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03 diciembre, 2008

Ideas para superar la crisis – 2

Antes de continuar, quiero agradecer los comentarios al artículo anterior, y aclarar algunas cuestiones sobre lo que proponía, que no se si he sido capaz de explicar bien.

Lo relevante de la cuestión no es salvar a los hipotecados, ni a las inmobiliarias, ni a los banqueros, sino salvar al sistema financiero. Los bancos españoles deben cientos de miles de millones de euros a la banca extranjera, por los fuertes créditos que han obtenido en el mercado interbancario, en su mayor parte para conceder hipotecas en España. No fue un capricho de los bancos, ellos simplemente financiaron las necesidades de unos ciudadanos ansiosos por comprar una casa. Nadie forzó al ciudadano a comprar nada, y los bancos sólo cumplieron una labor que, si la banca hubiese sido pública, probablemente habría cumplido igualmente. La mayor parte de esas hipotecas se han invertido en viviendas compradas a precios altos. Si los precios bajan y nadie compra viviendas, a medida que el paro suba, muchos hipotecados no podrán pagar sus letras mensuales. La mayoría no van a poder vender su piso, porque actualmente casi nadie compra, y cada vez va a haber más viviendas en venta. Entonces sus pisos serán embargados. Y los bancos malamente podrán vender esas casas, así que tendrán difícil conseguir fondos para ir devolviendo el dinero que han tomado prestado en el interbancario. Entonces podrían empezar a quebrar. Cada quiebra provocarían otras y el sistema financiero podría quedar colapsado, sufrir fuertes pérdidas, tener que ser nacionalizado y al final terminaríamos pagando entre todos (accionistas, ahorradores, contribuyentes, hipotecados) el hecho de que se haya pedido al extranjero tanto dinero para comprar viviendas al doble del precio que valen realmente.
Al menos yo, pienso que mejor que ver como el sistema quiebra, lo que hay que hacer es tratar de evitarlo. Y puede evitarse tomando medidas para que el precio de la vivienda no se hunda, y para que todo el que quiera vender su vivienda pueda hacerlo, (no necesariamente al precio máximo, descuentos de un 10 o hasta un 15% serían asumibles sin poner en peligro el sistema). Y, para conseguirlo, no se me ocurre otra forma que tratar de restringir la oferta y fomentar la demanda. Las medidas que sugerían no costarían mucho dinero al Estado y podrían ponerse en práctica de forma inmediata.
No es una cuestión de compasión hacia nadie. Es cierto que algunos saldrían beneficiados con las medidas, pero en realidad nos beneficia a todos, porque una quiebra en cadena de los bancos y las cajas de ahorros españoles, aparte de dejar al país sumido en una recesión que podría durar muchos años, nos terminará por salpicar de una forma u otra a casi todos. La simple posibilidad de que eso ocurra debería ponernos los pelos de punta, y la solución para evitarlo no es complicada, simplemente hay que mantener el precio y fomentar la demanda mientras pasa la tormenta, evitando, eso sí que se construya nada más de lo que hay construido. Por supuesto, todas las medidas serían temporales, en cuanto la crisis pase, habría que tomar medidas drásticas para que nadie vuelva a especular con algo tan vital como es la vivienda. En su momento no se hizo (hubiera resultado fácil) y ahora ya no es tiempo de prevenir, sino de curar, y, si para curar hay que aplicar una medicina un tanto amarga, mejor eso que dejar morir al paciente.

El sistema financiero (no el español, sino el mundial) puede hundirse en cuestión de meses, como parecen haber puesto de manifiesto los hechos de los últimos meses. Lo que está ocurriendo es similar un incendio, que puede terminar quemando buena parte del capital que existe en el mundo. Mientras no se apague el incendio, no tiene sentido comenzar a reconstruir nada.
Los países han optado por inyectar dinero público en el sistema financiero. Si el problema se resuelve pronto, no habrá sido nada malo, porque los bancos centrales están comprando, con el dinero que aportan, activos financieros con descuento y participaciones en el capital de los bancos. Si todo se recupera deprisa, los estados incluso ganarán dinero con esas inyecciones de liquidez que han realizado. Pero, como no cese de bajar el valor de los activos (lo que es bastante probable, sobre todo si entramos en una recesión importante), las cantidades a inyectar tendrán que ser cada vez mayores, y habrá que terminar nacionalizando la banca.
La alternativa a inyectar dinero público en los bancos (como se está haciendo) es tratar de mantener el valor de los activos que poseen los bancos en cartera. Y, como muchos de esos activos tienen garantía hipotecaria, cualquier medida que ayude a mantener el precio de la vivienda (durante una temporada, hasta que la tormenta pase), ayudará a detener la sangría.


Por detrás de la crisis financiera viene la crisis de la economía real, que se produce de forma más lenta, pero costará mucho más salir de ella y tendrá repercusiones más profundas en la vida de los ciudadanos.

En el momento actual, la economía se está frenando por cuatro motivos:

1.- Al no comenzarse nuevas viviendas, muchos trabajadores de la construcción están quedándose sin trabajo.
2.- Como el crédito está muy restringido, hay menos dinero para consumir y para realizar inversiones, por lo que la demanda de bienes y servicios es menor de lo que sería en condiciones de mercado.
3.- La confianza de los ciudadanos está muy debilitada, porque llevan muchos meses oyendo a diario noticias negativas en los medios de comunicación, y eso ha restringido el consumo.
4.- La falta de demanda debido a los tres puntos anteriores está haciendo que las empresas vendan menos productos y despidan a muchos de sus empleados (el caso más representativo es el del sector del automóvil). Este punto se alimenta a sí mismo, y puede ir agrandando el problema cada vez más.

De momento, apenas ha habido tiempo de que los nuevos parados restrinjan su consumo. El paro ha empezado a aumentar de forma importante este verano, y aún han pasado muy pocos meses. Muchos de los despedidos habrán cobrado liquidación y estarán cobrando prestaciones por desempleo, así que de momento sus economías familiares no han tenido tiempo de deteriorarse demasiado. Si no consiguen encontrar trabajo, las cosas se pondrán peor, porque las prestaciones por desempleo se agotarán, y el dinero cobrado en la liquidación y los ahorros también. La situación, para los nuevos parados que no encuentren un nuevo empleo, irá empeorando a lo largo de los meses y, si no aparecen nuevas fuentes de empleo, hacia finales del año que viene será cuando comenzarán las ventas masivas de pisos, cuando abundará la gente dispuesta a trabajar por menores salarios y cuando se notará en la calle de verdad que estamos en crisis.
La restricción del crédito tiene un efecto más rápido y ya ha tenido tiempo de afectar a la demanda, ya que su efecto es prácticamente inmediato.
La falta de confianza de los consumidores también ha pesado (puede que incluso más que la restricción del crédito) en la fuerte caída del PIB que hemos visto en los dos últimos trimestres. Probablemente, nunca una crisis había ocupado tanto espacio en los medios de comunicación. Llevamos más de un año oyendo una y otra vez que estamos en crisis, que se acerca otra Gran Depresión, que el capitalismo tal vez se hundirá, así que es normal que la gente mire más el dinero que gasta, incluso muchas personas que probablemente no vayan a verse afectadas en absoluto.
Si la demanda se contrae, podría entrar en un círculo vicioso: cuanto más sube el paro, menos consume la gente y cuanto menos consume la gente, más paro se produce. Eso irá disminuyendo la recaudación pública y aumentando los gastos del Estado, así que, podríamos decir, que, evitar una gran recesión, es una lucha contra-reloj. Las cuentas públicas de nuestro país están saneadas, ya que los ingresos vía impuestos han sido muy importantes en los años anteriores. Pero, si no se toman medidas contundentes, ahora que se puede, cada vez será más difícil, porque los ingresos públicos van a disminuir mes a mes, y los gastos no van a dejar de aumentar, al tener que subvencionar cada vez a más sectores en crisis, al inyectar dinero al sistema financiero, al pagar cada vez más prestaciones por desempleo… Y, cada vez, la capacidad de reacción va a ser menor.

Es conveniente atacar el problema deprisa. Esto es como un fuego. Podemos quedarnos de brazos cruzados y ver como se queman todos los árboles del bosque, pensando que cuando se acabe la madera o cuando venga la lluvia el incendio se apagará sólo, o bien podemos ponernos manos a la obra, sabiendo que cada minuto cuenta y que, del acierto o desacierto de las decisiones tomadas, dependerá la cantidad de hectáreas que terminarán por quemarse.
Es evidente que es el gobierno quien debe actuar para resolver los problemas, porque el resto de las organizaciones no tienen capacidad para legislar, ni para tomar medidas que puedan resolver algo.
Ayudaría que todos fuésemos consecuentes con nuestras circunstancias personales y, aquél a quien la crisis no vaya a afectarle, no disminuya su consumo, porque, si todos nos volvemos desconfiados y no gastamos, el problema va a ser mucho más grave y no habrá sector que se salve de sufrir fuertes recortes en los beneficios y el empleo.

De los cuatro puntos que hemos visto, sobre el que no se puede hacer nada es sobre la pérdida de empleos en el sector de la construcción. Se han construido casas para satisfacer la demanda de los próximos ocho o diez años, así que no quedará otro remedio que estar unos años sin construir.

El segundo de los puntos, la restricción del crédito, es fundamental, y hay que tratar de corregirlo a costa de lo que sea. Los gobiernos de Estados Unidos y la UE han reaccionado bien, dando confianza al sistema y fomentando la liquidez, pero el mercado interbancario no recupera su actividad y, como siga deteriorándose el valor de los activos, seguiremos viendo cada vez más entidades con problemas y, con cada nuevo susto, irá siendo más complicado frenar el proceso.
Hay un detalle que resulta muy preocupante, y es la falta de recursos del FMI para rescatar a países en crisis. Cuando se agoten por completo sus recursos y los países comiencen a quebrar, habrá bancos que se verán salpicados, al haber concedido préstamos a estos países, y eso agravará la situación.
Sostener el precio de la vivienda hasta que pase la tormenta podría ser la diferencia entre que el sistema financiero se mantenga en pie o se tambalee de forma seria, y se vea condenado a una nacionalización, o haya que dejar quebrar a algunos de los grandes bancos comerciales, provocando que los accionistas pierdan todo su dinero, los clientes todo lo que exceda de la cantidad cubierta por los fondos de garantía y, lo más grave, los tenedores de bonos emitidos por la entidad, buena parte de su dinero. Muchos de estos bonos, que contaban con la máxima calificación, y están en manos de fondos de inversión y de pensiones, así que, aunque buena parte del dinero depositado por los ahorradores en la entidad se recuperaría, muchos verían caer considerablemente el valor de su fondo de pensiones o de sus fondos de renta fija. Además, la quiebra de alguno de los grandes arrastraría a otros bancos medianos y pequeños, y sería una catástrofe para muchos.
Sobre el tercer punto, la confianza de los consumidores, parece difícil que se recupere mientras no dejen de aparecer malas noticias con tanta frecuencia. Tal vez sería interesante que los políticos se reuniesen con los directivos de los principales medios de comunicación y se hiciera un pacto, para procurar evitar en lo posible el tono alarmista de los hechos que ocurren. Está bien informar al ciudadano, pero las opiniones catastróficas, exagerar los hechos, centrarse sólo en lo negativo, incrementa la audiencia, pero no sienta nada bien a la economía.
Así que nos queda el cuarto punto, que es la caída general de la demanda. Si la demanda se recupera pronto, la crisis será corta. Hay que comenzar a crear puestos de trabajo que compensen la destrucción que se está produciendo actualmente. Y hay que hacerlo deprisa, porque si no, las cuentas públicas van a verse cada vez más deterioradas y la capacidad de reacción del gobierno será cada vez menor.
El dinero público no es ilimitado, así que, si se quiere resolver la situación, habrá que evitar los derroches y lograr que cada euro gastado se emplee de forma adecuada para lograr que la economía se reactive.
Es muy acertado aumentar el gasto público en este momento, pero hay muchas formas de emplear ese dinero. Si, tenemos 11.000 millones de euros para gastar y los empleamos, por ejemplo, en contratar a empleados públicos, y cada uno, entre sueldo, retenciones y seguridad social, nos cuesta, por ejemplo, 25.000 euros al año, podremos reducir el paro en 440.000 personas durante un año. El Estado recuperará parte de ese dinero, porque las cotizaciones a la Seguridad Social volverán a las arcas públicas, esos empleados pagarán en el IRPF y, además, gastarán su sueldo en productos que contribuirán a reactivar la economía. Pero, ¿es ese un gasto inteligente del dinero? ¿Nos salvará eso de la recesión que parece avecinarse?
También se podría destinar el dinero a subvencionar industrias en crisis, para que mantengan a sus empleados en plantilla. Evitaríamos que el paro aumente en ciertos sectores pero sólo de momento. En cuanto las subvenciones se terminen, todos perderán el empleo igualmente, y el dinero se habrá malgastado.
El gobierno debería tener claro que el dinero público que se va a gastar para reactivar la economía debe ir destinado a realizar inversiones que sean productivas y a potenciar sectores con futuro, que puedan reemplazar a la construcción como fuente de trabajo, pero que sean competitivos y no vayan a depender del dinero público para seguir existiendo en el futuro.
Si el dinero no se gasta con cuidado, sólo va a ser un parche temporal, que mejorará el PIB durante un año y, cuando se acabe, tendremos todos los problemas que ahora y uno añadido: el país estará más endeudado.
En resumen, la clave para salir de esta crisis bien parados es invertir en infraestructuras y en potenciar sectores rentables que puedan mejorar el PIB no sólo en el presente (eso lo consigue cualquier gasto público) sino también en el futuro. Así, cada euro gastado ahora, incrementará en muchos euros el PIB de los próximos años.

En los siguientes artículos iré contando una serie de ideas que tengo al respecto, sobre como podría emplearse adecuadamente ese dinero y que medidas podrían tomarse para mejorar la economía española y terminar con su dependencia del ladrillo.
En absoluto me creo un visionario, ni me siento en posesión de unas ideas mejores que las del resto, pero insisto, tal y como están las cosas, todos deberíamos tratar de aportar nuestro granito de arena para que las cosas puedan ir mejor.

5 opiniones:

Blogger Nacho dijo...

Olvidas un punto básico para estas soluciones. El sistema falla por no poder atender los créditos concedidos y estos créditos no se atienden porque en su mayor parte exceden la capacidad de endeudamiento de los prestatarios, si la vivienda no baja, muy poca gente podrá acceder al mercado pues sería ilógico seguir concediendo hipotecas a quien no las puede bajar con el único precepto “la vivienda nunca baja” que te permite quitártela de encima con beneficio si no puedes pagar, ¿quién comprará entonces a los precios actuales sino obtiene crédito y sabe que paga más de lo que vale?
El sistema ha fracasado por que las premisas no eran sólidas y no puede intentar sostenerse sin cambiar esas premisas, el daños ya está hecho, ahora hay que salir evitando en lo posible los errores del pasado, no podemos seguir dando de beber al alcohólico como solución.

4 de diciembre de 2008 13:10  
Blogger Daniel dijo...

Hola,
En cuanto al precio de la vivienda, estoy de acuerdo que no es nada bueno que se desplome pues empobrece a las familias, a inversores, a bancos, etc, pero si veo necesario un ajuste, en torno al 15% (como máximo el 20%) para reactivar la venta.
Aparte del ajuste de los precios, no se va a reactivar la venta mientras no haya confianza, y no la va a haber mientras siga subiendo el paro de esta manera. Se debería reducir el impuesto de sociedades a las empresas que mantengan sus plantillas, al menos durante unos años, para frenar el paro, y más cosas, algunas impopulares...
Una exención parcial del IVA en vivienda nueva tampoco estaría mal, siempre que no se aproveche para encarecer la oferta.
Si el paro sigue disparándose podemos olvidarnos de contener el precio de la vivienda, y no sería raro que bajara en torno a un 40%.

4 de diciembre de 2008 18:29  
Blogger Nacho dijo...

Daniel, si se aplican medidas de ese estilo, ¿de donde saldrá el dinero para ellas?, ¿subimos el IRPF?.

4 de diciembre de 2008 18:33  
Blogger alberto dijo...

Nadie obligó tampoco a los bancos a prestar (invertir) ese dinero. Es más, los bancos, a diferencia de los consumidores si tienen equipos de análisis e información suficiente para poder haber parado la locura crediticia.
El problema es que todos querían su trozo de la tarta, y al final les estalló en la cara. Digo les estalló y más bien debería decir “Nos” estalló en la cara, porque estamos todos de m…. hasta el cuello.
En cualquier sector de la economía, si inviertes bien ganas y si inviertes mal, pierdes. En todos, menos en la banca: si inviertes (prestas) mal, ya viene el estado a salvarte el pellejo, porque con el nivel de garantías que se aportan para los préstamos hipotecarios, el drama social es que para que el banco pierda, primero le arruina la vida al prestatario (que estará embargado de por vida), y claro, con tanto pillado, papá estado interviene para evitarlo.
No obstante, así es la vida, y al que no le guste ajo y agua

Eso sí: ES UNA PUÑETERA VERGÜENZA que cuando el estado enchufa pasta a los bancos no exija que:
a) Ese dinero revierta en prestamos para la economia productiva (PYMEs y grandes empresas están asfixiadas por los bancos)
b) Ese dinero sirva para aliviar la deuda de las familias (via refinanciaciones / carencias / quitas o lo que en cada caso sea necesario)
c) Ambas cosas…..y se audite a la pela y con total transparencia

Mi receta para resolver la crisis: atacar la raiz del problema en vez de parchear

1. Asegurar los depósitos de los particulares (es como de broma que si el banco quiebra se apropie del dinero depositado…)… quien pierde son los accionistas, bonistas etc, que esos si que han invertido
2. Una vez hecho esto: auditoria a fondo (due dilligence de 1 mes en paralelo a todas las entidades financieras), crujida a los bancos que haya que crujir y a la quiebra los que tengan que quebrar. Los que queden habrán pasado la prueba del algodón y estarán limpios
3. Los que no quiebren están sanos: se acabo la crisis de confianza. El interbancario vuelve a funcionar y la liquidez vuelve a los mercados

…igual pensáis que estoy loco, pero llevamos meses de parchear, sujetar, y aguantar hasta reventar y las cosas no mejoran: es más, se ponen cada vez peor y la recesión cada vez parece que va a ser más larga
Lo de sujetar el valor de los activos (sean viviendas, prestamos, bonos o acciones) es una ficcion y no vale para nada…para nada más que joder la economía ahora e hipotecar el futuro

(vaya tocho que me ha salido!!!, perdonar la extension)

4 de diciembre de 2008 23:10  
Blogger Daniel dijo...

Nacho: Si reducimos el impuesto de sociedades a empresas que mantengan las plantillas, por un lado vamos a tener a trabajadores cotizando y por otro el estado se va a ahorrar las prestaciones que tendría que darles si se quedan en paro.
Esas reducciones de impuesto también se deberian aplicar a empresas que contraten a parados, etc.
Si se aplicara una exención parcial de IVA a la vivienda nueva puede reactivar en alguna medida la venta sin que el precio se desplome, generando ingresos al estado por la parte no exenta,
mayores que si no se vende nada.

Aparte de que el estado debería entrar en un déficit algo más ambicioso que el que se propone, hablo de medidas impopulares que no he querido detallar en el post, pero que deberían haber tomado ya, y si no se han tomado ha sido porque la crisis ha llegado en un periodo electoral y se ha prometido lo que no se tenía.
Esas medidas pueden ser la congelación de salarios a funcionarios y de prestaciones sociales.
Tampoco creo que ayude el hecho de que se haya prometido un Salario Mínimo de 800 Euros en 3 años, pues algunas empresas acabarán contratando personal por menos horas de las trabajadas, por lo que puede bajar la cotización.
Se me ocurren algunas otras medidas pero tampoco me quiero extender demasiado...

Saludos

5 de diciembre de 2008 13:12  

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