Oikonomía: Economía de "andar por casa"Blog de Fernando Esteve y José Manuel Rodríguez, profesores de Teoría Económica de la UAM.
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05 de Junio de 2008
En una entrada previa, "El tamaño sí que importa (I): la morfología social", se planteaba la cuestión del tamaño de las distintas instancias que componen una sociedad desde la perspectiva de su adecuación para satisfacer las necesidades humanas. Se argumentaba que el tamaño era relevante, y de alguna manera se estaba justificando, si bien de modo indirecto, la pertinencia de la conocida tesis de Schumacher, aquella que frente a la valoración de lo más grande, defiende que las sociedades deben guiarse por el princiopio rector de que "lo pequeño es hermoso", de que todo: la tecnología, las instituciones de la economía, las ciudades, las formas culturales, deben hacerse a escala humana, puesto que, como dijo Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas. Pero siempre que he llegado a este punto no he podido evitar sentir cierta incomodidad que, no conozco mejor forma de expresarla que en un dicho popular que me enseñó una conocida: pueblo pequeño, infierno grande. Y, en efecto, cada vez que alguien arguye acerca de las bondades de las pequeñas sociedades locales, a la medida pues del hombre, a escala humana, aparece la mirada y los comentario socarrones del escéptico que plantea que todo es eso son filosofías, que la vida humana en semejantes lugares es insoportable, como lo demuestra el hecho empírico de que la gente lleva huyendo de esas sociedades desde siempre.
Leer más EL TAMAÑO SÍ QUE IMPORTA (1): La morfología social.
04 de Mayo de 2008
No siendo nada aficionado a las películas de monstruos de ficción guardo sin embargo un recuerdo cariñoso de una que vi hace nosecuántos años y que tenía como materia prima argumental los efectos que la radioactividad les provocaban a las hormigas. No, la radiación no acababa con ellas, sino que, todo lo contrario, como consecuencia de las extraordinarias y extrañas mutaciones genéticas por ellas causadas, las hormigas crecían y crecían hasta hacerse del tamaño de autobuses. Buscando en Internet he sabido que su título era La humanidad en peligro ("Them!", 1954) y que los "erudos" en estas materias la consideran como una de las mejores de un larga tira que, se me ocurre, casi constituiría un subgénero de las películas de ciencia-ficción: aquellas en las que se repite un mismo motivo argumental, el de que a resultas de cambios genéticos consecuencia de escapes radioactivos o experimentos científicos diseñados por científicos locos (por cierto, ¿hay alguno que no lo esté para el imaginario colectivo de las gentes del común? ¿por qué será?), hombres, animales o plantas alteran su tamaño convirtiéndose en auténticas monstruosidades terroríficas(1). Ni qué decir tiene que hace treinta o cuarenta años en los cines donde se proyectaban estas películas la tensión y el miedo estaban servidos, al menos entre los niños de aquella época (aunque dudo que lo mismo sucediese entre los de hoy en día), y eso era lógico pues, a fin de cuentas, esas películas empalmaban más o menos conscientemente con los muy reales miedos que la guerra fría, con la amenaza siempre presente de una caliente guerra termonuclear, entrañaba. Con el tiempo aprendí que esas mutaciones que tenían el efecto de alterar el tamaño (pero no la forma, y esto es importante) de animales, plantas y hombres sólo podían darse en los mundos de la ciencia-ficción (me viene también ahora a la mente una vieja serie televisiva titulada Tierra de Gigantes, en que una nave espacial de humanos normales aterrizaba en una Tierra igual a la nuestra pero donde todo, incluidos los humanos, tenían tamaños asombrosos). Aprendí con el tiempo que el increíble hombre menguante era eso: increíble, y que ni Lilliput (donde la escala es de 1 a 12) ni Brobdingnag (donde la escala es de 12 a 1), esas islas maravillosas que visitara Lemuel Gulliver, pueden existir en nuestra realidad salvo en la literatura o en el cine, al menos en esta Tierra. Y la razón de ello no es, o mejor, no sólo es porque las radiaciones no tengan esos efectos (que no los tienen) sino por una causa mucho más pedestre y cotidiana: que los seres vivos tenemos muy limitado el rango de variación para nuestro tamaño por razones que tienen que ver con las leyes físicas y químicas imperantes en nuestro universo, que fuera de esse rango tan limitado los cambios en el tamaño obligan ineludiblemente a cambios en la forma. Leer más Otros contenidos sobre 'morfología' en Rankia.comAnálisis morfológico de algunos niks
Veinten.
Análisis morfológico de algunos niks. Aunque lo dedico especialmente al representante numero uno de los estafadores, va como curiosa reflexión para
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