En estos días nos hemos encontrado con una votación en el parlamento de Cataluña en la que unos diputados rompieron la disciplina de voto; la conclusión es que nos encontramos con una multa para los citados diputados. Pido que olvidemos tanto las posiciones de la votación, como los resultados y pensemos en el esperpento de la situación.
Salvo que me digan lo contrario, los diputados representan la voluntad popular, y salvo que me digan lo contrario, resulta que hasta la constitución, (ese librito del que todos dicen estar orgullosos mientras se lo pasan por el forro de…), tiene un artículo 67.2 que nos dice que los miembros de las cortes no estarán sujetos por mandato imperativo. Es decir, que lo que nos dice la constitución es que nadie puede obligar a los diputados a votar en un determinado sentido. En su día hablaba de que las listas abiertas y la abolición de este sistema de disciplina de voto era condición necesaria, (que no suficiente), para que esto se pudiese parecer a una democracia, pero ya hace tiempo que esto no es ni tan siquiera un estado de derecho, (que por lo menos se cumplan unas normas). Leer más
Cada vez tiene más fuerza la tesis de que se va a buscar un tecnócrata para gobernar el país. No es que se oiga demasiado, pero sin embargo, lo que apabulla son los análisis y comentarios que nos encontramos en todos los medios. Si hace un tiempo el problema de España era que el mercado laboral era muy rigido, o los funcionarios, o la escasa competitividad, ahora toca a todo el mundo identificando los problemas de España con su estructura política.
En este caso es más sencillo entender que este argumento tiene ciertos visos de verosimilitud, sobre todo si lo comparamos con argumentos que se han dado en el pasado. Defender, por ejemplo, que tenemos un problema de rigidez del mercado laboral, siendo la economía que más empleo destruye cuando las cosas van mal y la que más empleo crea cuando van bien, no es precisamente un detalle de rigidez, y aún así se ha colado este mensaje. Por lo tanto, y dado que el sistema político es manifiestamente mejorable, la idea de que es un desastre y por tanto hay que quitar a los políticos de en medio tiene grandes posibilidades de cuajar. Leer más
Mi nombre es Tomás Iglesias, y como todo el mundo sabe, no es fácil describirse a uno mismo. En mi caso es muy sencillo. Soy una persona que ha tenido la oportunidad y la suerte de estudiar Económicas y acabar apasionandome por una disciplina que entiendo como algo que ha de servir para que mejoremos todos.