Bitácora de Crisis

La crisis económica en tiempo real.

domingo 9 de agosto de 2009

Carta a un amigo lejano

Querido Miguelito:

Hoy hace dos años que te encerraste en ese monasterio de clausura de la isla de Tonga. Un lugar tan lejano como incomunicado del mundo real -y del virtual, ya que no tienes Internet-. Y ya ves, no me he decidido a escribirte hasta hoy, después de unos días de descanso. No te imaginas lo que han cambiado las cosas desde que te fuiste. Te cuento.

Aquel jueves 9 de agosto de 2007 las Bolsas empezaron a desplomarse. No, esta vez en serio. Ya te dije yo que eso de dar hipotecas a cualquiera no estaba bien. Y que la vivienda iba a caer un huevo. Y que los tipos de interés estaban demasiado bajos. Pues bien, yo pensaba que esto iba a suceder poquito a poquito, a cámara lenta, y resulta que no, que los mercados financieros no se toman su tiempo como los reales y aquel día rompieron la baraja. En una semana quebraron varios fondos de inversión que tenían su dinero metido -agárrate- en hipotecas subprime americanas, de esas que se concedían a gente que no tenían ingresos, ni trabajo, ni activos pero que siempre pagaban. El caso es que los tipos de interés volvieron a subir y empezaron los impagos. El agujero era de impresión. Y claro, cuando los inversores se dieron cuenta de dónde tenían metido su dinero se pusieron a hacer cola para sacarlo y se lió. No veas la cara que se les queda a mis alumnos cuando les explico que no hay papel para imprimir tantos billetes. Todo el mundo llamó al lío crisis de liquidez.

Entonces entraron los políticos a escena, primero con mensajes -aquí no pasa nada- y luego con medidas de urgencia -inyecciones masivas de dinero de los Bancos Centrales para que los bancos comerciales pudieran hacer frente a sus pagos inmediatos-. Así que la crisis ya no era de liquidez sino de confianza. Puro gas. Por supuesto, ese humo no iba a afectar a España, que por entonces seguía marchando bien, con el pobre Solbes aguantando el tipo -ahora manda Elena Salgado y se acabó el laissez-faire-. Desde entonces se han sucedido las quiebras de bancos de inversión, los mercados financieros han funcionado a espasmos y las autoridades monetarias se han dedicado a prestar dinero a corto plazo y a rebajar los tipos de interés para salvar al sistema financiero.

Pero claro, lo gordo lo estamos sufriendo hoy. El humo de la desconfianza hizo que los bancos se volvieran prudentes y dieron paso a la crisis de crédito. Si no hay crédito, los ciudadanos no se compran viviendas, ni coches y se van de vacaciones a Cuenca con el bocata de tortilla. Y las empresas no pueden descontar sus facturas de clientes -porque estos, a su vez, ya no pueden cumplir sus compromisos- ni pagar a sus proveedores. Ya tenemos la crisis en la economía real: impagos, bajón de producción, despidos, bajas incentivadas, concursos de acreedores... y desinflación. Con los precios hemos topado. Los Gobiernos se han unido para evitar otra Gran Depresión y no han parado de soltar dinero con planes de rescate para varios sectores -no te lo imaginas, General Motors ha sido tomada por el Gobierno de Estados Unidos presidido por Obama, su primer presidente negro-. Y el déficit público se nos ha ido de las manos. Hasta los empresarios le piden al Gobierno que salga en su salvación. Vamos, que al mundo no lo conoce ni la madre que lo parió.

Supongo que desde tu celda de clausura las cosas se ven de distinta manera. Cómo te envidio. Sólo te pido una oración por la economía mundial, a ver si sale de esta.

Un saludo desde el otro lado del planeta. Hasta pronto.

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1 opiniones:

Anonymous Anónimo dijo...

Plas, Plas¡¡¡, increíble lo que ha ocurrido en tan sólo 2 años, y lo que queda todavía por caer, un saludo

9 de agosto de 2009 23:10  

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