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Fidelity: Alimentos, de crisis en crisis

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Publicado por Rankia el 24 de agosto de 2012

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Por tercera vez en cinco años, el mundo se enfrenta a otra crisis alimentaria, ya que la peor sequía de EE.UU. en 50 años está llevando los precios de algunas materias primas agrícolas como el maíz y la soja hasta nuevos máximos históricos. Aparte de las condiciones climatológicas desfavorables que han provocado alteraciones en la oferta, existen importantes factores a largo plazo que están actuando en la demanda y hacen que la oferta sea más susceptible de sufrir perturbaciones.

Bajo estas líneas, abordamos los posibles efectos económicos a corto plazo de la reciente escalada de los alimentos y sus perspectivas a largo plazo en un contexto de crecimiento de la población mundial, cambios en la dieta en los países en vías de desarrollo y descenso de la tierra cultivable. También hablamos de algunos posibles beneficiarios desde el punto de vista de la inversión a medida que las empresas de todo el mundo vayan respondiendo ante estos desafíos.

La última escalada de los precios de los alimentos

La última escalada de los alimentos parece seguir un patrón que resulta cada vez más familiar. En 2008, la fuerte subida de muchos de los productos agrícolas básicos provocó disturbios en el mundo en desarrollo y llevó a la ONU a anunciar que más de 1.000 millones de personas pasaban hambre. En 2010, las cosechas arruinadas y el bloqueo a las exportaciones en Rusia provocaron una nueva espiral alcista de los precios. Este año, los culpables hay que buscarlos en la sequía que sufre EE.UU. -la peor en medio siglo (véase el gráfico que figura debajo)- y su legislación medioambiental, que garantiza en primer lugar el sustento a la industria de los biocombustibles. Los catalizadores a corto plazo podrían ser diferentes esta vez, pero los resultados son los mismos: actualmente, la oferta mundial de alimentos es muy susceptible a las perturbaciones. 

Los precios del maíz y la soja superaron recientemente los máximos de 2008. Entretanto, el precio del trigo se disparó más de un 40% entre comienzos de 2012 y finales de julio de 2012, acercándose a sus máximos de 2008 (véase el gráfico abajo a la derecha). Sólo el arroz, cuya oferta es abundante, ha variado la tendencia. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió hace cuatro años, cuando parecía existir un importante elemento especulativo en los incrementos de los precios, la crisis actual parece ser un problema genuino de oferta.

El encarecimiento del maíz y la soja es especialmente dañino, porque estos dos productos son los ingredientes principales de la alimentación del ganado, los cerdos y los pollos, y eso significa una probabilidad muy elevada de que estas subidas de precios se transmitan a la carne y los productos cárnicos. Esto explica por qué los ganaderos y las explotaciones avícolas han liderado el coro de voces que está pidiendo a la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. que suspenda el denominado Renewable Fuel Standard, el decreto legislativo que obliga a destinar más de 13.000 millones de libras de aceite de maíz a combustibles para el transporte en 2012.

Influencia de la sequía en el precio de la soja y el maiz, Fidelity

Implicaciones inmediatas

La reciente subida de los precios de las materias primas agrícolas no podría estar ocurriendo en un momento peor para la economía mundial, con la zona euro sufriendo la crisis de deuda pública en toda su virulencia, con China desacelerándose y con unas perspectivas económicas cada vez más inciertas en EE.UU. El efecto negativo directo más grave de las alzas de los precios alimentarios lo sufren los consumidores, especialmente en los mercados emergentes. Como los consumidores se ven obligados a gastar más en alimentación, el consumo discrecional se reduce en otras áreas, lo que crea una cadena de efectos negativos en la demanda de otros sectores.

La otra gran repercusión del encarecimiento de los alimentos ocurre en la esfera de la política monetaria. A medida que suben los alimentos, incrementa la presión sobre el nivel general de los precios (y más en los países en desarrollo, donde la alimentación supone una proporción mayor en la cesta del IPC). Esto hace que los bancos centrales tengan más dificultades a la hora de recortar los tipos de interés en apoyo de la economía o emprender programas de relajación cuantitativa.

Después de recortar el tipo de refinanciación principal al 0,75%, la opinión general es que el BCE aplicará una nueva bajada, pero cualquier señal de repunte de las presiones inflacionistas limitaría su capacidad para suministrar más apoyo a la renqueante economía de la zona euro. No obstante, la debilidad de la economía de la zona euro significa que la inflación de demanda es débil y se está moderando, lo que debería anular las presiones al alza derivadas del encarecimiento de los alimentos. De hecho, en un contexto en el que las economías occidentales luchan contra las dinámicas deflacionistas de la deuda, los efectos de las escaladas de los alimentos probablemente se sientan con más intensidad en las economías emergentes.

Los comentaristas se refieren con frecuencia al término "política energética" cuando analizan los recursos petroleros. En la crisis alimentaria de 2008, la economía (y la política) de los alimentos cobró una gran importancia, convirtiéndose en un problema social y políticamente más grave que el petróleo, al menos durante un breve periodo de tiempo. El descontento social causado por las alzas de precios perdura en el recuerdo de muchos gobiernos, especialmente en aquellas naciones en desarrollo donde los alimentos suponen un porcentaje mucho mayor del gasto total. Por ejemplo, en EE.UU. la alimentación supone el 14% de la cesta del IPC. En China, esta cifra es un tremendo 33%. Por lo tanto, la inflación de los alimentos se manifiesta rápidamente en forma de inflación general en las economías en desarrollo, lo que eleva la tensión política y podría desembocar en un descontento social desestabilizador.

Motores a largo plazo: El mundo necesita producir más alimentos...con menos superficie cultivable

El Banco Mundial calcula que la demanda de alimentos se incrementará un 50% hasta 2030, sobre todo debido al crecimiento de la población, el aumento de la riqueza y los cambios en la dieta. La población mundial crece a razón de un 1% aproximadamente cada año. Puede no parecer mucho, pero supone 70 millones de bocas más que alimentar cada año. Como muestra el gráfico que figura debajo, el gran catalizador de este crecimiento poblacional proviene del mundo en desarrollo.

Esta explosión demográfica plantea un grave problema para la producción de alimentos, especialmente si tenemos en cuenta que la cantidad de tierra cultivable en el mundo se ha reducido de forma constante en los últimos años por la industrialización y la urbanización. 

Más población menos tierra cultivable Fidelity

Los cambios en la dieta y el multiplicador cárnico

A la vista de que el número de bocas que alimentar crece y la tierra cultivable desciende, se hace evidente la necesidad de incrementar los rendimientos de las cosechas. Sin embargo, los cambios en la dieta en el mundo en vías de desarrollo y las leyes que fomentan el uso de la producción agrícola para biocombustibles están acentuando las presiones sobre la oferta de alimentos.

El crecimiento económico y el aumento de la riqueza en los países en vías de desarrollo como China, la India y Brasil están contribuyendo a mejorar la dieta de un gran número de personas incorporando más proteínas, fundamentalmente carne y productos lácteos, y eso está encareciendo los precios de estos artículos. Por ejemplo, hemos visto incrementos sostenidos de la demanda de ternera y cordero en Asia y Oriente Medio.

La demanda de más proteínas tiene un importante efecto directo sobre la demanda de cereales. El ganado se cría con cereales y eso hace que se consuman muchos recursos en la producción. De hecho, se necesitan 7 kilos de cereal para producir tan sólo 1 kilo de carne. Conforme va aumentando la demanda de carne, se incrementa la demanda y los precios de las materias primas, y estos mayores costes de producción llegan hasta los consumidores en forma de precios cárnicos más elevados. Para agravar las presiones alcistas sobre los precios de las materias primas y para disgusto de los ganaderos, la normativa medioambiental de EE.UU. (el llamado Renewable Fuel Standard) obliga a utilizar una parte de las cosechas de maíz en la producción de biocombustibles.

Efecto del consumo de carne en los cereales Fidelity

Más alimentos con menos tierras sólo puede significar una cosa: Fertilizante

La forma más obvia y eficaz de satisfacer el crecimiento de la demanda es elevar el rendimiento de las cosechas utilizando fertilizantes. Gran parte de la tierra cultivable en el mundo en vías de desarrollo es poco eficiente y se pueden conseguir importantes mejoras del rendimiento mediante el uso de fertilizantes. La subida de los precios de las materias primas hace que los agricultores consigan beneficios saludables y puedan permitirse comprar fertilizantes. Por lo tanto, la demanda y el precio de los fertilizantes probablemente suban con fuerza durante las próximas décadas.

Así, durante la escalada de los precios de los alimentos en 2007/08, destacó el hecho de que el coste de las materias primas necesarias para fabricar fertilizantes, como la urea o la potasa, se multiplicó casi por diez. Aunque la crisis financiera provocó una brusca caída de los precios, la demanda se ha recuperado y se espera que ponga a prueba la capacidad productiva en los próximos años; se tardan aproximadamente siete años en desarrollar un nuevo negocio de potasa. Así pues, es probable que veamos beneficios saludables así como nuevos movimientos de consolidación entre las empresas de fertilizantes, un aspecto que se ha acentuado recientemente por el interés de los grandes grupos mineros en el mercado de los fertilizantes.

Cabe esperar que diferentes empresas se beneficien de las crecientes necesidades mundiales de alimentos. Las empresas de fertilizantes están entre los beneficiarios más directos de la necesidad de incrementar los rendimientos de las cosechas. Valores como Potash Corp, Uralkali y Mosaic batieron considerablemente al mercado durante el último episodio de inflación alimentaria, cuando muchas de las tendencias comentadas aquí captaron por primera vez la atención de los inversores. Las valoraciones están ahora en niveles más razonables, si bien los fundamentales a largo plazo siguen siendo muy atractivos.

Mosaic Uralkali empresas fertilizantes Fidelity

Las empresas de fertilizantes han mostrado valoraciones atractivas, cotizando con descuento frente al coste de sustitución, y pueden beneficiarse de la fortaleza de los fundamentales de la oferta y la demanda. El crecimiento de la demanda mundial de alimentos, especialmente en los mercados emergentes, está animando a los agricultores a utilizar más fertilizantes, como los fosfatos y la potasa, para incrementar los rendimientos.

Aris Vatis, gestor de carteras de renta variable estadounidense

Una multiplicidad de beneficiarios, pero la selección de valores es determinante

Otro beneficiario directo de la mayor demanda de fertilizantes es Industries Qatar. Este gran grupo catarí posee intereses diversos, entre ellos la producción de fertilizantes, y se beneficia de la gran ventaja de costes que supone el acceso a abundantes reservas de gas natural. A medida que nos movemos por la cadena de suministro de los alimentos, la selección de valores es fundamental para identificar a los ganadores y perdedores. Un aumento de los precios de los alimentos puede propulsar los beneficios de un productor de materias primas, pero también aumenta los costes para una empresa elaboradora de alimentos. Muchas empresas de alimentación, como Kellogg's, han aprendido de las últimas crisis y ahora contratan coberturas para sus costes de producción.

Como hemos explicado más arriba, el aumento de la renta y la expansión de la clase media en las economías emergentes de rápido crecimiento está provocando cambios estructurales en la alimentación, ya que los consumidores pasan de ingerir productos generalmente más sanos y bajos en calorías, como los cereales y la verdura, a llevar dietas de estilo occidental con más calorías que suelen contener más carne, más lácteos y, sobre todo, más azúcar. Un buen ejemplo de empresa que encuentra apoyo en tendencias como los cambios en los patrones de consumo y el aumento de la riqueza en los mercados emergentes es Shenguan Holdings, el fabricante líder de envases para salchichas de China.

Por último, cabe esperar que los supermercados salgan perdiendo con la subida de los precios de los alimentos. Sin embargo, aquellos con una capacidad de compra importante y posiciones de mercado líderes, como Tesco, pueden repercutir una mayor parte de los incrementos de costes a los consumidores.

Industries Qatar es uno de los mayores grupos empresariales de Catar y posee importantes intereses en el sector acerero, petroquímico y agroquímico. En este último, fabrica amoníaco y urea para fertilizantes con costes bajos gracias a las abundantes reservas de gas de Catar. Es el productor de urea y amoníaco con una única fábrica más importante del mundo y tiene una capacidad anual de producción de 2 millones de toneladas de amoníaco y 2 millones de toneladas de urea.

Nick Price, gestor de carteras de renta variable de mercados emergentes

El futuro de la alimentación: Algunas novedades interesantes

¿Una segunda "revolución verde"? Los mercados emergentes, especialmente China y la India, tendrán los incentivos necesarios para liderar una segunda "revolución verde", mientras que en el África subsahariana también se podrían conseguir importantes mejoras. Los incrementos en los precios de mercado estimularán iniciativas para aumentar la tierra cultivable y los proyectos de irrigación. Con ello se podría ayudar a contener la volatilidad y a estabilizar la oferta. En los próximos 25 años cabe esperar importantes mejoras en los rendimientos del cereal africano.

La agricultura de precisión. De hecho, durante la próxima década previsiblemente asistiremos al desarrollo de algo que se podría denominar "agricultura de precisión", que consiste en combinar observaciones mediante satélite, instrumentos sobre el terreno y maquinaria sofisticada para utilizar las cantidades óptimas de semillas, agua y fertilizantes y conseguir la máxima eficiencia. 

La biotecnología y los cultivos transgénicos. Aunque la mayoría de los cultivos transgénicos están en Norteamérica, las tierras cultivadas con transgénicos han crecido con rapidez en los países en desarrollo, especialmente en Brasil y Argentina, y cada vez más en la India y China. La producción europea ha sufrido un freno debido a un régimen de autorización más restrictivo en la UE, así como a una cierta resistencia cultural por parte de los consumidores.

En la próxima década podríamos asistir a un gran avance en el desarrollo de productos transgénicos a medida que los investigadores vayan teniendo más acceso a recursos genómicos. Los desarrollos futuros en materia de transgénicos podrían dar lugar a la incorporación de fármacos a los alimentos, por ejemplo plátanos que produzcan vacunas contra enfermedades infecciosas como la hepatitis B. También podríamos ver pescado modificado metabólicamente para madurar más rápido, árboles frutales que produzcan antes, así como alimentos sin las propiedades asociadas con las intolerancias.

"Comida rápida" a partir de células animales. Los científicos han descubierto una forma de crear carne artificial dando descargas eléctricas a las células musculares de un cerdo en una solución de aminoácidos que hace que se multipliquen dichas células. Aunque actualmente es una forma muy cara de producir un filete de cerdo, tiene potencial para alimentar a millones de personas con un coste reducido utilizando los recursos de forma eficiente. A la vista del crecimiento previsto del consumo de carne en los países en vías de desarrollo y la naturaleza de la producción, caracterizada por un uso intensivo de los recursos, esta opción podría convertirse en una alternativa medioambientalmente aceptable cuando las presiones se intensifiquen y la carne "tradicional" se encarezca más y más.

Las nuevas tecnologías pueden traer consigo nuevas amenazas. En lo que atañe a los alimentos transgénicos, la gran preocupación es la biodiversidad. Como el ser humano depende de una pequeña proporción de especies vegetales y animales para su dieta, la diversidad genética de estas especies es crucial. Históricamente, las mejoras que se han introducido en las cosechas y el ganado han estado muy localizadas. Sin embargo, a medida que se mundializa el negocio agrícola y los actores clave aumentan su tamaño, podríamos ver una menor variedad en nuestras explotaciones agrícolas y ganaderas.

Conclusión

Los patrones climatológicos cada vez más inusuales que repercuten en la oferta y el crecimiento de la población mundial, combinados con los cambios en las preferencias de la demanda, sugieren claramente que las crisis alimentarias de los últimos años probablemente serán un hecho recurrente. Como ya ha advertido en repetidas ocasiones la ONU, cabe esperar un aumento general de los precios de los alimentos en el futuro. La forma en que el mundo responda a estos desafíos será un aspecto de gran relevancia, y los inversores tienen un papel que desempeñar invirtiendo y financiando a aquellas empresas que ayudan a solucionar estos importantes retos.

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Autores

Enrique Roca

Enrique Roca

EX-Director de Carteras de Fondos de Inversion. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales siendo destacado por la revista Citywire y el Financial Times como uno de los mejores gestores europeos. Imparte masters especializados en destacadas escuelas de Negocio.

Carla Quinto

Carla Quinto

Licenciada en ADE y Derecho

María Isabel Alarcón
Rankia

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Portavoz oficial de la empresa editora de este sitio web Rankia.com.




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