Oikonomía: Economía de "andar por casa"

Blog de Fernando Esteve y José Manuel Rodríguez, profesores de Teoría Económica de la UAM.

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03 de mayo de 2010

Parece que no se ha entendido muy bien el objetivo de mi última entrada. Probablemente esa incomprensión tenga que ver con el lenguaje que usé. Pues bien, para evitar malentendidos y más consultas por los pasillos, aquí va una aclaración.

El objetivo que perseguía con la entrada era doble. Por un lado, pretendía con ella que se fuese más conscientes de que la cifra que mide los resultados económicos de una sociedad, es decir, su cifra de PIB, es una convención en toda regla, una construcción contable que refleja una selección de datos estadísticas hecha con un determinado propósito. Concretamente, el objetivo final que se persigue con la cifra del PIB no es (o no era  en su origen) tanto medir en una única cifra el desarrollo económico de un país, o sea, un indicador del nivel del total de los bienes y servicios económicos producidos en país, sino un indicador de la producción de bienes económicos que se obtiene mediante el trabajo que ejecutan los trabajadores que se contratan en mercados de trabajo legales. No me cabe ninguna duda que sin convenciones como es la cifra del PIB ninguna comunidad puede realizar políticas económicas, pero tampoco  me cabe duda alguna de que la cifra del PIB dista de reflejar la producción real de bienes y servicios  económicos valiosos para los miembros de la sociedad. Y no sólo porque no se incluye en la cifra del PIB el valor de la producción ilegal, ya sea porque es de bienes ilegales (como las drogas o la prostitución), ya sea porque aún siendo de bienes legales, es una producción que se realiza ilegalmente en la llamada economía sumergida o negra. No, la cifra del PIB se obtiene como se ha dicho a partir de algunas -inevitables- convenciones estadísticas y contables que hacen que su valor aumente o disminuya según que un bien se intercambie o no en un mercado.  Esto es algo de sobra conocido. Ya Arthur Pigou señaló a comienzos del pasado siglo (en un comentario deliciosamente decimonónico y quizás algo machista) que si un "señor" se casaba con su "criada" ello hacía  disminuír la cifra del PIB (aunque en su tiempo todavía esa cifra no existía)  pues, sencillamente, ese cambio  en su relación se traducía en que dejaba de pagar un salario por el mismo trabajo, o sea  que no disminuía su bienestar medido por su acceso a los bienes y servicios que esa su ahora "señora" seguía produciendo para él,  Y, a la inversa,  cuando un bien o servicio que antes se obtenía al margen de cualquier transacción mercantil pasa a obtenerse vía un intrercambio de mercado (si su "señora" se divorcia de él pero la sigue contratando como criada), el valor del PIB crece.   Leer más

Etiquetas: Asuntos de Economía · Jonathan Swift · PIB



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