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jueves 15 de mayo de 2008

Estrategias para los que han sufrido. "Distressed Wealth Strategies".

Nuestra labor como Family Office es dar soluciones a las problemáticas relacionadas con la riqueza de nuestros clientes. Y en el escenario de crisis actual donde muchos patrimonios han sufrido y siguen sufriendo minusvalías importantes, bien sea en inversiones inmobiliarias, derivados y RV, pérdidas empresariales o incluso en RF, recibimos muchas consultas de potenciales clientes al respecto. No sólo nos estamos refiriendo a potenciales grandes y medianos clientes sino a pequeños patrimonios que apenas superan el millón de euros incluyendo todos sus activos, inmuebles y empresas.

Efectivamente recibimos muchas consultas "desesperadas" de personas que han perdido una parte más o menos importante de su valor patrimonial en los últimos dos años, o incluso en los últimos meses. Por ello hemos diseñado estrategias de gestión e inversión adaptadas a casi todos los bolsillos y que cubren las dos prioridades que necesitan estos patrimonios perjudicados: El blindaje del patrimonio que queda ante potenciales futuras pérdidas, y la búsqueda de plusvalías importantes que compensen las minusvalías sufridas.

Siguiendo con los anglicismos inducidos por el americano mundo del Family Office, a estos patrimonios perjudicados por la crisis los llamamos "distressed wealth", y necesitan un cambio de rumbo sustancial en su management para conseguir resultados positivos, pero sólo en la dirección correcta. Algunas carteras y fortunas en general llegan con estrategias claras y definidas que simplemente no han sido las adecuadas en el presente escenario de crisis.

Pero a menudo llegan a nosotros después de diversos cambios contradictorios de estrategias que sólo son bandazos sin criterio donde los activos van mermando indefectiblemente después de cada volantazo de escarmiento. La consecuencia habitual de estos bandazos de "pierdoaquimevoyallá" es la desconfianza absoluta del inversor en cualquier tipo de estrategia, que suelen acabar atemorizados bajo un depósito bancario, que con suerte sólo conseguirá minimizar los efectos de la inflación. Por las consultas y las entrevistas con nuevos clientes que efectuamos, podemos asegurar que éstos son casos habituales hoy en día, sin embargo las oportunidades son como los amaneceres, si uno espera demasiado se los pierde.

Por lo tanto después de haber sufrido pérdidas a causa de estrategias que venían siguiendo antes de la crisis y que ahora resultan dañinas, nuestros principales objetivos deben ser 2:
  1. La preservación del capital para evitar que las pérdidas puedan seguir produciéndose (este simple objetivo, evidentemente lo lograremos con el mero depósito bancario, por ejemplo, pero no sería compatible con el objetivo nº 2).
  2. La potencial consecución de rendimientos elevados que nos compensen de las pérdidas sufridas hasta hoy.
Estos dos objetivos que resultan tan obvios para todo el mundo, dejan de serlo cuando queremos ponerlos en práctica. Ahí ya van a intervenir multitud de variables como por ejemplo: La tipología de inversión fracasada anterior, la variedad de activos patrimoniales (no sólo los financieros), el nivel de afligimiento o de distress que se haya acumulado en el patrimonio en cuestión, la propia idiosincrasia del potencial cliente, la proporción existente y la deseada entre activos financieros inmobiliarios y corporativos, el contenido específico de su PGR de nueva creación y/o de su última evolución, las necesidades de recuperación y crecimiento futuras, etc, etc, etc...

No obstante, cualquier estrategia que diseñemos para un distressed wealth debe cumplir rigurosamente los dos objetivos principales señalados anteriormente. Por poner un ejemplo, y dependiendo mucho del caso en concreto, una inversión financiera que garantizará el principal a medio o largo plazo y que además situará al Cliente en posición de aprovechar rendimientos y potenciales plusvalías inmobiliarias en un entorno US$, cumplirá perfectamente con las dos premisas enumeradas. Obviamente conjuntamente con el Cliente o potencial Cliente diseñaremos muchas otras. El tiempo dirá cuáles serán las que funcionarán mejor, pero todas ellas preservarán el capital principal al mismo tiempo que permitirán al propietario de la fortuna beneficiarse de rendimientos y plusvalías colaterales. Misión cumplida y estratégicamente impecable.

Estas estrategias son específicas para distressed wealth, pero también pueden formar parte de los plateamientos a seguir para patrimonios cuya gestión haya sido la correcta y que se hayan adaptado hábil y ágilmente al escenario de crisis actual. Es decir, también puede ser una estrategia complementaria a las que hoy en día resulten exitosas, puesto que inversiones de este tipo no perjudicarán las estructuras de ninguna cartera sino todo lo contrario.
El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia.

Henry Ford

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miércoles 7 de mayo de 2008

Back to the Future. Paradoja del Tiempo y del Dinero.

La mayoría de nosotros hemos estudiado alguna vez el Número de Avogadro. Una cifra constante, enorme y relativa al número de átomos o partículas existentes en la ínfima cantidad de materia llamada mol. Paradójicamente es un número tan elevado que bien podría ser astronómico, dándonos una idea de la relación entre átomos y universo.

Retrocediendo en el tiempo, este Número de Avogadro dio luz a la teoría atómica de la materia, que a su vez se basó en el movimiento Browniano (Robert Brown, botánico). Con ese nombre se bautizó a la trayectoria aleatoria e impredecible de las partículas de polen al chocar con las moléculas del agua en la que estaban suspendidas. Pero no os asustéis, aunque no lo parezca vamos a hablar de finanzas, economía y en definitiva de dinero.

Louis Bachelier (foto), basándose en estos movimientos brownianos, realizó su tesis doctoral conocida como The Theory of Speculation, publicada en el año 1900 (precursor donde los haya). Fue considerado el pionero en el proceso estocástico, un análisis que quedó delimitado al mundo matemático y científico varias décadas hasta que Fisher Black y Myron Scholes (éste último premio Nobel en 1997) le dieron el impulso definitivo a su aplicación financiera en 1973. A continuación podemos ver su famosa fórmula para calcular el premium de una opción:

La idea de estos matemáticos y sobre todo de estos economistas no fue otra que la de traer capitales del futuro para su aplicación en el presente. Es decir conseguir una fórmula matemática que cifrara cuánto ha de pagar un inversor hoy para tener derecho a comprar algo en el futuro, y viceversa. Es decir cuánto vale el riesgo en el que incurre el vendedor para fijar hoy el precio de un activo futuro. Black-Scholes lo determinaron matemáticamente, de forma casi infalible (sic). A partir de ahí despegó un nuevo mundo de inversión llamado futuros y posteriormente su infinita evolución hacia todo tipo imaginable de derivados. Nacía así el Chicago Board of Trade (CBOT) y se establecía el caldo de cultivo idóneo para alcanzar la burbuja crediticia actual, agravada por la inmobiliaria. El dinero y la riqueza dejaron de pertenecer al reino de la energía, donde exclusivamente se creaba o se destruía vía productividad, y mayormente se transformaba o cambiaba de manos. Se inició una peligrosa dinámica en la que el dinero dejó de tener relación con la producción y empezó a viajar a través del tiempo, pero sólo en una dirección. Donde la capacidad de creación de riqueza virtual y de inversión actual se tornó casi infinita a través de la globalización de los cálculos estocásticos. Hace años que sólo hay que ir al futuro y disponer de activos y posibilidad de inversión de algo que todavía no tenemos, porque nos creemos perfectamente capaces de cotizarlo con exactitud. Al más puro y salvaje estilo Back to the Future.

Pero cuidado, aunque la mayoría de los usuarios de las finanzas matemáticas no sean conscientes de ello, el modelo browniano no es aplicable correctamente con turbulencias o grandes crisis y variaciones, o sea en la actualidad. Riesgo y Valor son dos conceptos que las matemáticas difícilmente podrán cifrar con precisión jamás. Hay un componente psicológico demasiado importante que se multiplica enormemente con la globalización de los mercados de inversión. Sin ir más lejos, la determinación del riesgo de una entidad financiera a quebrar en menos de un año, nada tiene que ver con la probabilidad de éxito de ese mismo método de cálculo a 10 años, por ejemplo. No obstante los derivados no serían intrínsecamente nocivos para el sistema si sólo se utilizaran en empresas cuya productividad sobrepasara en mucho el premium pagado por el margen de riesgo. Pero esto haría reír a la mayoría de financos e inversópatas que a diario parasitan (parsitamos) en el Sistema Económico. Sería como decirle al prepotente nuevo propietario de un flamante Ferrari que sólo puede ir en primera y a medio gas, o sea, ni por asomo.

La expansión de crédito es una herramienta diabólica capaz de fabricar periodos de crecimiento económico virtual. Y los modelos de finanzas matemáticas, además, nos dan una falsa sensación de seguridad, de cálculo y control del Riesgo y del Valor. Nada más lejos, desgraciadamente.

Hasta hace unas décadas, las contracciones y expansiones de dicho crédito, conllevaban las bonanzas y crisis económicas cuyos ciclos todos hemos conocido y estudiado. Pero el uso y abuso global de los derivados traen al presente ingentes cantidades de dinero del futuro que han hecho estallar por los aires los ciclos, hasta ahora conocidos por todos. Por lo tanto los sistemas y teorías basados de una u otra forma en estos ciclos (casi todos) que se han repetido durante más de un siglo, han dejado de funcionar parcial o totalmente desde que estalló la burbuja crediticia. (Las hipotecas también han traído abusivas cantidades de dinero del futuro, pero esta vez a cambio de nuestro tiempo y productividad vital, pero de eso hablaremos otro día.)

Así pues, podemos ver un periodo de recesión que vaya mucho más allá de la corrección de este exceso crediticio e inmobiliario. O bien que el poder de atracción del dinero del futuro sea tal que veamos un pullback sólo transitorio en los próximos meses, y que éste nos haga huir peligrosamente hacia adelante unos años o décadas más. El Futuro es más que nunca impredecible, aunque su dinero ya nos lo hayamos gastado e invertido.

No nos cansaremos de repetir que la inversión en instrumentos no relacionados directamente con la producción son nocivos para el Sistema, nuestro Sistema Económico. Pero aún lo son más si los alimentamos con dinero arrancado del futuro. Deberíamos poder desinvertirlos y devolverlos al futuro, pero eso no es posible. Sólo invirtiendo lo ya producido podremos conseguir que nuestro dinero, paulatinamente y con largo esfuerzo, viaje Back to the Future.



En la primera versión de esta trilogía cinematográfica el argumento es comprensible y atractivo. Sin embargo el abuso del hilo argumental a través de la segunda y tercera parte, hacen que deje de ser tan comprensible para el espectador. El final, incluso para la industria del celuloide, es una paradoja, tal y como podemos ver en el anterior vídeo. Comercialmente funciona muy bien, ya que sin demanda no cabría la oferta de más secuelas, pero si en lugar de un divertimento ocioso se tratara de economía y finanzas, este abuso se convertiría en nocivo. Eso es lo mismo que ocurre con los derivados y la burbuja crediticia, financiera e inmobiliaria. La demanda existía y existe, pero el abuso nos lleva a paradojas que en el plano del sistema económico y financiero mundial posiblemente tengan terribles consecuencias insostenibles.

Las paradojas en el tiempo han tenido una repercusión creativa muy importante a lo largo de los años, y dan un juego para la ficción inagotable. Pero prefiero pensar que mis inversiones no dependen de la teoría de la relatividad. Al menos en lo relativo a la teoría.

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domingo 27 de abril de 2008

Groucho y yo.

La relectura de este capítulo del libro "Groucho y yo" escrito por el mismo Groucho Marx, nos parece muy adecuada en los tiempos que corren. Es el relato en primera persona de su ascensión y caída en los mercados bursátiles en el Wall Street de 1929.

Reflexiones sarcásticas, irónicas y amargas de la psicología que repiten (repetimos) cíclicamente los inversores en busca de la riqueza sin esfuerzo ni relación con la productividad. Al igual que en las guerras, la memoria histórica es efímera, y aún lo es más si los ciclos se repiten a intervalos de más de una vida. Es decir, hoy en día ya no quedan supervivientes en edad de invertir que en aquel 1929 tuvieran un cierto poder de inversión.

Tampoco podemos comparar la actual crisis y previsible recesión con el crack de 1929. Para empezar, el crack actual es de crédito y no de bolsa, aunque quizás sea aún más grave por ese hecho. Además la globalización de la información, los impulsos electrónicos en forma de dinero y la complejidad financiera actual, nada tienen que ver con el escenario de los alegres años veinte. Pero define a la perfección la sensación que hemos podido vivir recientemente en la última burbuja tecnológica, sin ir más lejos. Unos momentos en que "muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway", o en que los camareros y carniceros hablan de los mercados como si se tratara del partido del domingo.

En fin lo mejor será que os deje con el magistral texto original (aunque algo reducido) del Sr. Groucho Marx, un genio donde los haya, y mi selección al final de algunas perlas y comentarios:
"...Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor. Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street.

Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días: Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo: - Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation" […] Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batín. -En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia. -Harpo -dije-, ¿estás loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros!

De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batín, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento.

Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no estén familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.

El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitual de Wall Street, quien le dijo en un susurro: -Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que del Cobre Anaconda. Se vende a ciento treinta y ocho dólares la acción y se rumorea que llegará hasta los quinientos. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo sé de muy buena tinta. Chico corrió inmediatamente hacia el teatro, con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos el alzamiento del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir seiscientas acciones. ¡Estábamos entusiasmados! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietarios de doscientas acciones de estos valores que rezumaban oro. El agente incluso nos felicitó. Dijo: - No ocurre a menudo que alguien entre con tan buen pie en una Compañía como la Anaconda.

El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día. Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba".

Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar.

Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente. -Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió: -¿Por qué no abandonas el teatro y olvidas esos miserables dos mil semanales que ganas? Son calderilla. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway.

-Max -contesté-, no hay duda de que tu consejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Los que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.

Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon […] El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije: -Max, ¿cuanto tiempo durará esto? Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson. -Hermano, ¡todavía no has visto nada!

Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar.

Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo. - No sé gran cosa sobre Wall Street - empecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones? Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo: - Señor Marx, tiene mucho que aprender acerrca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro.

- Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo?

Adecuadamente castigado y amansado, respondió: - Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane.

Con cierto cansancio pregunté: -¿Cree que es una buena compra? -No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.) -Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías. -Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí-. ¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas.

Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses. En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (Personalmente opino que vale esos dólares.) Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace.

[…] Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fui a verle en su camerino. […] Encanto -dijoCantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo? Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mí. Eddie, cariño - contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio! Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo: -Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs? -Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas? Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia mí. Por un momento pensé que iba a besarme. -¡No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs! -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores .

Luego consultó su reloj y dijo: -Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156… ¡y a 156 es un robo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos. ¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figurese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia.

A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Aflojé el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América.

Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street.

Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión. De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela.

Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse." Yo no estaba presente cuando la Fiebre del Oro del cuarenta y nueve. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba al todo el país.

El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro de que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición.

Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó.

Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. [...] Todo lo que dijo fue: "¡La broma ha terminado!" Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo...se suicidó.

En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo.

Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías.

Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creais que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? Cuando la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción. El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación..."
Groucho y yo (Groucho Marx).

Permitidme que remarque algunas perlas que me parecen especialmente aleccionadoras:
  • "Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar"
  • "¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones?"
  • "Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto"
  • "No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba?"
  • "Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor."
  • "Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street."
  • "...si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero."
***
  • "Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada."
  • "Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. "
  • "Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías."
  • "Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía."
  • "Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó."
  • "-La broma ha terminado" (...) "En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon...": "La broma ha terminado..."
******
Desde luego, la broma terminó, pero lamentablemente se trata de una broma cíclica.

Ahora sigamos escribiendo "bazofia" como el resto de analistas de mercados.

Mil gracias Sr. Groucho Marx, genio y figura.

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lunes 21 de abril de 2008

La química inestable de la molécula económica.

Según podemos ver en el gráfico anterior, del siempre interesante blog de Investorsconundrum y elaborado por Bank of America, el spread existente para el CDX IG (Credit Default swap norteamérica) al que cotizan las emisiones de deuda con grado de inversión respecto al tipo oficial del dinero, es decir riesgo de insolvencia cero, es elevadísimo. Hasta aquí, relativamente comprensible dada la desconfianza habida en ese tipo de RF y a la sequedad de dicho mercado. Pero lo realmente asombroso es que, tal y como se observa en el gráfico, estos niveles de spread deberían corresponderse con niveles de RV muchísimo más bajos. Específicamente en el gráfico vemos la cotización del S&P 500, que históricamente ha cotizado muy por debajo de los 1000 puntos cuando los niveles de spread de la deuda (CDX NA IG Index Spread) han alcanzado el nivel de 150 bps.

En los últimos 9 meses, y coincidiendo con la crisis mundial crediticia, esta relación históricamente conservada entre el spread de la deuda y los mercados bursátiles ha saltado por los aires como jamás se había visto. Por ello, y por otros motivos, venimos advirtiendo hace meses que estamos haciendo historia económica. Lo que está ocurriendo en la actualidad está siendo erróneamente comparado con el crack del 1929. Es muy distinto. Y me atrevería a decir que mucho más trascendente.

Vamos a explicar y a analizar detenidamente lo que hemos dicho hasta ahora:

El spread a que cotiza el yield de una emisión es la diferencia que una empresa (o estado) debe pagar de más por encima del tipo de interés oficial para que la deuda que pretende colocar entre los inversores sea atractiva y pueda venderla. Lógicamente, cuanta mayor sea la confianza en esa empresa, menor será el diferencial sobre el tipo oficial que deberá pagar a los inversores para que estos les presten su dinero a cambio de estos pagarés, bonos, etc. Obviamente a menor confianza el diferencial se disparará. En la actualidad dicho spread alcanza niveles altísimos debido a la desconfianza reinante desde el pasado verano. Por lo tanto los seguros o coberturas Credit Default swaps, cuyo índice sobre estos CDX se muestran en el gráfico del encabezado, se encarecen proporcionalmente. Podéis compararlo con este gráfico de la derecha correspondiente al spread sobre el tipo del Tesoro americano a 5 años que había en el 2004. Además, hoy en día el mercado está tan seco que se pueden sufrir diferenciales en la propia cotización de la deuda entre bid y ask (oferta y demanda) verdaderamente demenciales.

Lo que el gráfico y la lógica nos dicen es que siempre ha existido una relación entre la confianza o desconfianza en la deuda emitida por una empresa, y la confianza o desconfianza de los inversores en la cotización de las acciones de dichas empresas en la bolsa. Es decir, cuanta mayor confianza en la deuda corporativa, menor spread sobre el tipo oficial, menor CDX y mayor cotización en bolsa de sus títulos. Y viceversa. Absolutamente racional y hasta hoy ley universal de la economía moderna. Pues bien, desde que estalló la llamada crisis de crédito, esta relación lógica ha dejado de existir.

Hoy vemos que la desconfianza en la deuda corporativa con grado de inversión es enorme y por lo tanto sus spreads y costes de coberturas son de escándalo. Pero sin embargo las cotizaciones en bolsa de dichas empresas, que conservan casi intactos sus ratings de solvencia (paradoja irrelevante por la falta de credibilidad de las calificadoras en los últimos tiempos) siguen a niveles que distan mucho de la desconfianza, aunque se encuentren ya oportunidades value. Es decir, ¡los inversores de bolsa siguen confiando en sus títulos pero paradójicamente no en su deuda! Ilógico, sí. Inestable, también.

Este escenario, por lo tanto, tenderá a buscar su estabilidad en los próximos meses, sin duda. Como lo hace cualquier enlace químico en su camino molecular. La pregunta del millón es de qué lado se va a estabilizar: Puede recuperarse la confianza en la deuda corporativa disminuyendo los spreads actuales y aumentando el precio de la cotización actual de la RF; o bien perderse la confianza en los valores que cotizan en bolsa, en cuyo caso veríamos minusvalías en la RV como auguró la pasada semana Goldman Sachs para el S&P 500.

Personalmente creo que es más factible, y por supuesto deseable, la primera opción (con su permiso, Sres. analistas de Goldman Sachs). Porque ante el estallido de la burbuja inmobiliaria y crediticia, parece que los mercados de RV se hayan tomado como un cierto refugio inversor, aunque yo mismo me sorprenda de lo que acabo de decir. Con esta inmunidad sorprendente que parece tener la RV a la desconfianza reinante, la estabilización bien podría llegar vía recuperación de la confianza en la deuda corporativa con grado de inversión ya que hoy por hoy los fundamentales de empresas no financieras siguen siendo sólidos. Por su parte, los de las financieras quizás estén mayoritariamente ya descontados, vía cotizaciones actuales, publicaciones de resultados y provisiones de fondos para pérdidas de próximos ejercicios. Esto alejaría el fantasma de la profundización del ciclo bajista iniciado en los mercados de RV hace ya prácticamente un año, devolvería la confianza, y por supuesto estabilizaría a su vez el gráfico del encabezado reduciendo a niveles razonables los spreads. De hecho hoy ya se encuentra ligeramente por encima de 100, aunque la volatilidad de estos índices sigue batiendo récords.

Me parece claro que hay un gran flujo inversor en busca de pozos seguros, que está desconcertado y atrincherado en depósitos bancarios. Es cierto que otros flujos se han aventurado en pozos especulativos de materias primas, divisas o inversiones alternativas, pero parece claro que hay un gran potencial de inversión tradicional a la espera de fluir (hoy en depósitos y deuda soberana AAA) en cuanto se recupere la confianza en el Sistema. Incluso me atrevería a decir que la desconfianza podría estar ya muy descontada, a excepción de la desconfianza en la RV que, como ya hemos explicado, podría llegar de la mano de malos resultados corporativos que estabilizarían también el escenario actual vía caídas de las bolsas, y en cuyo caso los spreads de la RF investment grade se mantendrían batiendo marcas en el tiempo dando lugar a una crisis global nunca vista.

Resumiendo, podríamos contemplar una estabilización del sistema en dos escenarios muy distintos: El de la confianza y el de la desconfianza. En el primero, el spread de la RF con grado de inversión disminuiría y la RV podría seguir flat o incluso emprender nuevos rallies gracias a los flujos latentes mencionados. Mientras que en el segundo, la RF seguiría muy castigada y veríamos en los próximos meses resultados muy negativos de las grandes empresas arrastradas por cifras macroeconómicas recesionistas pésimas. Eso nos llevaría a ver caídas bursátiles muy abultadas, al menos en el primer mundo. Aunque los mercados emergentes podrían verse menos o incluso nada afectados.

No obstante, tengamos en cuenta que cuando las reacciones de los mercados parecen obvias, siempre aparece un black swan que deja en evidencia a los faltos de humildad...

En definitiva contemplamos dos escenarios opuestos, pero ambos estabilizarían el desajuste aberrante que hoy en día sufre la RF y la RV, la confianza y la desconfianza. Lo que nos parece inviable es que se prolongue en el tiempo la situación actual porque es inestable. Y la tendencia a buscar la estabilidad, como en la química molecular, debería ser una ley difícil de obviar a medio y largo plazo. Como dije en un comentario a este interesante artículo de Kretan:

Se discute si habrá deflación o hiperinflación, estabilización hacia la confianza o la desconfianza, etc... pero no seguiremos en tierra inestable de nadie durante mucho tiempo.

Jamás la Economía fue tan global y tan próxima al Yin y al Yang.
¿No os parece?

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miércoles 16 de abril de 2008

La recesión de doble repliegue o el Armageddon de Stephen Roach.

Según lo publicado recientemente, Goldman Sachs advierte de un segundo repliegue recesionista en el 2009. Suponiendo que el primero debe ser el que se está viviendo en el presente, alerta de que el S&P 500 puede sufrir caídas importantes a consecuencia de los malos resultados de las grandes empresas, visto lo visto en General Electric (GE) por ejemplo. Razonable a todas luces, pero lo curioso del tema es que llevan más de 5 años y medio de retraso respecto a lo que ya advirtió en su día Stephen S. Roach cuando era el economista jefe de Morgan Stanley.

Es cierto que Stephen Roach es conocido como el "bajista perpetuo", y que algunos diréis que cuando alguien pronostica sistemáticamente escenarios catastróficos, lamentablemente algún día va a acertar y a colgarse muchas medallas como gurú financiero. Pero lo extraordinario es que el razonamiento lo hizo a mediados de septiembre del 2002 y su previsión pesimista del panorama económico fue la siguiente: Advirtió de que si los EE.UU. entraban en guerra con Irak, se produciría una escalada muy importante del precio del petróleo, que por ese entonces estaba a 28 $/barril. También señaló que la desproporción entre las rentas inmobiliarias y los precios de venta eran las mayores de la historia de los USA e insostenibles por mucho tiempo. Esa descorrelación debería provocar el estallido de la burbuja inmobiliaria. Advertía también del riesgo del estallido de la burbuja del consumo, asi como de la deflación, que según su criterio, amenazaba ya en el horizonte de la mayor economía del planeta. Por ello, reclamaba al flamante presidente de la FED Greenspan que rebajara el tipo de interés del $ del 1,75 (el más bajo en 40 años) al 1%. También señalaba la necesidad de que la relajación de la política monetaria se tradujera en un dólar débil. Finalmente advertía que, dada la enorme ponderación de la economía norteamericana en las cifras totales del planeta (21% del PIB mundial en el 2002), la recesión podría volver a estar presente y a globalizarse. En este punto, quizás Roach no intuyó la progresión espectacular de las economías emergentes, especialmente la china. Y por ello, hoy en día la discusión se centre más en la capacidad de dichas economías en plena expansión para contrarrestar los efectos recesionistas del primer mundo. No obstante posiblemente éstas no sean lo suficientemente fuertes y acaben claudicando ante la recesión global. Aunque personalmente creo y espero que no sea así.

No olvidemos que en aquel momento el euro cotizaba a 0,9750 $ y los analistos hablaban de la debilidad del $ causada por la flaqueza de su economía. Evidentemente, nadie preveía una futura crisis subprime ni las inyecciones de liquidez necesarias para engranar una maquinaria que jamás pensamos que podría dejar de funcionar. Recordemos la evolución de los tipos que aplicó Greenspan en los años siguientes: Bajada hasta el 1% en Junio 2004 y a partir de ahí escalada hasta el 5.25% en los siguientes 2 años. Como hemos visto todos, desde octubre del pasado año la FED ha tenido que realizar un descenso de emergencia por la despresurización de la cabina. Pero lo que es evidente es que Stephen Roach hizo una predicción muy, pero que muy aproximada a la evolución hasta nuestros días.

No obstante sus premoniciones no han evitado la implicación en la crisis crediticia de Morgan Stanley. Quizás el consejo de administración se había acostumbrado demasiado al visionario catastrofista de Roach y por ello lo desterraron en forma de ascenso a Chairman de las operaciones de Morghan Stanley en Asia. La nebulosa de la afectación real de este, como de casi todos los bancos sigue sin aclararse, y el mercado descuenta con palos de ciego lo que buenamente puede o intuye. Hasta hoy parece que sólo JP Morgan se salva de la quema bursátil. Pero sólo hasta hoy y sólo lo parece.

Quizás Stephen Roach hizo muchas declaraciones incendiarias a lo largo de su carrera que acabaron en nada. Es posible que estemos ensalzando oportunísticamente a alguien que se equivocó sistemáticamente en tiempos de bonanza. Pero si nos centramos en el timing de su predicción, realmente nos impresiona. Advierte de la más que probable guerra de Irak meses antes de la resolución 1441 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidad aprobada el 8 de noviembre del 2002. Muchísimo antes de la famosa cumbre de las Azores del 16 de marzo de 2003. Pero lo más importante es que supo prever la escalada del precio del crudo desde los 28$/barril y sus efectos recesionistas. Si el aumento del precio del petróleo se hubiera producido sin la invasión de Irak, hoy la situación de los EE.UU. sin ese petróleo sería mucho más comprometida. Pero no seré yo quien justifique esa ni ninguna otra guerra.

Quizás ni en su peor escenario Roach contempló el petróleo a 110 $. Pero cierto es que la obligada depreciación del $/€, que ha pasado del 0,9759 de aquel entonces al 1.5850 de hoy, y la apropiación del petróleo de Irak han permitido que el Paciente Americano no sea ya cadáver, como tantos otros civiles y militares.

A continuación os copio el extracto de su predicción de Armageddon económico que detalló off the record entre un selecto grupo de managers de fondos, sin periodistas, pero cuyos fundamentos se filtraron al Boston Herald. Atención a la fecha: 24 de Noviembre de 2004.

America has no better than a 10 percent chance of avoiding economic "Armageddon."

Roach sees a 30 percent chance of a slump soon and a 60 percent chance that "we'll muddle through for a while and delay the eventual Armageddon."

The chance we'll get through OK: one in 10. Maybe.

In a nutshell, Roach's argument is that America's record trade deficit means the dollar will keep falling. To keep foreigners buying T-bills and prevent a resulting rise in inflation, Federal Reserve Chairman Alan Greenspan will be forced to raise interest rates further and faster than he wants.

The result: U.S. consumers, who are in debt up to their eyeballs, will get pounded.

Less a case of "Armageddon," maybe, than of a "Perfect Storm."

Roach marshaled alarming facts to support his argument.

To finance its current account deficit with the rest of the world, he said, America has to import $2.6 billion in cash. Every working day.

That is an amazing 80 percent of the entire world's net savings.

Sustainable? Hardly.

Meanwhile, he notes that household debt is at record levels.

Twenty years ago the total debt of U.S. households was equal to half the size of the economy.

Today the figure is 85 percent.

Nearly half of new mortgage borrowing is at flexible interest rates, leaving borrowers much more vulnerable to rate hikes.

Americans are already spending a record share of disposable income paying their interest bills. And interest rates haven't even risen much yet.

You don't have to ask a Wall Street economist to know this, of course. Watch people wielding their credit cards this Christmas.

Roach's analysis isn't entirely new. But recent events give it extra force.

The dollar is hitting fresh lows against currencies from the yen to the euro.

Its parachute failed to open over the weekend, when a meeting of the world's top finance ministers produced no promise of concerted intervention.

It has farther to fall, especially against Asian currencies, analysts agree.

The Fed chairman was drawn to warn on the dollar, and interest rates, on Friday.

Roach could not be reached for comment yesterday. A source who heard the presentation concluded that a "spectacular wave of bankruptcies" is possible.

Smart people downtown agree with much of the analysis. It is undeniable that America is living in a "debt bubble" of record proportions.

But they argue there may be an alternative scenario to Roach's. Greenspan might instead deliberately allow the dollar to slump and inflation to rise, whittling away at the value of today's consumer debts in real terms.

Inflation of 7 percent a year halves "real" values in a decade.

It may be the only way out of the trap.

Higher interest rates, or higher inflation: Either way, the biggest losers will be long-term lenders at fixed interest rates.

You wouldn't want to hold 30-year Treasuries, which today yield just 4.83 percent.

Manda huevos.

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jueves 10 de abril de 2008

IMF y el trillón americano.

945.000 millones de $. Casi un billón español, o un trillón americano, que impresiona más. Estas son las cifras potenciales que se han calculado como pérdidas causadas y causables por la exposición al mercado de hipotecas americano y productos estructurados afines. De éstas, hasta hoy han aflorado sólo una cuarta parte. Pero no obstante si, y sólo si, los datos de IMF son fiables, estamos viendo la luz al final del túnel. Ya lo dijimos allá por el mes de septiembre justo después del pánico crediticio del mes de agosto que algunos vieron como el fin del Sistema, aunque desde entonces la economía global se ha deteriorado en caída libre. Pero ahora ya no lo dice un blogguero optimista en plena caída veraniega sino el IMF. La luz está lejos, la salida está en el punto kilométrico 945.000 y con toda probabilidad muchos quedarán en el camino. Pero tiene un final aparentemente cuantificado.

Os recomiendo a los que todavía no lo hayáis hecho que echéis un vistazo al resumen del informe de IMF de 28 páginas en español con vídeo incluido. No deja de ser una opinión como tantas se han escrito en blogs y periódicos de manera acertada o desacertada, caótica pero siempre LIBRE. En el caso del IMF es una versión oficial plasmada y cuantificada en negro sobre blanco, y mucho más realista que las versiones políticas que hasta la fecha se han dado. Hay que tener este informe en cuarentena (como todos) pero es de agradecer su publicación. Alguien debía hacerlo.

Como ya dijimos, el pánico a lo desconocido es mucho más nocivo para la confianza necesaria en el sistema económico que el pánico a las cifras y timings conocidos. Además, a pesar de que las crisis bancarias y las salidas de los armarios de basura crediticia habidas hasta hoy sean sólo la punta del iceberg, el mercado posiblemente ha descontado ya mucho más de la mitad de esta crisis.

Evidentemente la RV es la menos afectada por este descuento, pero es que quizás sea el pozo donde el flujo de inversión procedente de la RF se haya refugiado. ¿Quién iba a decir que alguna vez se podría considerar refugio la RV, verdad?

Alguno pensará: ¿Cómo puede considerarse que la RV haya sido receptor de flujos de dinero si ha sufrido bajadas desde hace varios meses? La respuesta es que con la que está cayendo, es decir con la desconfianza que existe en la RF, en el sistema crediticio, con las materias primas batiendo records, etc..., las bolsas deberían haber caído mucho más. La confianza no ha abandonado por completo a la bolsa por el momento.

Este refugio de RV es un pozo mucho más amplio y profundo que el de la RF, con lo cual su potencial de absorber flujos procedentes de materias primas y depósitos bancarios todavía es enorme. Y por lo tanto el rally alcista de la RV podría ser espectacular si vuelve la confianza al sistema, cosa que por otra parte parece difícil a corto y medio plazo.

Como ya hemos visto, la ausencia de esta confianza en la economía no tiene forzosamente que suponer mayores caídas de los mercados bursátiles. En un escenario de desconfianza generalizada deberíamos haber visto caídas en las bolsas más abultadas. Pero no ha sido así hasta hoy y la pregunta es ¿Qué más debe suceder para que las bolsas caigan a plomo continuando con el movimiento iniciado el 21 de Enero de este año? No seré yo quien ose a responder a esa pregunta pero lo que me parece claro es que, como tantas verdades absolutas que la crisis ha dejado obsoletas, la confianza y la bolsa ya no van de la mano. No vamos bien, desde luego, aunque un optimista en busca de oportunidades diría que vamos distinto, y quizás no le falte razón.

P.D. Hoy comienza el Ciclo de Conferencias de Rankia en Forinvest. No os perdáis la sesión de mañana de 17:30 a 19h. con Fernando Calatayud (Inversión, Especulación... y cosas mías) y Dimitri Uralov (Family Office) sobre la burbuja inmobiliaria, la crisis subprime y un análisis del escenario actual y sus perspectivas de futuro. Esperamos vuestros comentarios y consultas.

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martes 8 de abril de 2008

El Show de Truman financiero.

Hasta hace unos meses, en el mundo financiero, las basuras eran eficientemente recogidas, aprovechadas y recicladas por empresas privadas que hacían de ello su negocio. Estas empresas se llamaban: Crecimiento Económico S.A., Burbuja Inmobiliaria S.L., Financos & Inversópatas Inc., Tipos de Interés Bajos & Co., Vda. de Especulador e Hijos y alguna que otra más que no acierto a nombrar.

En los últimos años la Administración local o estatal, es decir los bancos centrales, no debían preocuparse por esos residuos que servían para satisfacer y hacer crecer empresas como las citadas sin aparente límite. Por nuestro lado, la sociedad civil, estábamos encantados con el orden y la pulcritud que reinaba en nuestras calles. Incluso algunos vecinos habían invertido sus ahorros presentes y sobre todo futuros en dichas empresas, augurándose un porvenir excelente. En el primer mundo, el Estado del bienestar ganaba la batalla de la pobreza endémica de otros lugares del planeta, sin duda alguna. Además sentíamos el indescriptible orgullo de ser capaces de generar riqueza sin que los residuos y basuras financieras nos crearan problemas. Éramos tan listos que incluso de las basuras sacábamos provecho.
La candidez era tal que gran parte de la población ni siquiera era consciente de que nuestra sociedad financiera y nuestro sistema económico generase basura alguna ni residuos tóxicos. Vivíamos en un perfecto Show de Truman financiero.
Pero durante al pasado año, especialmente cuando el calor apretaba, las empresas encargadas de recoger, reciclar y alimentarse de esos residuos, empezaron a sufrir serias dificultades. No sólo ya no crecían más sino que su tamaño había alcanzado tal magnitud, que su propia desproporción y los excesos en constante aceleración forzaron su proceso de extinción. Murieron de éxito, ni más ni menos. A partir de entonces las basuras empezaron a aflorar poco a poco. Al cabo de unos meses el ritmo de basura emergente aceleró y se empezaron a acumular ya insalubremente en nuestras calles.

El problema se agudizaba día tras día. Los residuos y las basuras empezaron a ser desagradablemente evidentes para la población, y la imagen hasta entonces impoluta de nuestra sociedad financiera desapareció como una pompa de jabón ante nuestros ojos, y con ella también lo hizo el ánimo de los ciudadanos. El pesimismo y la sensación de vacío bajo los pies de los inversores es hoy en día palpable.

Ya durante la segunda mitad del 2007 empezaron a encontrarse por la calle titulizaciones hipotecarias (hasta entonces conocidas como deuda AAA) en avanzado estado de descomposición. Pero a medida que han pasado los meses, la situación sanitaria del sistema financiero de nuestra sociedad ha empeorado mucho. Hoy en día ya se acumulan en cada esquina montañas de deuda financiera de origen putrefacto que nadie quiere ni siquiera mirar. El hedor se está haciendo insoportable superado ya el primer trimestre del 2008. El paso del tiempo empeora la situación puesto que la basura se genera y se genera sin cesar ante la atónita mirada de la sociedad civil y financiera. Nadie era consciente de que toda esa basura nos podía enterrar en cuanto el abusivo sistema de reciclaje y eliminación de residuos se desmoronase. Y muy pocos eran conocedores de la ingente cantidad de residuos que éramos (y aún somos) capaces de generar.

Hoy ya podemos ver y oler asquerosas basuras amontonadas en cada esquina, pero entre porquería titulizada de entidades financieras que se descomponen cada día que pasa, también encontramos algún pequeño tesoro aprovechable. De hecho ya hay quien se dedica a remover la basura y encontrar entre la porquería deudas corporativas no financieras que alguien tiró como un juguete roto. Están sucias y apestan, pero bien lavadas, aseadas y cuidadas podemos verlas convertidas en flamantes instrumentos financieros en el futuro. Son solventes y funcionan perfectamente, pero lamentablemente forman parte del detritus que nos hace malvivir hoy en día.

Por su parte la Administración, atónita por la súbita falta de interés de ninguna otra empresa privada en la recogida y reciclaje de los residuos, está por fin empezando a tomar medidas. Parte de la porquería que ya nadie quiere, y cuyo destino era la montaña de basura de la esquina, la está canjeando por aséptica liquidez. Muchos se apuntan al carro y sacan a relucir residuos que todavía no se habían atrevido a lanzar a las aceras como basura apestosa. Pero al menos alguien está limpiando, aunque sea una pequeña parte. La pregunta es ¿cuánto podrá limpiar una administración que no saca más que perjuicio de ese servicio público de limpieza? Y en seguida me asalta la segunda duda, ¿acaso no perjudicaba también a las empresas privadas que aparentemente se nutrían con esos residuos?