna vez se cree ver una figura charlista en un gráfico, la mejor medicina que puede aplicarse es construir unos cuantos gráficos aleatorios y comprobar como las figuras chartistas también aparecen en ellos, sin que eso signifique que puedan usarse para predecir el futuro.

¿Afecta la luna al comportamiento de los mercados?

En cierta ocasión, conocí a una chica, gran aficionada al Tarot, que aseguraba haber adivinado, haciendo uso de la famosa baraja, tantos acontecimientos futuros, que había llegado a convencerse de que tenía un don especial para la adivinación. Ante esa afirmación, mi enorme pragmatismo no pudo evitar proponer a la chica la realización de un sencillo experimento. Ella, cada noche, echando las cartas, debía predecir como se iba a comportar la Bolsa al día siguiente. Las respuestas posibles podían ser tres: “subirá”, “bajará” o “es dudoso”. La primera noche, las cartas predijeron una gran subida. Cuando, al día siguiente, el índice IBEX 35, que había abierto a la baja, comenzó a subir y cerró la sesión con una de las mayores subidas del último año, no pude evitar, durante unos instantes, visualizarme bajo una palmera, en una lujosa playa de Hawai, llamando desde mi teléfono móvil a la acertada adivina y, en función de lo que me dijese, dando importantes órdenes de compra o venta a través de mi ordenador portátil, con el mucho dinero que habría conseguido invirtiendo con tanto acierto. Continuamos con la prueba dos o tres semanas más y, por desgracia, en los días siguientes, los fallos superaron con creces a los aciertos y no me quedó ninguna duda de que el Tarot no servía para predecir el comportamiento de los mercados.

La astrología, a pesar de sus muchos y acérrimos seguidores, debido a tremenda lejanía de los astros que la rigen, parece que nunca llegará a incluirse en la lista de asignaturas de ninguna carrera científica. La diferente interpretación de cada astrólogo, a la hora de predecir el futuro mirando los astros, hace poco menos que imposible cualquier estudio serio sobre su validez.
Pero, ¿qué pasa con la luna? Pocos se atreven a negar su influencia en el comportamiento de las personas. Nadie sabe explicar con precisión el motivo, pero se afirma que la fase lunar afecta al comportamiento de los enfermos mentales, a la cantidad de suicidios, al número de nacimientos que se adelantan sobre la fecha prevista, al rendimiento sexual de algunas personas,...

Hay algunos estudios que afirman su influencia en el comportamiento de la Bolsa y los mercados financieros. Pero, ¿Se da realmente esta relación? ¿En que medida?¿Puede aprovecharse esta influencia para obtener un beneficio seguro? Un pequeño estudio nos dará la respuesta a estos interrogantes.

Un ciclo lunar dura 29,53 días. Se divide en cuatro fases: nueva, creciente, llena y menguante. Para estudiar la relación entre estas fases y el comportamiento de los mercados, podemos considerar que cada fase dura un cuarto del total, es decir 7,38 días, y que justo en el centro de cada uno de esos periodos es cuando el calendario marca la fase exacta.

Realizando los cálculos para el índice Ibex 35, el más popular de la bolsa española, el resultado es bastante sorprendente. Desde principios de 1991 hasta finales de noviembre de 2007, la suma de las variaciones diarias del índice ha sido de un 228%. Lo lógico sería que esa subida se repartiera, a lo largo de los 17 años, más o menos a partes iguales entre las cuatro fases. Sin embargo, en luna llena, sólo ha subido un 21%, mientras que en cuarto menguante lo ha hecho un 28%, en cuarto creciente casi un 74% y, en luna nueva, nada más y nada menos que un 106%. Es decir, la probabilidad de que la bolsa suba en luna nueva es cinco veces mayor de que lo haga en luna llena. ¿Sorprendente, verdad?



Pero, ¿este resultado se repite en otros mercados? Para comprobarlo, podemos repetir el cálculo con un mercado situado a la otra parte del mundo: el japonés. A los laboriosos habitantes de aquel país ¿les llegan las mismas influencias lunares que condicionan nuestro ibérico comportamiento?

El resultado no es menos sorprendente: una subida de casi el 35% durante la luna nueva, frente a una bajada del 86% en luna llena. Parece que el sushi no protege de los influjos lunares más que nuestra tortilla de patata.



¿Siempre ha sucedido lo mismo, o será sólo un efecto de los últimos años. Aprovechando que, gracias al ordenador, no tenemos que realizar ni una sola cuenta a mano, vamos a ir un poco más allá en nuestras investigaciones, realizando el cálculo para todo un siglo, desde comienzos de 1901 hasta finales del año 2000, esta vez con el índice más famoso del mundo, el Dow Jones Industrial.

Aunque, para todo ese periodo, las diferencias parecen menos acusadas, la probabilidad de subida en luna nueva sigue siendo más del doble que en luna llena.



¿Afecta la luna a otros mercados financieros?

La relación entre la fase lunar y el comportamiento de las bolsas mundiales es más que apreciable. Pero, ¿qué ocurre con otros mercados? Vamos a verlo en algunos ejemplos.



En los mercados de divisas, parece que la relación se mantiene. El euro, tanto respecto al dólar como respecto al yen, tiende a apreciarse en las fases de luna nueva y creciente, y a devaluarse en las otras dos.


En los mercados de renta fija, los bonos también parecen apreciarse más cuando la luna está nueva que llena, aunque, cuando más suben es en cuarto menguante. Podría explicarse teniendo en cuenta que mucho del capital que se retira de las bolsas se invierte en renta fija. Eso podría hacer que el dinero que ha salido con las ventas que han provocado las bajadas de la luna llena, se invierta en bonos durante el cuarto menguante, haciendo subir su precio.


En el caso del petróleo, la luna llena también hace que los precios disminuyan, mientras que las subidas tienden a concentrarse en el cuarto creciente.


Los datos no dejan ninguna duda: la luna influye, y bastante, en el comportamiento de las bolsas mundiales. Después de ver estos resultados, podemos afirmar que, si vamos a invertir en bolsa, lo mejor será hacerlo al final del cuarto menguante, y, si vamos a vender nuestras acciones, el mejor momento será al final del cuarto creciente. La bolsa, a corto plazo, es bastante impredecible, y, obrando así, algunas veces nos equivocaremos, pero, a largo plazo, veremos recompensada nuestra mirada al firmamento con un rendimiento algo mayor.

Los más avispados tal vez estén pensando que podríamos olvidarnos de todo lo demás y operar únicamente siguiendo el ciclo lunar, es decir, comprar cada mes al final del cuarto menguante y vender al final del creciente. Incluso, los que tengan experiencia invirtiendo y conozcan los derivados, pensarán que, operando con futuros, podría ganarse una buena suma al operar de esta forma, ya que sólo estaríamos dentro del mercado la mitad del tiempo, manteniéndonos fuera en la otra mitad, que resulta ser la más turbulenta y la menos rentable. En parte es así, aunque sólo en parte. El resultado final va a depender en buena medida de las comisiones de compra y venta que paguemos a nuestro intermediario. Si no somos cuidadosos en este aspecto, será el broker quien gane todo el beneficio y nosotros no hagamos más que perder el tiempo. También hay que tener en cuenta que las formas de operar basadas en estadísticas nunca son exactas. Puede suceder que el mercado se comporte de forma contraria a como esperamos durante una buena temporada de tiempo, incluso durante bastantes años, por lo que nunca es recomendable lanzarse a los ruedos financieros únicamente con un estudio estadístico bajo el brazo, porque podríamos sufrir más de una cornada. Sin embargo, tener en cuenta el estado de la luna, puede ser un apoyo para la toma de decisiones de inversión basadas en otros argumentos más terrícolas.

La conclusión de este pequeño estudio podría parecer carente de lógica, incluso esotérica, pero puede tener una explicación muy relacionada con la psicología humana. La luna llena altera, de alguna forma, el comportamiento de las personas, haciéndolo más activo, especialmente durante la noche. Ese incremento de actividad hace más difícil conciliar el sueño, y, si dormimos menos de lo necesario, al día siguiente tendemos a estar cansados, irritables, distraídos, y eso hace que rindamos poco en el trabajo, que procuremos retrasar todo lo que no sea urgente y que tengamos una visión más pesimista de todo. La bolsa y los mercados financieros no tienen vida propia, simplemente son el reflejo de decisiones tomadas por los seres humanos. Y, un conjunto de seres humanos más fatigado y pesimista, comprará de peor gana que uno bien descansado y repleto de energía, haciendo que la Bolsa, en promedio, tienda a subir más en unos periodos que en otros.