Por aquellas cosas de la vida me ha tocado mudarme y ponerme a buscar piso de alquiler por Barcelona. Y después de tirarme unas semanas escrutando todo el mercado de alquiler he empezado por entender porque el alquiler en este país está tan bajo mínimos comparado con el resto de Europa.
Obviamente, primero hay una cuestión que resulta impepinable y que por todos es conocida, y por algunos explotada; y es que en este país, rige por encima de todo, una cultura de propiedad. Y tanto da que ello se consiga mediante una propiedad megaendeudada sufragada por una hipoteca agobiante porque tal como dicen los nuncabajistas "alquilar siempre será tirar el dinero".
Ello por lo que respecta por el lado de la demanda, ahora bien, por lo que atañe a la oferta el asunto también tiene miga. Empezaremos con las agencias inmobiliarias, en donde el alquiler representa un sector de negocio claramente secundario y/o, en ocasiones, marginal por cuanto su margen comercial (1 mensualidad + 150€/300€ de gastos de contrato, todo en B por supuesto) son ridículas comparadas con la tajadas que sacaban hasta hace poco en las compraventas. Ello motiva en muchos casos que los profesionales destinados al alquiler sean de bajo perfil: poco profesionales, faltos de seriedad y de escasa preparación, y que por tanto, pueden acabar por entorpecer el cierre de las operaciones antes que facilitarlas. Y por otro lado tenemos a los caseros, señores, que sin ánimo de polemizar porque toda generalización es injusta, en algunos casos hacen gala de una portentosa imaginación para creerse estar en posesión de un palacete en zona exclusiva cuando en verdad alguien debería de decirles que son propietarios de pisitos cochambrosos que "atesoran todo tipo de "bondades": suciedad, dejadez, mala conservación, falta de mantenimiento, trastos por doquier, suministros en lamentables condiciones, ..., en resumen, pisos en los que el dueño lleva años sin rascarse el bolsillo para acometer las reformas necesarias para hacerlos aptos para entrar a vivir de inmediato tal como ellos aseguran. Y si ya con eso no tienen suficiente, luego están las condiciones draconianas que te imponen para firmar, entre otras perlas; precios que en Barcelona no bajan de 1.000 € al mes si quieres hacerte con algo decente, exigencia de exhibir contratos fijos y nóminas que tripliquen la mensualidad pedida y con fianzas que van desde los 3 meses (sin amueblar) hasta la presentación de aval bancario del 10% de una anualidad y toda una retahíla de cláusulas abusivas que harían palidecer hasta al más sinvergüenza. Muchos propietarios no quieren entender que la avaricia rompe el saco, y que a más precio que pidan, más riesgo de subarrendamiento de habitaciones, auténtico tema tabú en el sector.
Vaya, todo un panorama que no es el más favorecedor para impulsar el alquiler en este país por mucho que algunos no paren de marear la perdiz. Aún y con eso, al final y a base de rascar, trinqué el piso. Esperaremos que pase la tormenta y ya veremos más adelante que tal anda el mercado de compraventa.
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