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30 noviembre, 2008

¿Se acerca el fin del capitalismo?

En este momento, pocos dudan de que la actual crisis va a tener serias repercusiones en la economía real. Algunos afirman que esas repercusiones serán más que importantes, otros se atreven a sugerir que será el fin del capitalismo.
Puede que se acerque el final de buena parte de lo que conocemos. Yo no creo que eso vaya a suceder. Aunque los hechos que han ocurrido hasta ahora fueran desencadenando otros, cada vez más graves, y viéramos como el sistema se va derrumbando trozo a trozo, no debemos olvidar que el futuro no está escrito, porque el hombre tiene capacidad de modificar su conducta, de tener nuevas e ingeniosas ideas que solucionen sus problemas y, en el mundo actual, tan evolucionado, tan interconectado entre sí, si las cosas se ponen muy feas, no dejarán de aparecer nuevos líderes políticos y empresariales que sabrán enderezar el rumbo de la situación, por desesperada que ésta sea. Al menos eso espero, y creerlo me ayuda a mantener el optimismo.

Pero, ¿es posible que el sistema se hunda en esta crisis? Vamos a tratar de imaginar un escenario en el que eso pudiera ocurrir, y como sería el proceso de hundimiento.
La cadena de sucesos, como el post anterior, irá numerada por etapas.

1.- Los países desarrollados han aprobado un paquete de gastos para reactivar la economía. Para hacerlo, pretenden destinar una cantidad equivalente a un 1 o un 1,5% del PIB. No es demasiado, cuando, ante los primeros coletazos de la recesión, el crecimiento de la economía ha caído más de dos puntos. Y esto no ha hecho más que empezar. ¿Cuánto podría caer el año que viene? Con unos consumidores amedrentados por las malas noticias y el paro subiendo de forma alarmante mes a mes, esa cantidad que pretenden destinar parece bastante pequeña para frenar lo que se acerca.
2.- Los impuestos recaudados van a descender en una cantidad muy importante. El IRPF dará menos ingresos, porque hay menos gente trabajando. La Seguridad Social recaudará menos, al haber menos ocupados. El impuesto sobre transmisiones patrimoniales, por la compraventa de viviendas, va a dejar de recaudar una buena parte de lo que ha recaudado en los años anteriores. El IVA se verá bastante afectado y el Impuesto de Sociedades también. Los gastos públicos van a aumentar considerablemente, al tener que pagar prestaciones o subsidios de desempleo a muchos trabajadores. También habrá abundantes prejubilaciones, debidas a EREs, que empeorarán las cuentas de la Seguridad Social.
3.- Debido a la menor recaudación de impuestos, los países van a ver su déficit público aumentar notablemente. Muchos no tardarán en superar el 5%, algunos incluso llegarán al 10% si esto se agrava, y eso hará que tengan que moderar el gasto. Las medidas de aumento del gasto público que se han decidido hasta ahora, si no se ponen en marcha pronto, es posible que nunca lleguen a producirse. Con la disminución en la recaudación, los gobiernos no van a saber de donde recortar el exagerado gasto que han estado realizando en los años de bonanza, así que confiar en que un aumento del gasto público vaya a salvarnos de la recesión es, cuando menos, cuestionable.
4.- El Fondo Monetario Internacional dispone de unos 200.000 millones de dólares para rescatar a países con sistemas financieros en crisis. Esto no ha hecho más que comenzar y ya se han gastado una buena parte de ese dinero en rescatar a los más endeudados. En cuanto haya algún país más con problemas, el dinero se agotará por completo, y las grandes economías van a estar tan ocupadas salvando a sus propios sistemas financieros que no tendrán mucho dinero para rescatar a las naciones con más problemas. Cada país que se declare en bancarrota provocará que su moneda y el precio de su deuda pública se deprecien mucho. Esto afectará a muchos fondos de inversión que tengan dinero invertido en bonos de los países con problemas, pero, a quien más afectará, será a los grandes bancos internacionales que hayan prestado cantidades importantes de dinero a estos países. Cuando los sistemas financieros de ciertos estados comiencen a quebrar y el FMI no pueda hacer nada, habrá una nueva oleada de grandes bancos con problemas. Estados Unidos y la UE tendrán que intervenir de nuevo, rescatando a las entidades financieras con problemas (si no lo hacen, cada gigante que vaya cayendo arrastrará a otros, colapsando el sistema, así que no quedará otro remedio que hacer lo que se pueda para mantenerlos a flote). Hay muchos fondos de inversión y de pensiones que tienen su patrimonio invertido en bonos emitidos por los grandes bancos, y muchos fondos garantizados que tienen sus garantías emitidas por estos bancos, así que, una quiebra grande, puede dejar a muchos ahorradores sin buena parte de su dinero (mucho ojo con los fondos de renta fija, que podrían dar más de un susto). Los bancos de la zona Euro y los norteamericanos serán, probablemente, rescatados o nacionalizados. Difícil lo van a tener los bancos de Suiza. Como alguno de los enormes bancos se vea en serias dificultades, el pequeño país alpino puede quedarse sin recursos para rescatarlo, y, si alguno llegara a quebrar, el daño para el sistema financiero internacional sería considerable. Yo, por si acaso, no tendría en este momento dinero en ninguno de los bancos suizos, ni tendría mi dinero en francos suizos. Lo que en otros momentos puede ser un buen refugio, tal vez llegue a convertirse en una trampa mortal.
5.- Cuando los países endeudados empiecen a quebrar, se producirá un efecto contagio, porque el capital internacional irá huyendo de todas las naciones con riesgo de caer en la misma situación. Esa retirada de capital irá haciendo quebrar a otros países, provocando más desconfianza y haciendo que el capital se vaya retirando de otras naciones poco solventes. Muchos países en vías de desarrollo van a ver como su moneda se hunde y como el crédito internacional les es restringido. Eso provocará desabastecimiento, hambre, revueltas populares, caída de gobiernos, guerras civiles… En definitiva, muchos países emergentes van a dejar de emerger, para quedar sumidos en la situación de miseria en la que se encontraban hace décadas, incluso en condiciones peores muchos de ellos.
6.- La crisis ha comenzado afectando al sector inmobiliario y a la automoción. El primero va a detener su actividad casi por completo (aún quedan muchas obras en proceso de ejecución, así que el problema no ha salido a la luz por completo) y el segundo, ya maduro y con dificultades antes de que esto empezara, va a necesitar importantes ayudas públicas para mantenerse a flote. Si la demanda de vehículos sigue tan baja (un coche nuevo es un gasto prescindible para la mayoría de nosotros, porque podemos aprovechar el antiguo mucho más de lo que lo hemos hecho en los últimos años), cientos de miles de empleados van a perder sus puestos de trabajo en un futuro no muy lejano
7.- La construcción y la industria del automóvil van a arrastrar a otras muchas industrias, en las que habrá fuertes reducciones de personal y más de una quiebra. Cada concurso de acreedores declarado por una empresa importante arrastrará a muchos de sus proveedores (las empresas grandes pagan a varios meses, así que todos los proveedores importantes tienen, en cualquier momento, cantidades relevantes pendientes de cobro). Muchos de esos proveedores también tendrán que cerrar sus puertas. El paro generado provocará una menor demanda de productos, nuevos cierres de empresas y más paro.
8.- Especialmente importante es la cuestión del precio de la vivienda. Ha subido mucho en los últimos años, produciéndose una desviación importante entre lo que cuesta construir un piso y el precio por el que se han estado vendiendo. Ya vimos en el post anterior como la demanda ha sido excesiva por diversos motivos, provocando subidas de precios mayores a las que deberían haberse producido. Cuando muchos de los que ahora tienen dificultades para llegar a fin de mes pierdan su trabajo, una parte querrán vender su piso para pagar las deudas. Ese aumento en la oferta, unido a que muchas inmobiliarias necesitadas de liquidez o en proceso de liquidación querrán vender sus pisos, y a las ventas que tratarán de hacer los bancos de las propiedades embargadas, hará que el mercado se sature. Ya hay muchas viviendas vacías, y la crisis hará que más gente comparta piso, vuelva a vivir con sus padres o regrese a su país de origen. Con esa enorme cantidad de casas vacías y muchos vendedores necesitados de dinero, parece difícil que el precio de la vivienda no baje. Además, cualquiera que haya analizado con un poco de detalle el curso de una obra, debería tener claro que la edificación es uno de los procesos productivos menos avanzados del mundo actual. En los próximos años aparecerán nuevos materiales, máquinas que hagan buena parte del trabajo que ahora hacen los operarios y los costes de producción se van a reducir notablemente, como ha pasado en otras industrias. Si el coste de construcción baja, y el precio de los pisos ahora debe ser de unas tres veces lo que cuesta su construcción, vemos que existe una diferencia notable entre valor y precio que, además, no va a tender a disminuir sino a aumentar en el futuro. Esa diferencia es lo que ahora se considera como el coste del suelo, pero ese coste tiene un fuerte componente especulativo, y tendrá que bajar, como lo hacen todos los precios hinchados por la especulación. Cuando el precio iguale al valor (lo que es muy probable que ocurra, y no tardando demasiado), el precio de los pisos podría perfectamente estar un 40% por debajo del que alcanzó durante el boom. En algunas zonas incluso la bajada será mayor.
9.- Esa bajada de precios dejará a muchos propietarios con unas deudas mucho mayores que el valor de su piso. En Estados Unidos, quien no puede pagar la hipoteca, entrega su casa al banco y la deuda queda saldada. Pero, en Europa, la casa entregada al banco es vendida y, si no se obtiene suficiente para pagar la deuda, se reclama al propietario la cantidad que falta. Si los precios bajan, los embargados verán no sólo como el banco se lo lleva todo, sino que quedarán debiendo una cantidad importante de dinero, equivalente en muchos casos al sueldo de varios años.
10.- Los bancos tienen en sus activos una cantidad enorme de créditos hipotecarios, muchos de ellos concedidos en plena burbuja inmobiliaria. El hundimiento de precios de la vivienda será catastrófico para el sistema financiero. Muchos bancos verán como las propiedades que van embargando no cubren las cantidades debidas por sus clientes, a los que, en paro y sin ingresos, tardarán años en poder cobrar la deuda pendiente. Nuevo problema para los bancos y las cajas de ahorros, que necesitarán más dinero público, más ampliaciones de capital, más ventas de activos y, en muchos casos, de una nacionalización, para evitar una quiebra en cadena. Además, los bancos tienen también en su cartera muchos créditos concedidos a empresas. Cuando estas empresas empiecen a quebrar, los bancos van a dejar de cobrar cantidades muy importantes de dinero, viendo agravadas seriamente sus dificultades. Para entonces, no quedará otro remedio que nacionalizar buena parte de la banca, puede que toda, y que sea el Estado quien garantice la supervivencia del sistema financiero.

Para no hacer demasiado largo el post, lo interrumpo aquí.

El siguiente será la segunda parte de esta visión pesimista del futuro.

2 opiniones:

Anonymous Anónimo dijo...

Pues que bien, se sacan muchas conclusiones, vamos que vivimos en una gran mentira autoinflada, y que cuando queremos ver lo que tenemos sólo nos queda un planeta putrefacto y un montón de ricachos que intentan que su dinerito siga teniendo valor, eso si los hipotecados se lo devolvemos a los bancos en los proximos 30 años,
Pues ya se como se arregla esto, se deja de pagar mañana mismo, se saca lo poco que tenemos de los depósitos bancarios y que le en pol cu** al sistema, que es que es un asco y ala a volver empezar, los pobres igual de pobres y los ricos igual de pobres tambien, ¿quien pierde? todos menos los pobres del 2008 que somos el 80% de los desgraciaditos españoles.Salud, carlos.

2 de diciembre de 2008 17:17  
Anonymous Anónimo dijo...

Me parece bastante interesante que alguien nos recuerde lo que se avecina,aunque no queramos verlo. Espero que la gente que te lea,se de cuenta que lo peor, está aún por llegar.
No necesitamos que los líderes políticos nos recuerden a diario, que la verdadera crisis todavía no ha llego. Lo que necesitamos es una pronta solución.
Que esta crisis, no nos haga revivir tiempos atrás y que en pleno siglo XXI, estoy convencida
que entre tanto cargo político y mentes inteligentes, nos puedan aportar su granito de arena.
La crisis afecta al rico y al pobre, aquí no hace distinción pero es evidente que el pobre lleva todas las de perder.
Un saludo
Carmen.

29 de diciembre de 2008 22:11  

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