Cosas vistas en este verano que recién termina: a) un abogado sentado bajo una sombrilla en una playa del sur mandando un informe por internet mientras su hijo le requería que dirigiera su atención a un cangrejillo que tenía en su cubo de plástico; b) un pequeño empresario de la construcción, ya entrado en años que en una playa del norte hacía un alto mientras le explicaba a su joven pareja la diferencia entre un cabo y un golfo (¡sí, no miento!) para contestar al móvil y enzarzarse con uno de sus empleados a propósito de unos cristales climalit que estaban instalando en los chalets de una urbanización, y c) todas las mesitas que separan los asientos de los trenes de cercanías de Londres ocupadas tanto a primeras horas del día como a las últimas por una amplia gama de portátiles, los portátiles de los cientos de trabajadores en su diaria trashumancia. Leer más