Rankia - Comunidad Financiera
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miércoles 9 de julio de 2008

Afeitados Alternativos.

Llegaron los pescadores en pleno río revuelto. Y ganaron por supuesto. Ganaron adeptos (o ineptos) escarmentados que quisieron ver en la inversión alternativa el sustituto de los rallies alcistas a los que les malacostubró la bolsa desde que el mundo es mundo. Su mundo, claro. Un mundo, el de estos inversores, que no se concibe sin plusvalías en RV que superen en muchos casos la capacidad de ganancias por la propia actividad laboral. Qué listos éramos todos, ¿verdad?

Pero llegaron los recortes de las bolsas y empezaron los reproches a sus vanagloriados gestores y banqueros. ¿Cómo no les avisaron de que iban a sufrir pérdidas tan grandes y tan persistentes? ¿Acaso no es ese su trabajo? ¿De qué sirven sus corbatas, sus cursillos (ya ni siquiera masters), su experiencia...? Ante esta avalancha de culpabilizaciones, los gestores suelen reaccionar de dos maneras muy distintas:

  1. El incompetente e inexperto (a pesar de haberlos de mediana edad) está tan sorprendido como el propio cliente. Jamás habría imaginado que la RV pudiera perder tanto y, lo más importante, más allá de uno o dos años malos. La mayoría incluso han arrastrado a la ruina no sólo a sus clientes sino también a sus familiares y amigos próximos, y por supuesto sus propios ahorros. De hecho a la única que no han perjudicado es a la propia entidad para la que trabajan, puesto que han vendido pescado a diestro y siniestro generando gran cantidad de comisiones. Pero no por ello conservarán su puesto, ya que la huida de clientes, y la consiguiente reducción de beneficios de la cuenta de explotación de dicho gestor, cava idefectiblemente su tumba laboral.
  2. En cambio el perro viejo (con casi todos mis respetos), sabe perfectamente que éstas son épocas de vacas flacas y que hay que torear clientes mañana y tarde. Aguantar el chaparrón como en otras épocas, aunque esta vez pinta peor puesto que no hay crack bursátil en el que excusarse, y además va para largo. No obstante sabe que dispone de armas alternativas para seguir succionando comisiones de sus clientes escarmentados por la RV tradicional. Las entidades para las que trabajan ágilmente se las han suministrado e incluso les han adiestrado mínimamente para usarlas.
No obstante hay gestores cuyo poder de convicción no es suficientemente opresivo y permiten durante algún tiempo que sus clientes dormiten en simples depósitos mientras la inflación les come y sus jefes de banca privada o de la gestora pierden la paciencia.

Pero centrémonos en los gestores y banqueros de champions, los pescadores que ganan en río revuelto, es decir los que realmente generan beneficios para las entidades en las que trabajan. Éstos han conseguido que sus clientes vean en la inversión alternativa una ídem para sus añoradas plusvalías anuales de 12, 18, 25% o incluso más. Se ha vendido el "antídoto perfecto" contra las bajadas de la RV occidental. Muchos inversores han comprado fondos alternativos confundiéndolos con Hedge Funds (algo muy común) y sin saber realmente que significa ni una cosa ni la otra. Sólo querían oír que dichas inversiones seguirían ganando dinero a pesar de las bajadas de las bolsas.

Poco les importa conocer la verdad. Y la verdad es que una inversión alternativa es algo tan indefinido y absurdo como decir inversión en mercados. ¿Saben los inversores si su inversión alternativa se basa en fondos Hedge con apalancamiento del 50% o del 800%? ¿Saben si invierten en curvas de tipos o en spreads de acciones? ¿Saben si han comprado un fondo de fondos con sus correspondientes múltiplos de comisiones? ¿Saben si su dinero apuesta por una empresa no cotizada (capital-riesgo) formando parte de su accionariado? ¿Saben si al mismo tiempo están invirtiendo en commodities, emergentes o energías alternativas? ¿Saben si están pagando un NAV con el fruto de una venta de derivados o a crédito que compromete el futuro de su inversión?, etc, etc... Las lamentables respuestas mayoritarias son NO. A lo sumo un breve histórico de resultados y volatilidades que más que nunca resulta inútil debido a la constante adaptación de las políticas de inversión al escenario del día a día. Porque una inversión alternativa goza de la mayor libertad de movimientos para sus gestores. Todo vale. Pero si todo vale y la tipología y estrategia de inversión se modifica sustancialmente y de forma constante, los históricos o trackbacks dejan de tener sentido alguno. Si además, puestos a descorrelacionarse (qué bonita palabra) del mercado, ante el desconocimiento de dónde metemos nuestro dinero, decidimos diversificar dentro de la diversidad más absoluta, ¿qué criterio de inversión tenemos? Nulo.

En esos casos, que son lamentablemente muy comunes, sólo nos ofusca la promesa de compensar los añorados beneficios bursátiles. Perdemos de vista el Norte, y por supuesto nuestro dinero. Las consecuencias ya son evidentes.

¿Cuál será el siguiente tumbo de los inversores promiscuos? La industria armamentística de los financos seguro que nos impresionará con novedosas y brillantes armas de destrucción (patrimonial) masiva.

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miércoles 28 de mayo de 2008

"The Show must go on (2)". El Absentismo Financiero nos condena a la mediocridad.

Corren tiempos difíciles para los inversores. Y éste es un síntoma premonitorio del empobrecimiento social que se avecina (ya lo advertimos hace un año). Cuando la inversión se torna especialmente difícil, los instrumentos financieros extrañamente inestables, el precio de mercado de los inmuebles en caída libre debido a un masivo aumento de la oferta, y cuando los clásicos ciclos económicos son distorsionados hasta su desaparición, estamos ante claros indicios de que nos encontramos en la antesala de una crisis económica que afectará fulminantemente a las empresas y a sus puestos de trabajo.

Aunque es obvio que esta crisis hace meses que afecta a los inversores sus efectos populares en el primer mundo todavía no se han hecho notar plenamente, pero no obstante ya están llamando a las puertas de millones de personas. Lamentablemente, en el segundo y tercer mundo diluvia sobre inundado, porque la necesidad de biocombustibles alternativos está provocando una hambruna que debería preocuparnos infinitamente más que los problemas contables de UBS, por poner un estúpido y vergonzoso ejemplo.

Al igual como el derrotismo inmobiliario perjudica nuestra correcta progresión patrimonial, el atrincheramiento nómada en depósitos bancarios arañando décimas sobre euríbor, hoy aquí y mañana allá, tampoco favorece el correcto y planificado crecimiento de nuestro efectivo. No obstante, ante estrategias que sólo contemplan la subida de la bolsa y el corto plazo que ha hecho ricos a miles y miles de inversores en los últimos años, los atrincherados en depósitos formarán la élite de los que supieron salir del mercado a tiempo y serán envidiados por invernar sin pérdidas hasta que vuelva la primavera bursátil (aunque los japoneses todavía la esperan desde hace 18 años). Pero su coste de oportunidad existe y en épocas de crisis suele ser alto.

En definitiva, tanto el Derrotismo Inmobiliario como el Absentismo Financiero suponen una inflexión peligrosa en la correcta progresión patrimonial, por la que debemos velar durante toda la vida y en cualquier escenario económico. Algunos diréis que evitar pérdidas que dejen nuestro patrimonio gravemente handicapado es un logro en los tiempos que corren. Por supuesto que es un mal menor y para muchos una quimera, pero sólo debemos conformarnos con evitar la minusvalía patrimonial si no somos capaces de mantener una correcta progresión con razonables garantías de éxito, sólos o con ayuda. Además el éxito en dicha correcta progresión dependerá totalmente del PGR diseñado y de la propia idiosincrasia del individuo o la familia.

Aquí debemos aclarar que el éxito patrimonial no debe ser exclusivamente la maximización de los rendimientos financieros. Riqueza y Felicidad son conceptos que debemos trabajar conjuntamente, ya que el primero suele poner en grave peligro el segundo como podemos ver en el siguiente gráfico:

"Un concierto no es una mera interpretación de un disco, sino un evento teatral"

Freddie Mercury
Del mismo modo podemos decir que la gestión de nuestro patrimonio no es una mera aplicación de fundamentos económicos a nuestras inversiones, sino la perfecta armonía entre Felicidad y Riqueza a lo largo de nuestra vida y la de nuestros descendientes.


Pero volviendo a la correcta progresión de nuestros activos y al Show que debe continuar, no debemos resignarnos ante un cambio de escenario. Lo que debemos hacer es cambiar con éste. Como el ratón en busca de nuevo queso. El Absentismo Financiero puede costarnos oportunidades irrecuperables en calidad y cantidad para nuestro patrimonio. Y sólo tenemos, en el mejor de los casos, una vida para hacerlo crecer.

No pretendemos inducir a nadie a aventurarse en inversiones cuyo riesgo no sea asumible o para las que no esté capacitado. Nada más lejos. Simplemente queremos compartir con todos vosotros los criterios y las directrices con las que trabajamos como Family Office. Éste es el camino que consideramos correcto y que nuestros Clientes recorren de nuestra mano. Y así lo queremos explicar y compartir en este blog para pequeños y medios inversores. La aplicación personal de cada uno dependerá de si comparten o no nuestros criterios y protocolos, de la capacidad y formación individual y de la ayuda que deseen o no recibir.

Difícilmente podemos aspirar a alcanzar un buen puerto si no conocemos el rumbo correcto. Sólo conociendo nuestros objetivos y limitaciones podemos centrar nuestros esfuerzos en intentar superar vientos y mareas, como por ejemplo la actual crisis de crédito y energética. Algunos lo lograrán. Pero sin clarificar la ruta, el destino y nuestro nivel de autosuficiencia, las posibilidades son nulas.

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domingo 27 de abril de 2008

Groucho y yo.

La relectura de este capítulo del libro "Groucho y yo" escrito por el mismo Groucho Marx, nos parece muy adecuada en los tiempos que corren. Es el relato en primera persona de su ascensión y caída en los mercados bursátiles en el Wall Street de 1929.

Reflexiones sarcásticas, irónicas y amargas de la psicología que repiten (repetimos) cíclicamente los inversores en busca de la riqueza sin esfuerzo ni relación con la productividad. Al igual que en las guerras, la memoria histórica es efímera, y aún lo es más si los ciclos se repiten a intervalos de más de una vida. Es decir, hoy en día ya no quedan supervivientes en edad de invertir que en aquel 1929 tuvieran un cierto poder de inversión.

Tampoco podemos comparar la actual crisis y previsible recesión con el crack de 1929. Para empezar, el crack actual es de crédito y no de bolsa, aunque quizás sea aún más grave por ese hecho. Además la globalización de la información, los impulsos electrónicos en forma de dinero y la complejidad financiera actual, nada tienen que ver con el escenario de los alegres años veinte. Pero define a la perfección la sensación que hemos podido vivir recientemente en la última burbuja tecnológica, sin ir más lejos. Unos momentos en que "muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway", o en que los camareros y carniceros hablan de los mercados como si se tratara del partido del domingo.

En fin lo mejor será que os deje con el magistral texto original (aunque algo reducido) del Sr. Groucho Marx, un genio donde los haya, y mi selección al final de algunas perlas y comentarios:
"...Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor. Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street.

Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días: Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo: - Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation" […] Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batín. -En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia. -Harpo -dije-, ¿estás loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros!

De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batín, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento.

Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no estén familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.

El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitual de Wall Street, quien le dijo en un susurro: -Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que del Cobre Anaconda. Se vende a ciento treinta y ocho dólares la acción y se rumorea que llegará hasta los quinientos. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo sé de muy buena tinta. Chico corrió inmediatamente hacia el teatro, con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos el alzamiento del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir seiscientas acciones. ¡Estábamos entusiasmados! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietarios de doscientas acciones de estos valores que rezumaban oro. El agente incluso nos felicitó. Dijo: - No ocurre a menudo que alguien entre con tan buen pie en una Compañía como la Anaconda.

El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día. Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba".

Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar.

Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente. -Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió: -¿Por qué no abandonas el teatro y olvidas esos miserables dos mil semanales que ganas? Son calderilla. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway.

-Max -contesté-, no hay duda de que tu consejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Los que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.

Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon […] El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije: -Max, ¿cuanto tiempo durará esto? Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson. -Hermano, ¡todavía no has visto nada!

Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar.

Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo. - No sé gran cosa sobre Wall Street - empecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones? Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo: - Señor Marx, tiene mucho que aprender acerrca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro.

- Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo?

Adecuadamente castigado y amansado, respondió: - Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane.

Con cierto cansancio pregunté: -¿Cree que es una buena compra? -No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.) -Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías. -Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí-. ¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas.

Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses. En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (Personalmente opino que vale esos dólares.) Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace.

[…] Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fui a verle en su camerino. […] Encanto -dijoCantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo? Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mí. Eddie, cariño - contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio! Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo: -Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs? -Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas? Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia mí. Por un momento pensé que iba a besarme. -¡No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs! -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores .

Luego consultó su reloj y dijo: -Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156… ¡y a 156 es un robo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos. ¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figurese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia.

A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Aflojé el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América.

Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street.

Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión. De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela.

Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse." Yo no estaba presente cuando la Fiebre del Oro del cuarenta y nueve. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba al todo el país.

El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro de que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición.

Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó.

Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. [...] Todo lo que dijo fue: "¡La broma ha terminado!" Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo...se suicidó.

En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo.

Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías.

Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creais que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? Cuando la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción. El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación..."
Groucho y yo (Groucho Marx).

Permitidme que remarque algunas perlas que me parecen especialmente aleccionadoras:
  • "Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar"
  • "¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones?"
  • "Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto"
  • "No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba?"
  • "Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor."
  • "Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street."
  • "...si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero."
***
  • "Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada."
  • "Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. "
  • "Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías."
  • "Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía."
  • "Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó."
  • "-La broma ha terminado" (...) "En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon...": "La broma ha terminado..."
******
Desde luego, la broma terminó, pero lamentablemente se trata de una broma cíclica.

Ahora sigamos escribiendo "bazofia" como el resto de analistas de mercados.

Mil gracias Sr. Groucho Marx, genio y figura.

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viernes 28 de marzo de 2008

Instituciones reguladoras en épocas de crisis. Sálvese quien pueda.

El domingo pasado se publicó en NY Times un artículo muy interesante sobre la situación en la que se encuentran las instituciones encargadas de controlar y regular los mercados financieros en EEUU tras la crisis de las hipotecas subprime y los últimos acontecimientos en el mercado bancario estadounidense.

Ya no es secreto para nadie que el complejo sistema de regulación de los mercados e instituciones financieras estadounidense, compuesto por más de una docena de organismos a nivel federal y estatal que incluye instituciones como la Reserva FederalTesorería, la F.D.I.C y la SEC, ha sido incapaz de proteger la economía contra la crisis como la de las hipotecas subprime, cuyas consecuencias se están sufriendo en todos los rincones del Sistema.


La grave situación en la que han metido a la economía estadounidense los errores cometidos en los años previos a la crisis ha generado un debate en la sociedad americana sobre el actual sistema de control de los mercados. Muchos apuestan ya incluso por volver a mayor intervención por parte del estado tras años de liberalización,

Este debate abierto tras la crisis iniciada en agosto pasado adquirió mayor fuerza tras las últimas actuaciones de la Fed en su tercer intento de paliar la insostenible situación de la falta de liquidez y confianza en los mercados financieros. Es posible que medidas como el intercambio de títulos por bonos soberanos de 200 mil millones de USD (que representa una cuarta parte de los recursos de la Fed) hayan tenido su efecto positivo, el mercado lo definirá. Sin embargo, medidas como la decisión de prestar 30 mil millones de US$ a JPMorgan Chase para la adquisición del naufrago Bear Stearns o otro grifo de crédito abierto para los principales jugadores de este gran circo de la crisis no dejan de crear ciertas dudas acerca de la política de estas instituciones reguladoras y el futuro del sistema de regulación a medio y largo plazo.

Los autores del artículo analizan, por ejemplo, en la "injusticia" que cometió la Fed en su reciente intervención al autorizar a los bancos de inversión (que operan en el mercado de capitales) a beneficiarse de la última inyección de crédito sin estar obligados al mismo nivel de control que los bancos comerciales. Recordemos que tras la Gran Depresión del 1929 las medidas adaptadas en EEUU separaban a los bancos comerciales cuya actividad se limitaba al negocio puramente bancario de los bancos de inversión (aunque estas restricciones dejaron de tener efecto a finales de los 80). A cambio de someterse a mayor regulación y aceptar la obligación a depositar un mayor nivel de reservas en la Fed, los bancos comerciales obtenían la posibilidad de aprovecharse de la liquidez de la Fed a través de la ventanilla de crédito en épocas malas. Sin embargo, fueron precisamente los bancos de inversión quienes rápidamente se aprovecharon la polémica decisión.

No sé si la estrategia de favorecer a unos jugadores del mercado frente a otros sea la más adecuada. Las dudas se hacen aun más grandes si pensamos que los bancos de inversión (junto a las calificadoras y los inversópatas) son probablemente los principales culpables de la mayor crisis financiera de los últimos años. Quizás esta sea la razón por la que una gran parte de la sociedad norteamericana empieza a preguntarse sobre el buen funcionamiento del actual sistema de control.

Es evidente que la situación (y la posición) obliga a la Fed y a otros organismos reguladores a actuar intentando arreglar el panorama con sus intervenciones. Pero aparte de ser poco justas, ¿no sería mejor que la naturaleza de los mercados y los scavengers hagan su trabajo acercándonos a un escenario más limpio y saludable?

Dejemos a los legisladores estadounidenses elaborando nuevas propuestas y a nuestros lectores opinando sobre el funcionamiento del sistema. Lo que está claro es que en épocas de crisis cualquier cosa vale mientras sigas manteniéndote a flote.

Sálvese quien pueda.

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jueves 28 de febrero de 2008

Monte Carlo y Paramés.

Nuestro amigo y pródigo blogger JMDV ha publicado martes y miércoles sendos resúmenes de la Conferencia Anual Bestinver. Eso es algo que agradecemos muchísimo los que no hemos podido asistir a esa conferencia, porque Paramés se ha ganado con cifras el ser un referente del que aprender, aunque siempre con espíritu crítico. Por esa coincidencia con la Conferencia y los resúmenes de JMDV, quizás no sea el momento más oportuno para publicar este artículo, que por otra parte estaba ya redactado en la nevera de "Borradores" desde el pasado sábado. O quizás sí. En cualquier caso allá va tal cual lo escribí durante el pasado fin de semana:

Gracias Fernan2 por seleccionar siempre con buen criterio lo Visto por ahí ;) Pues bien, a través de uno de tus links, he llegado a este estupendo artículo de Julio Cuesta (quant_Notes). Confieso avergonzado que no lo había leído antes.

Resumiéndolo mucho, Julio Cuesta (quant_Notes), realiza un experimento Monte Carlo para relativizar los éxitos de los mejores gestores de fondos de inversión. En él demuestra que estadísticamente entre un universo suficiente, siempre tendremos unas gestoras a las que el puro azar permitirá superar el benchmark esperado durante un tiempo limitado. Sin méritos de gestión, sólo puro azar estadístico. Os recomiendo que le echéis un vistazo antes de seguir con nuestro análisis.

Dicho esto, vamos a buscarle tres pies al gato a este experimento o al menos lanzar alguna reflexión al aire:

Extrapolemos esta simulación en la que el puro azar supera al mercado en base a la gran cantidad de fondos y gestores fracasados, a otros escenarios no bursátiles. Por ejemplo a la probabilidad de ser feliz con tu pareja para el resto de tu vida. Siguiendo los pasos de la simulación de quant_Notes cabría pensar que deberíamos tomar como variables, el historial de todas las parejas y no sólo las personas no divorciadas o separadas. Sólo así tendríamos una idea clara de lo que le espera, estadísticamente, a un/a joven que va a empezar a compartir su vida con otra persona. Siguiendo el mismo razonamiento, un inversor que por el contrario confía en un gestor por encima de otro, sería quien tiende a pensar que una pareja que lleva muchos años de feliz vida en común, debe hacer algo mejor que otras que quedaron por el camino.

Es difícil imaginar que alguien que acumula 5, 7 o 12 divorcios o separaciones tiene la misma predisposición a ser feliz con su pareja hasta que la muerte los separe, y que simplemente ha tenido peor suerte que su amigo, el monógamo perpetuo. Es inverosímil que a las parejas que cambian de compañero/a como quien se cambia de calzoncillos, y a las que son estables a largo plazo, sólo las distinga el azar. Me resisto a creer que forman parte del llamado sesgo de supervivencia. Lo mismo podríamos decir de quien cambia de puesto de trabajo o lo mantiene hasta la jubilación. Encontraríamos infinidad de otros ejemplos también extrapolables. ¿Es sólo azar o perfiles personales e idiosincrasias distintas que determinan la futura evolución de una pareja o un puesto de trabajo? Del mismo modo ¿es sólo azar o gestiones distintas que determinan el éxito o el fracaso de un fondo de inversión?

No estoy diciendo que no comparta parcialmente las conclusiones de este experimento, pero me niego a pensar que la capacidad humana no es capaz de batir al mercado, más allá de lo que el propio azar sabe hacerlo. No obstante la estrategia de los gestores exitosos puede quedar fácilmente obsoleta e inútil ante la evolución y los cambios brutales que sufre nuestro escenario económico global. Y eso responsabiliza en mayor medida al azar de los resultados de los fondos exitosos pasados, presentes y futuros.

Lo curioso y cierto es que para la gran cantidad de gestores y fondos existentes que se crean y desaparecen constantemente, los históricos significativos que deberían separar el grano de la paja, son demasiado cortos. Es decir, deberíamos comparar los resultados de ese sesgo de supervivencia con un t=100 o 1000, o sea 100 o 1000 años de histórico de resultados para tener mayor seguridad de que hay algo más que sesgo de supervivencia o survivorship bias en sus éxitos. Cinco, diez o veinte años son trayectorias matemáticamante insuficientes dado el universo de gestores existente. El fracaso de los exitosos quizás sea cuestión sólo de tiempo, si realmente sus resultados son producto del azar. Pero aún siendo así, dado que nuestra vida como inversores es finita y se restringe a unas decenas de años en el mejor de los casos, sólo necesitaremos coincidir en el tiempo con los "t" exitosos de los gestores con los que nos tropecemos. Poco nos debe importar que el tiempo adjudique el éxito a la gestión o al azar ya que para los que nos tocó vivir sus "t" de éxito, ellos fueron los mejores gestores. Además los escenarios de inversión son tan cambiantes que las presuntas estrategias de gestión ganadoras dejarán de serlo con "t" que vaya más allá de algunas décadas. Por lo tanto, de hecho, jamás sabremos si el éxito pasado vino dado por la gestión o el azar.

Podríamos decir que los Mercados tienen un componente estocástico que no podemos ignorar, pero que debemos aprender todo lo posible del determinismo de algunos gestores.

Por lo tanto, ¿forma parte Paramés de una élite de gestores cuya estrategia es capaz de superar a los mercados permanentemente? ¿O por el contrario forma parte del sesgo de supervivencia junto con el resto del ránking mundial de los mejores gestores de bolsa? En mi opinión es un verdadero crack como gestor, a pesar de que su oficio le obliga a rotar sus carteras quizás más allá de lo que íntimamente desearía. Pero hay que agradecerle a Nassim Nicholas Taleb que nos abra los ojos con su "Fooled by Randomness" y con "The Black Swan". El primer libro, para relativizar los históricos exitosos que tanto nos gustan; y el segundo como ejercicio de Humildad ante lo que nos depararán a partir de hoy las bolsas. Dos obras a partir de las cuales nos miraremos los gestores y los Mercados con otros ojos, sin duda alguna.

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viernes 15 de febrero de 2008

Busque, compare y si encuentra algo mejor... deslocalícese.

En nuestro anterior artículo La deslocalización de las fortunas (I) se comenta la estadística de dos fortunas diarias deslocalizadas sólo desde España o Francia, las francesas mayoritariamente a Suiza. No se debe confundir la deslocalización de fortunas con la evasión fiscal. La simple evasión fiscal duele menos a las arcas de los estados con alta fiscalidad, ya que a pesar de ser mucho más numerosas, son parciales e incluso algunas temporales o circunstanciales. Sin embargo una deslocalización es definitiva y total. Casi siempre son un cambio hacia una mayor calidad de vida y de entorno fiscal. Suelen ser también movimientos de grandes patrimonios que pagaban (como comentaba Cachilipox) en base a ingresos, ganancias, tenencias y consumos, enormes cantidades de dinero. Esa deslocalización duele mucho al erario del país hasta entonces tenedor de esa fortuna. El ejemplo del artículo mencionado, evidentemente es americano y por lo tanto difícilmente extrapolable a España, pero nos parece ilustrativo.

A colación de estas deslocalizaciones, vamos a hablar de un fenómeno que se plasma cada día con más fuerza: La competencia fiscal entre paises. La globalización también ha llegado hasta el punto de que la oferta y la demanda de fiscalización de los paises atrae flujos de capital de unos a otros Estados. Quizás debemos ya dejar atrás los conceptos de rico insolidario, evasor y otros adjetivos leídos comúnmente, y comenzar a darnos cuenta de que demonizando su comportamiento, no conseguiremos nada mientras en los países vecinos ofrezcan condiciones fiscales más favorables para nuestros ricos. No digo que sea un mejor o peor escenario que el antiguo "pague Ud, según la legislación vigente o vaya a la cárcel", posiblemente sea más injusto. Pero es la cruda realidad, hoy en día es más bien un "pague Ud, según la legislación vigente en España (con 17 legislaciones vigentes autonómicas donde elegir) o vaya a pagar según la legislación vigente en cualquier otro país que le ofrezca mejores condiciones". Algo así como el viejo "Busque, compare y si encuentra algo mejor deslocalícese."

Lo que hasta ahora era una cuestión ética y de solidaridad para con los más pobres del mismo Estado, cada vez más deberíamos tratarlo como una cuestión de Mercado y de globalización fiscal.

Por ello los países más pobres que graven menos las fortunas de los ricos de los paises vecinos, los atraerán en mayor o menor medida (léase Malta, Irlanda, Uruguay, Belize o los mismísimos países del Este). Enriqueciéndose así sus arcas públicas que les permitirán ser cada vez menos pobres. Se crea así una cierta redistribución de mercado de la riqueza, solo que debemos cambiar el chip del nacionalismo para entenderla y pensar más en la globalización, también en temas de fiscalidad.

Algunos dirán que tradicionalmente los países fiscalmente más atractivos no son precisamente pobres sino todo lo contrario, pero preguntémonos cuál es la principal fuente de su riqueza... ¿Qué nivel de riqueza tenían años antes de legislar con fiscalidades ventajosas países como Mónaco, Andorra, Luxemburgo o Suiza?

Quizás no sea un escenario más justo, o sí, pero la globalización nos lleva a ello. Nos guste o no. Se nos ocurren infinidad de ejemplos de justicia discutible que podríamos llegar a comparar: ¿Es justo que los que cultivan fruta en Europa, en ausencia de leyes proteccionistas, pierdan cuota de mercado a favor de agricultores africanos o sudamericanos que cobran menos por sus productos? ¿Es justo que se paguen 3, 6 o 12.000 € por m2 de una vivienda? ¿Es justo que se pague por una acción de una empresa 10 o 100 veces su valor fundamental? ¿Es justo que los impuestos de un rico de un país A se deslocalicen en favor del erario de un país B que le cobra menos? La realidad del Mercado a veces eclipsa a la Justicia.

Pero ¿el Mercado deja de lado a la Justicia, o la entiende de modo distinto? Sería discutible si es más justo que un europeo deba abandonar su actividad como trabajador o empresario en favor de trabajadores y empresarios más pobres del segundo y tercer mundo. También sería cuestionable que un trabajador de la Volkswagen en Navarra pierda su puesto de trabajo en favor de un parado en Eslovaquia o Rumanía donde se levantan nuevas fábricas de automóviles. O si fue justo para el trabajador alemán que quedó en el paro tras la deslocalización de Volkswagen hacia Navarra. Dependerá básicamente del color del cristal con que se mire. Si pensamos globalmente, la Ley del Mercado a menudo redistribuye en cierta forma la riqueza del planeta.

Mientras algunos siguen indignados insultando a legisladores y a ricos por sus contubernios impunes, quizás deberíamos aceptar una realidad multinacional donde la ética o la inmoralidad la encontraremos en la propia Ley de libre Mercado. Una Ley que, paradójicamente puede redistribuir la riqueza del planeta más eficientemente que la propia Política. Y los flujos de las fortunas en busca de fiscalidades menores no son una excepción.

Nos guste o no, el escenario global fiscal va en esa dirección. Poner puertas al campo siempre ha resultado muy difícil. Una SICAV o la condonación o supresión del impuesto de donaciones, por poner unos ejemplos, ya no son malignas estrategias hechas por ricos y para ricos. Son la evolución natural para evitar absurdas puertas en el campo. Y la globalización ha hecho de las fiscalidades de todo el planeta un gran campo.

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