Rankia - Comunidad Financiera
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jueves 19 de junio de 2008

El Monopoly termina en bancarrota o no termina.

La riqueza, afortunadamente, se redistribuye mayoritariamente de forma natural. Es decir, los adinerados gastan excedentes con mayor facilidad en favor de los menos ricos. Esta cuasi-ley universal existe en infinidad de ámbitos: Desde el rico que vive a un ritmo que significa el sustento de muchas familias a su alrededor; hasta el club de fútbol del G14 que paga una cifra enorme por un jugador de un club mediocre, ayudándole así a equilibrar los perjudicados balances de este último.

Casi siempre el aumento de riqueza deriva en un aumento del gasto, consumo, inversión y/o como le queramos llamar, beneficiándose de ello muy diversos colaterales. Algunos llamamos a esa relación un cierto modo de Win-Win, aunque algunas veces se convierte en una relación parasitaria. Algunos diréis que el rico cada vez es más rico y el pobre cada vez más pobre, por culpa de la explotación del primero sobre el segundo. En ese caso entraríamos en la polémica de quién es el parásito y quién el huésped. Pero la lucha de clases no es el motivo principal de esta reflexión, así que obviaremos dicha polémica y consideraremos (justamente o no) que el rico es el huésped y el pobre el parásito cuando no se trate de una relación Win-Win.

No todas las relaciones parasitarias son tróficas, es decir que suponen un incremento de recursos monetarios que alimentan al parásito. A veces el beneficio que se obtiene del rico o poderoso se traduce en protección frente a terceros, influencia, ocio, negocios, prestigio u otras ventajas muy diversas que tienen poca o nula relación con el dinero.

Otro ejemplo de redistribución de la riqueza sería la donación filantrópica. Quizás mayoritariamente su volumen sea residual, pero fijémonos en las grandes donaciones que de vez en cuando se producen. Por ejemplo la reciente donación de Warren Buffett de 37.400.000.000'-$ a fundaciones benéficas (cuando leemos todos los ceros impresiona más, ¿verdad?). Estos tipos de actos filantrópicos suponen la manera más diáfana y directa de redistribuir riqueza. La más radical y a la vez loable forma de Win-Win descompensado o parasitismo voluntario por parte del huésped. Ante una actitud altruista de este calibre, la balanza de los dos "win" o el "perjuicio" que causa el parásito como sujeto pasivo es algo que, felizmente, se nos escapa del análisis tradicional de la relación entre riqueza y pobreza.

Habrá quien critique este tipo de actos como un mero blanqueo de la conciencia del rico. Yo prefiero pensar que con lavandería o sin ella, estamos ante redistribuciones efectivas de la riqueza que honran a la raza humana. Las ONG's (algunas) se encargarán de no sólo redistribuir meros recursos sino también de fomentar pequeñas formas de creación de riqueza autónomas, como por ejemplo pozos, presas, escuelas, etc. En este punto no puedo dejar de mencionar a Vicent Ferrer y su ejemplar Fundación, a la que personalmente me unen un par de lazos espléndidos.

Filantropía, comercio, negocios, ocio, influencias.... sea, pues, la relación entre el rico y el pobre parasitaria o de Win-Win, tiende a compensar en mayor o menor medida la distribución de la riqueza.

Pero últimamente hay algo que me tiene un poco preocupado. No estoy seguro de que las manos que acumulan una ingente cantidad de riqueza desde que empezamos el nuevo siglo, tengan el mismo perfil de los ricos a los que tradicionalmente estamos acostumbrados. Me refiero básicamente a chinos y sobre todo a árabes (personas físicas y jurídicas) que están acumulando día tras día cantidades astronómicas de dinero. Tengamos en cuenta que el dinero anteriormente siempre ha estado en manos de occidentales, ya sea por méritos de la propia civilización o por expolio de terceros mundos, pero así ha sido tradicionalmente. Pero los tenedores de grandes riquezas han cambiado en la última década, en el último par de años, me atrevería a decir. Y quizás la forma de gastar o repercutir su riqueza con el resto del planeta no sea tampoco la tradicional.

Los grandes multimillonarios del pasado siglo, desde que a la Economía moderna se le puede llamar así, han sido siempre occidentales. Grandes businessmen que han amasado sus grandes fortunas en la industria, empresa o incluso el comercio. Prohombres diversos, por supuesto, pero todos ellos de cultura occidental. Tan sólo a finales del s.XX pudimos ver algunos multi-millonarios japoneses cuya cultura se aleja mucho de la occidental, pero fueron efímeros y mucho menos significativos que los actuales grandes tenedores de fortunas. Mi opinión personal es que muchas enormes fortunas creadas en los últimos pocos años, que crecen a un ritmo nunca visto, se están formando sin el empeño, esfuerzo y constancia de los tradicionales multi-millonarios businessmen occidentales. Es sólo una impresión, cierto, pero si estas nuevas fortunas de volúmenes jamás imaginados se han formado de una forma un tanto pasiva por parte de sus tenedores, sus objetivos futuros sin duda serán también distintos a los tradicionales.

No se trata en absoluto de discriminación cultural, religiosa, ni mucho menos racial. Sólo es una reflexión que me lleva a pensar que la riqueza ya no está en manos de nuestra cultura occidental, como ha estado siempre históricamente hasta hace muy pocos años. Y la siguiente pregunta que lanzo al aire es: ¿Qué consecuencias puede tener este fenómeno? ¿La redistribución de la riqueza tradicional se verá modificada?

Es como si en una eterna partida de Monopoly, tácitamente los ganadores devolvieran cíclicamente los billetes a la banca para que la partida no tenga fin. Y de pronto, los ganadores tuvieran un nuevo perfil y se cuestionaran si van a devolver su riqueza para seguir la partida eternamente o no. La pregunta que no me atrevo a hacerme a mi mismo es qué pasará con nuestra partida si los ricos nuevos deciden romper con la tradición.

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lunes 16 de junio de 2008

Los embargados ya no pueden poner gasolina.

Sé que no os impresionarán las cifras económicas que a continuación os voy a mencionar. Son datos reales y públicos a los que nuestra mente se ha acostumbrado muy rápidamente. La cascada de cifras negativas que salen a diario nos hacen insensibles a su significado, pero cada una de ellas tiene, no sólo significado sino repercusión macroeconómica que desemboca en afectaciones de bolsillos personales.

No olvidemos que al final de la cadena económica estamos las personas y los datos terminan traduciéndose en bienestar o malestar individual. El dinero, el trabajo, los ingreso, los gastos... todo se ve afectado de una forma u otra, tarde o temprano, por esas cifras económicas que nos llueven constantemente, y que desde hace unos meses son pésimas. La globalización en las comunicaciones hace que veamos imágenes detalladas e inmediatas de catástrofes naturales al otro lado del planeta, pero no dejan de ser fenómenos locales de los que la globalización sólo nos informa. Pero en economía la globalidad no sólo nos informa sino que también nos afecta directamente. Acostumbrarnos a oír y leer cifras económicas negativas y curtir nuestros sentidos, como si se tratara de la noticia de la inundación de un remoto país en el telediario de las tres, no nos evitará la afectación personal.

Este mes de mayo 2008 las solicitudes de ejecuciones hipotecarias en los EE.UU. han aumentado un 48% respecto al mismo mes del 2007. Si contabilizamos también los avisos oficiales de incumplimientos, 261.255 familias han faltado a sus obligaciones hipotecarias, o sea casi uno de cada mil habitantes de la primera potencia económica mundial. En los últimos 29 meses siempre ha aumentado la cifra interanual de ejecuciones hipotecarias. En concreto éste último mes 1 de cada 483 hogares ha sido ejecutado promediando todo el país, pero hay estados como Nevada donde la proporción es 1 de cada 118 hogares. También California y Arizona están sufriendo la terrible resaca de embargos después de la borrachera hipotecaria de los últimos 8 años.

Otra cifra escalofriante: En España un 10% de las hipotecas superan el valor de los inmuebles hipotecados. No sé a vosotros, pero a mi me dio mucho que pensar, sobre todo si tenemos en cuenta que se obvian muchos peritajes obsoletos que a nadie le conviene actualizar.

Los embargados, o los que lo van a estar, no sólo pierden en favor del banco su mayor o menor porción de vivienda que ya era suya, sino que también ven como el petróleo afecta fatalmente a sus bolsillos. Si esta crisis energética se hubiera producido antes, se habrían ahorrado algunas cuotas de su hipoteca, empeorando aun más los balances de sus bancos acreedores. Dicho de otro modo, el incremento de precios hará que muchos ya no puedan hacer frente a sus créditos, provocando más y más ejecuciones.
Llegados a este punto, si está siendo tan vital el desplome de los intereses en EE.UU. para salvaguardar el sistema financiero lo es aun más, si cabe, la moderación en la escalada energética. Un crudo a 150, 200 o 250 US$ por barril hará inútiles las costosísimas medidas adoptadas por FED, BCE y otros muchos bancos centrales. Los descensos de tipos, las inyecciones de liquidez al sistema... todo se lo llevará por delante la asfixia económica energética y su inflación de primera ronda. El G8 ya advirtió de este peligro el pasado sábado con comentarios inusualmente agresivos.

La distopía petrolífera ha desplazado de los titulares al credit crunch, pero ambas crisis conviven coincidiendo en tiempo y espacio. Y esta convivencia de dos escenarios tan graves es inaudita, histórica y espeluznante. Además existen efectos colaterales derivados de éstas que agravan la perspectiva, como por ejemplo la vergonzosa crisis alimentaria del tercer mundo, causada por la súbita sobreproducción de biocombustible, que se extiende peligrosamente también al segundo mundo.

Algunos no se dieron cuenta de la gravedad de la situación hasta el pasado mes de Enero, cuando la bolsa tuvo un breve periodo espasmódico. Pero como no fue más que un "coitus interruptus" y algunos siguen asociando exclusiva y torpemente la palabra "crack" al de 1929, muchos siguieron (incluso alguno todavía sigue) pensando que si las bolsas no se desploman será porque la cosa no está tan mal.

Los ciclos han desaparecido y el nuevo orden económico global todavía nos resulta caótico. Un caos que comprenderemos con el tiempo. Esta crisis es tan inaudita e histórica que ni siquiera un crack bursátil tradicional nos puede guiar en el camino del actual escenario. Ya desde el pasado verano venimos diciendo que nuestra economía de hoy formará parte de los libros de texto económicos de las generaciones futuras. Pero vamos camino ya de tesis doctoral.

El otro día un director regional de una conocida banca privada española me dijo: "El único motivo que tienen las bolsas para subir, es que no existe ningún motivo". Frase lapidaria donde las haya, sobre todo viniendo de un cargo como el suyo. Esta crisis es The Big One, sin duda. Quizás nos daría alguna clave releer el artículo de mi colega GFO "Inflacionar o Morir".

Para acabar os dejo con un fragmento del comentario que hizo Manuelmad (lo siento pero no sé dónde linkarte) a nuestro artículo de Mad Max, y que suscribo totalmente:
"Igual vivo en el mundo de la alegría, pero prefiero pensar que los años que tengo por delante van a ser los años de mayor desarrollo tecnológico y cultural de toda la historia, precisamente por la crisis que se nos está viniendo encima.
Hace poco leí a un artículo sobre el milagro de Singapur, un país que no tenía nada y que hasta hace muy poco era tierra de mosquitos y enfermedades. El reportero preguntaba a un empresario como lo habían conseguido, la respuesta fue que la escasez da eficiencia y la eficiencia da riqueza.
Momentos como estos son los que cambian el desarrollo del mundo. Si son para mejor o para peor, eso ya depende de la óptica con la que cada uno lo mire."
Como dijo Victor Hugo:

"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
"

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miércoles 7 de mayo de 2008

Back to the Future. Paradoja del Tiempo y del Dinero.

La mayoría de nosotros hemos estudiado alguna vez el Número de Avogadro. Una cifra constante, enorme y relativa al número de átomos o partículas existentes en la ínfima cantidad de materia llamada mol. Paradójicamente es un número tan elevado que bien podría ser astronómico, dándonos una idea de la relación entre átomos y universo.

Retrocediendo en el tiempo, este Número de Avogadro dio luz a la teoría atómica de la materia, que a su vez se basó en el movimiento Browniano (Robert Brown, botánico). Con ese nombre se bautizó a la trayectoria aleatoria e impredecible de las partículas de polen al chocar con las moléculas del agua en la que estaban suspendidas. Pero no os asustéis, aunque no lo parezca vamos a hablar de finanzas, economía y en definitiva de dinero.

Louis Bachelier (foto), basándose en estos movimientos brownianos, realizó su tesis doctoral conocida como The Theory of Speculation, publicada en el año 1900 (precursor donde los haya). Fue considerado el pionero en el proceso estocástico, un análisis que quedó delimitado al mundo matemático y científico varias décadas hasta que Fisher Black y Myron Scholes (éste último premio Nobel en 1997) le dieron el impulso definitivo a su aplicación financiera en 1973. A continuación podemos ver su famosa fórmula para calcular el premium de una opción:

La idea de estos matemáticos y sobre todo de estos economistas no fue otra que la de traer capitales del futuro para su aplicación en el presente. Es decir conseguir una fórmula matemática que cifrara cuánto ha de pagar un inversor hoy para tener derecho a comprar algo en el futuro, y viceversa. Es decir cuánto vale el riesgo en el que incurre el vendedor para fijar hoy el precio de un activo futuro. Black-Scholes lo determinaron matemáticamente, de forma casi infalible (sic). A partir de ahí despegó un nuevo mundo de inversión llamado futuros y posteriormente su infinita evolución hacia todo tipo imaginable de derivados. Nacía así el Chicago Board of Trade (CBOT) y se establecía el caldo de cultivo idóneo para alcanzar la burbuja crediticia actual, agravada por la inmobiliaria. El dinero y la riqueza dejaron de pertenecer al reino de la energía, donde exclusivamente se creaba o se destruía vía productividad, y mayormente se transformaba o cambiaba de manos. Se inició una peligrosa dinámica en la que el dinero dejó de tener relación con la producción y empezó a viajar a través del tiempo, pero sólo en una dirección. Donde la capacidad de creación de riqueza virtual y de inversión actual se tornó casi infinita a través de la globalización de los cálculos estocásticos. Hace años que sólo hay que ir al futuro y disponer de activos y posibilidad de inversión de algo que todavía no tenemos, porque nos creemos perfectamente capaces de cotizarlo con exactitud. Al más puro y salvaje estilo Back to the Future.

Pero cuidado, aunque la mayoría de los usuarios de las finanzas matemáticas no sean conscientes de ello, el modelo browniano no es aplicable correctamente con turbulencias o grandes crisis y variaciones, o sea en la actualidad. Riesgo y Valor son dos conceptos que las matemáticas difícilmente podrán cifrar con precisión jamás. Hay un componente psicológico demasiado importante que se multiplica enormemente con la globalización de los mercados de inversión. Sin ir más lejos, la determinación del riesgo de una entidad financiera a quebrar en menos de un año, nada tiene que ver con la probabilidad de éxito de ese mismo método de cálculo a 10 años, por ejemplo. No obstante los derivados no serían intrínsecamente nocivos para el sistema si sólo se utilizaran en empresas cuya productividad sobrepasara en mucho el premium pagado por el margen de riesgo. Pero esto haría reír a la mayoría de financos e inversópatas que a diario parasitan (parsitamos) en el Sistema Económico. Sería como decirle al prepotente nuevo propietario de un flamante Ferrari que sólo puede ir en primera y a medio gas, o sea, ni por asomo.

La expansión de crédito es una herramienta diabólica capaz de fabricar periodos de crecimiento económico virtual. Y los modelos de finanzas matemáticas, además, nos dan una falsa sensación de seguridad, de cálculo y control del Riesgo y del Valor. Nada más lejos, desgraciadamente.

Hasta hace unas décadas, las contracciones y expansiones de dicho crédito, conllevaban las bonanzas y crisis económicas cuyos ciclos todos hemos conocido y estudiado. Pero el uso y abuso global de los derivados traen al presente ingentes cantidades de dinero del futuro que han hecho estallar por los aires los ciclos, hasta ahora conocidos por todos. Por lo tanto los sistemas y teorías basados de una u otra forma en estos ciclos (casi todos) que se han repetido durante más de un siglo, han dejado de funcionar parcial o totalmente desde que estalló la burbuja crediticia. (Las hipotecas también han traído abusivas cantidades de dinero del futuro, pero esta vez a cambio de nuestro tiempo y productividad vital, pero de eso hablaremos otro día.)

Así pues, podemos ver un periodo de recesión que vaya mucho más allá de la corrección de este exceso crediticio e inmobiliario. O bien que el poder de atracción del dinero del futuro sea tal que veamos un pullback sólo transitorio en los próximos meses, y que éste nos haga huir peligrosamente hacia adelante unos años o décadas más. El Futuro es más que nunca impredecible, aunque su dinero ya nos lo hayamos gastado e invertido.

No nos cansaremos de repetir que la inversión en instrumentos no relacionados directamente con la producción son nocivos para el Sistema, nuestro Sistema Económico. Pero aún lo son más si los alimentamos con dinero arrancado del futuro. Deberíamos poder desinvertirlos y devolverlos al futuro, pero eso no es posible. Sólo invirtiendo lo ya producido podremos conseguir que nuestro dinero, paulatinamente y con largo esfuerzo, viaje Back to the Future.



En la primera versión de esta trilogía cinematográfica el argumento es comprensible y atractivo. Sin embargo el abuso del hilo argumental a través de la segunda y tercera parte, hacen que deje de ser tan comprensible para el espectador. El final, incluso para la industria del celuloide, es una paradoja, tal y como podemos ver en el anterior vídeo. Comercialmente funciona muy bien, ya que sin demanda no cabría la oferta de más secuelas, pero si en lugar de un divertimento ocioso se tratara de economía y finanzas, este abuso se convertiría en nocivo. Eso es lo mismo que ocurre con los derivados y la burbuja crediticia, financiera e inmobiliaria. La demanda existía y existe, pero el abuso nos lleva a paradojas que en el plano del sistema económico y financiero mundial posiblemente tengan terribles consecuencias insostenibles.

Las paradojas en el tiempo han tenido una repercusión creativa muy importante a lo largo de los años, y dan un juego para la ficción inagotable. Pero prefiero pensar que mis inversiones no dependen de la teoría de la relatividad. Al menos en lo relativo a la teoría.

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lunes 5 de mayo de 2008

La Fiesta del Trabajo. O cuando el trabajo es algo festivo.

Antes de que me podáis tachar de insolidario con la clase trabajadora, explotador u otros tópicos relativos al detrimento de los derechos de los trabajadores, quiero aclarar algunos puntos:

Considero que los sindicatos, históricamente jugaron un papel crucial y necesario en la sociedad del siglo XIX y XX. Tanto la primera como la segunda Internacional consiguieron logros importantísimos para los derechos de los trabajadores, entre ellos el elemental derecho a la huelga.

Sin duda el sindicalismo ha moldeado la naturaleza del capitalismo más feroz y purista. De hecho muchos economistas consideran el actual capitalismo globalizado un híbrido entre el socialismo/comunismo fracasado en la segunda mitad del s. XX y el ultra-capitalismo promulgado a principios del siglo pasado. El capitalismo de nuestros abuelos se habría escandalizado ante el intervencionismo estatal en las economías modernas occidentales; y también ante los acuerdos sociales que consiguen año tras año los sindicatos modernos.

Pero el espíritu trabajador y la lucha obrera en pos de la consecución de derechos frente a la patronal, a pesar de ser un fenómeno que se da de forma muy parecida en casi en todo el planeta, tiene excepciones muy significativas. Entre ellas encontraremos el comportamiento de la relación trabajador-patronal que se da en los países en los que todavía se mantienen regímenes totalitarios o pseudo totalitarios, que son secuelas del comunismo fracasado del siglo pasado. Estos fenómenos también están evolucionando rápidamente con la adopción de un voraz capitalismo, esta vez estatal, por parte de países como China o Rusia, entre otros. No obstante en esos escenarios de capitalismo socializado también se dan ciertos tics y conflictos entre trabajadores y empresa, aunque sea estatal.

Después del fracaso del comunismo en la segunda mitad del s. XX, llegamos a la conclusión de que el capitalismo, sea salvajemente liberal o socializado, es el segundo mejor sistema con el que puede funcionar el mundo...Ahora sólo nos falta descubrir cuál es el primero. Pero eso sería otro tema digno de un sinfín de artículos...

Volviendo a la relación laboral que nos ocupa, otra gran excepción digna de un detenido análisis en esa relación trabajador-patronal, que todos aceptamos como normal en el primer mundo, es Japón. Dicha relación en ese país es absolutamente excepcional y admirablemente sostenida en el tiempo. El respeto de un trabajador hacia su patrón y empresa es algo difícil de comprender para nuestra mentalidad sindicalista, en la que indefectiblemente los intereses del empresario deben chocar frontalmente con los del trabajador por definición. Pero ¿qué pasaría si eso no fuera así tampoco en occidente?

Muchos pensaréis que si los intereses del trabajador se acercasen a los del patrón, la situación social de la clase obrera se deterioraría peligrosamente en el tiempo, y la desproporción de riqueza entre ambos se incrementaría. Ante esta reflexión analicemos la situación de los trabajadores de Japón. Sus horas de trabajo semanales y productividad están muy por encima de las que acostumbramos a ver a nuestro alrededor, sin duda. Pero no podemos decir de ningún modo que la clase obrera japonesa está explotada o que su nivel de vida no sea más que digno. Las empresas niponas cuidan paternalmente de sus trabajadores hasta extremos impensables en occidente. Tanto es así que para hablar de explotación y falta de dignidad laboral, deberíamos dirigir nuestra mirada hacia el tercer mundo, pero en ningún caso al paradigma del capitalismo y la producción moderna que es Japón.

Como ya sabéis, siento una pasión y debilidad especial por el país nipón. Quizás por eso admiro muchas de sus peculiaridades que no dejan de sorprenderme después algunos viajes. A continuación os copio un par de anécdotas de mi amigo Héctor García que podéis ampliar en la que, con toda seguridad, es la web en español mejor y más completa para conocer Japón y sus peculiaridades: Kirai. Un Geek en Japón:
"Un amigo que trabaja en Kodansha (la editorial más grande de Japón) me ha contado el proceso que han seguido para eliminar una revista con la que no generaban suficiente dinero. Para echar a los empleados, lo que hicieron fue “sugerirles” que fueran buscando otro trabajo varios meses antes de la eliminación del departamento. Conforme se fue acercando la fecha en la que tenían previsto terminar con la publicación de la revista, Kodansha pasó a sugerir a los empleados del departamento que dejaran la empresa voluntariamente. Al final consiguieron su objetivo, todos los empleados del departamento se marcharon voluntariamente, no tuvieron que echar a nadie (Ahorrándose todos los costes de echar a empleados). Este es un ejemplo de cómo los empleados se “solidarizaron” con los problemas de la empresa, asumieron su responsabilidad en el fracaso del departamento y sintieron la obligación de marcharse voluntariamente para no hacer más daño a la empresa. ¿No os parece increíble esta forma de actuar? Si esto pasara en una empresa Europea me imagino huelgas, sindicatos quejándose etc. Este es un ejemplo de cómo los japoneses evitan los conflictos a toda costa y el papel que juega el sentido de obligación giri a la hora de tomar decisiones."
Para nuestra mentalidad parece ciencia-ficción o fruto de una patronal opresora en la que la clase obrera esté esclavizada y amenazada gravemente, ¿verdad? Algo difícil de creer en un entorno de libertad del primerísimo mundo. Pero e pur si muove.

De todos son sabidos los problemas por los que atraviesa desde hace ya más de veinte años la economía japonesa. No obstante su nivel de vida sigue siendo envidiable (incluso ahora, en tiempos recesionistas o de estanflación envidiamos también su ausencia de inflación) para la inmensa mayoría del planeta incluida buena parte del primer mundo. Personalmente os diré que este sentimiento obrero respecto a su responsabilidad en la marcha de la empresa también me parece envidiable, al igual que el respeto de las empresas hacia sus empleados. En este sentido, tradicionalmente en Japón los puestos de trabajo se han conservado de por vida, con aumentos de sueldo en la medida en que la edad y las obligaciones familiares del trabajador crecen. Curiosamente esta forma de retribución se aleja del incentivo por productividad o por competitividad al que estamos salvajemente acostumbrados aquí. Os preguntaréis: ¿Cómo se puede retribuir más a un empleado mediocre de edad avanzada que a un joven que despunta por su especial competencia? Resulta difícil de comprender para nuestra mentalidad y a priori perjudicial para mantener un alto nivel de competitividad. Sin embargo, para cualquier sindicato occidental la precariedad del trabajador de edad avanzada y su dificultad para encontrar trabajo es un caballo de batalla de difícil resolución. A pesar de este compromiso tradicional del patrón japonés con el trabajador a lo largo de toda su vida, la economía de ese país se ha erigido hace ya casi medio siglo como un referente mundial de productividad, competitividad, tecnología, innovación y muchas otras virtudes reconocidas.

Desconcertante, como tantas y tantas facetas de un país de contrastes del cual el resto del mundo deberíamos aprender mucho. La relación trabajador-empresario en Japón define a la perfección el concepto win-win al que tantas veces hacemos referencia. Y esa relación contrasta especialmente con la de sindicatos-patronal del resto del planeta.

A continuación podréis leer otra anécdota personal de Kirai en la que os sorprenderá la curiosísima relación formal entre patrón y empleado:
"Hace unos días estaba en una cafetería con dos compañeros de trabajo, en otra mesa estaban otros dos compañeros y en una tercera mesa estaba el presidente de nuestro holding. El presidente fue el primero en terminar, pasó por mi mesa a saludar, pero no hizo ningún tipo de reverencia, él está muy por encima de nosotros, fui yo y mis compañeros quienes le hicimos una reverencia y un par de comentarios. Al pasar por la otra mesa el presidente no conocía a sus propios empleados (somos más de mil ahora mismo), así que ni siquiera saludó. Pero resulta que al presi se le cayó la cartera al suelo junto a la mesa de los empleados que no conocía, uno de ellos recogió la cartera y se la llevó al presidente hasta la puerta de la cafetería. El presidente al ver que un “desconocido” (en realidad es un empleado suyo) le había ayudado a recuperar su cartera comenzó a hacer reverencias de 90 grados (máximo respeto). ¡Era la primera vez que veía al presidente haciendo reverencias de 90 grados! Si el presidente hubiera sabido que la persona que le devolvía la cartera era un empleado suyo no habría hecho ninguna reverencia (No debe agacharse ante un empleado de rango inferior), simplemente habría puesto cara de sorpresa dando las gracias. Esta es una situación donde se vio claramente el papel que juega el uchi y soto en la vida diaria japonesa y un ejemplo de cómo el nivel/rango que ocupas en la sociedad/empresa/grupo es importantísimo en Japón."

En este video podéis ver un tradicional Shinnenkai de la ex-empresa de Kirai. Comprobaréis las diferencias con una cena de Navidad de cualquier empresa española y su inefable amigo invisible.

En definitiva me parecen reflexiones interesantes para concienciarnos de la diversidad posible de relación entre trabajador y empresario. Distintas maneras de convivir dos mundos sin el entendimiento de los cuales, no es posible la sostenibilidad del sistema capitalista por muy socializado que éste sea. En cualquier caso me parecen reflexiones interesantes en este primero de Mayo, cuando en la mayor parte del mundo se deja de trabajar para celebrar la Fiesta del Trabajo, mientras en algunos lugares el trabajo es algo mucho más festivo.
¿La civilización occidental? Bueno, sería una excelente idea.
Mahatma Gandhi.

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miércoles 23 de abril de 2008

Como poner un fin a la crisis de crédito Sub-prime



Durante el pasado mes de marzo, Paul Craig Roberts, prestigioso economista norteamericano quien, entre otros cargos, fue asistente del ministro de finanzas durante el primer mandato de Ronald Reagan, realizó unas declaraciones sobre como acabar con la crisis de crédito.

Las reformas, decía, a menudo causan mas perjuicios que beneficios. Es el caso actualmente con la norma de valoración a precio de mercado, que está haciendo implosionar el sistema financiero Norte Americano obligando a las instituciones financieras a valorar los prestamos hipotecarios de alto riesgo a su valor de mercado corriente.

Esto causa grandes problemas a los balances. Estos títulos financieros se han convertido en problemáticos antes que se haya creado un mercado para ellos ya que son comercializados directamente del emisor al inversor. Ahora que están en dificultades y que su verdadero valor es desconocido, nadie los quiere. La dificultad de convertirlos en líquido les atribuye poco valor.

Esto provoca una gran presión en los balances. La fuerte depreciación del valor de los productos derivados del subprime empuja a las instituciones financieras que los poseen a la insolvencia, destruye sus stocks de valores y les obliga a vender sus capitales líquidos no perturbados, provocando así el declive global del mercado bursátil.

La solución consiste en suspender la norma de valoración a precio de mercado, así las instituciones estarían autorizadas a guardar sus títulos en dificultad a un valor contable razonable, es decir 85 a 90% de su valor contable hasta que la creación de un mercado organizado de estos activos pueda poner orden y permita a las instituciones financieras valorar los prestamos hipotecarios subprime y los otros títulos problemáticos a un valor de mercado real, no de pánico.

Suspender la norma de valoración a precio mercado debería acabar con la presión de los mercados bursátiles, hacer inútil la bajada de tipos de interés, de la FED, con el objetivo de forzar liquidez en la economía a través de un sistema bancario cojo. El problema real de fondo no es una falta de liquidez, sino el valor de liquidación de unos nuevos títulos financieros mal concebidos. Los bajos tipos de interés pueden agravar la crisis acelerando la caída del dólar. Ahora que empieza a repuntar la inflación, mas liquidez por parte de la FED agrava la situación económica.

Es del todo insensato permitir que una reforma genere una crisis financiera, pero es lo que está pasando. Desgraciadamente hay quien sostiene que haría falta una Armageddon financiero para crear un “peligro moral”.

​​​​Es evidentemente cierto que la titulización de prestamos hipotecarios de alto riesgo fue una mala idea, que mucha gente, que debería haber tenido mas conocimiento, abrió las válvulas a la codicia y al fraude, y que “alguien debe pagar”. Pero no debería ser ni el público en general ni la economía quien pague.

​​​Es igualmente cierto que, sin los irresponsablemente bajos tipos de interés de la política monetaria de la reserva Federal, que gestaron el boom inmobiliario, los títulos de la deuda de alto riesgo, nunca hubieran sido creados, o al menos no en tales cantidades. El rápido movimiento alcista de los precios inmobiliarios debía, en teoría, dar vialidad a los prestamos de alto riesgo. ¿En que pensaban los emisores de deuda y la Reserva Federal?

​​​No hay ninguna duda en que la codicia, el fraude y la medidas erróneas han tenido su parte de culpa. Pero el epicentro del problema es la “reforma” de 1.999 que derogaba una reforma precedente conocida como la Glass-Stegall Act.

​​​​En 1933 la Glass-Steagall Act separaba el negocio de los valores mobiliarios de las operaciones de bancos comerciales. Impedía que la especulación sobre los títulos pudiera destruir el capital bancario, disminuía los depósitos bancarios de los bancos en quiebra y los bancos estaban ligados a los depositantes. En 1.999 El Congreso y el Presidente Bill Clinton derogaban estúpidamente la Glass-Steagall Act.

La derogación de la ley de 1933 fue motivada por la sed de beneficios en el sector bancario y por la ideología del “mercado libre”, que pretende que el mercado libre es siempre superior al mercado regulado. Forzando la derogación, El Congreso y Clinton no tuvieron en cuenta los advertencias del General Accounting Office (GAO, Oficina general de contabilidad) quienes avisaron que los bancos debían constituir sus fondos propios antes de ser autorizados a iniciarse en el amplio espectro de los títulos de empresas. El GAO advirtió también que no existían en ese momento estructuras de regulación para supervisar la nueva red financiera que resultaría de la supresión del muro entre los bancos comerciales y bancos de inversión.

​El resultado es que la codicia y la ideología salieron vencedores frente a los sabios consejos. El resultado, una crisis que, si es mal gestionada, será desastrosa.

Paul Craig Roberts fue Asistente del Ministro de Finanzas durante el primer mandato del Presidente Reagan. Fue redactor adjunto en el Wall Street Journal What-Murdoch-Must-Do-With-Dow-Jones . Ha desem- peñado varios puestos universitarios, entre ellos una cátedra de profesor en la Fundación William E. Simon, en el Centre for Strategic International Studies en la Universidad de GeorgeTown, estuvo a cargo de la unidad de investigación superior en la Hoover Institution y en la Universidad de Stanford. Autor de Supply-Side Revolution : An insider account of policymaking in Washington, de Alienation and the Soviet economy y de Meltdown : Inside the Soviet Economy y es co-autor junto con Lawrence M. Stratton de The Tyranny of good intentions : How Prosecutors and Bureaucrats are trampling the constitution in the name of justice. Fue condecorado con la Legion d’Honneur por el presidente francés François Mitterrand.

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lunes 21 de abril de 2008

La química inestable de la molécula económica.

Según podemos ver en el gráfico anterior, del siempre interesante blog de Investorsconundrum y elaborado por Bank of America, el spread existente para el CDX IG (Credit Default swap norteamérica) al que cotizan las emisiones de deuda con grado de inversión respecto al tipo oficial del dinero, es decir riesgo de insolvencia cero, es elevadísimo. Hasta aquí, relativamente comprensible dada la desconfianza habida en ese tipo de RF y a la sequedad de dicho mercado. Pero lo realmente asombroso es que, tal y como se observa en el gráfico, estos niveles de spread deberían corresponderse con niveles de RV muchísimo más bajos. Específicamente en el gráfico vemos la cotización del S&P 500, que históricamente ha cotizado muy por debajo de los 1000 puntos cuando los niveles de spread de la deuda (CDX NA IG Index Spread) han alcanzado el nivel de 150 bps.

En los últimos 9 meses, y coincidiendo con la crisis mundial crediticia, esta relación históricamente conservada entre el spread de la deuda y los mercados bursátiles ha saltado por los aires como jamás se había visto. Por ello, y por otros motivos, venimos advirtiendo hace meses que estamos haciendo historia económica. Lo que está ocurriendo en la actualidad está siendo erróneamente comparado con el crack del 1929. Es muy distinto. Y me atrevería a decir que mucho más trascendente.

Vamos a explicar y a analizar detenidamente lo que hemos dicho hasta ahora:

El spread a que cotiza el yield de una emisión es la diferencia que una empresa (o estado) debe pagar de más por encima del tipo de interés oficial para que la deuda que pretende colocar entre los inversores sea atractiva y pueda venderla. Lógicamente, cuanta mayor sea la confianza en esa empresa, menor será el diferencial sobre el tipo oficial que deberá pagar a los inversores para que estos les presten su dinero a cambio de estos pagarés, bonos, etc. Obviamente a menor confianza el diferencial se disparará. En la actualidad dicho spread alcanza niveles altísimos debido a la desconfianza reinante desde el pasado verano. Por lo tanto los seguros o coberturas Credit Default swaps, cuyo índice sobre estos CDX se muestran en el gráfico del encabezado, se encarecen proporcionalmente. Podéis compararlo con este gráfico de la derecha correspondiente al spread sobre el tipo del Tesoro americano a 5 años que había en el 2004. Además, hoy en día el mercado está tan seco que se pueden sufrir diferenciales en la propia cotización de la deuda entre bid y ask (oferta y demanda) verdaderamente demenciales.

Lo que el gráfico y la lógica nos dicen es que siempre ha existido una relación entre la confianza o desconfianza en la deuda emitida por una empresa, y la confianza o desconfianza de los inversores en la cotización de las acciones de dichas empresas en la bolsa. Es decir, cuanta mayor confianza en la deuda corporativa, menor spread sobre el tipo oficial, menor CDX y mayor cotización en bolsa de sus títulos. Y viceversa. Absolutamente racional y hasta hoy ley universal de la economía moderna. Pues bien, desde que estalló la llamada crisis de crédito, esta relación lógica ha dejado de existir.

Hoy vemos que la desconfianza en la deuda corporativa con grado de inversión es enorme y por lo tanto sus spreads y costes de coberturas son de escándalo. Pero sin embargo las cotizaciones en bolsa de dichas empresas, que conservan casi intactos sus ratings de solvencia (paradoja irrelevante por la falta de credibilidad de las calificadoras en los últimos tiempos) siguen a niveles que distan mucho de la desconfianza, aunque se encuentren ya oportunidades value. Es decir, ¡los inversores de bolsa siguen confiando en sus títulos pero paradójicamente no en su deuda! Ilógico, sí. Inestable, también.

Este escenario, por lo tanto, tenderá a buscar su estabilidad en los próximos meses, sin duda. Como lo hace cualquier enlace químico en su camino molecular. La pregunta del millón es de qué lado se va a estabilizar: Puede recuperarse la confianza en la deuda corporativa disminuyendo los spreads actuales y aumentando el precio de la cotización actual de la RF; o bien perderse la confianza en los valores que cotizan en bolsa, en cuyo caso veríamos minusvalías en la RV como auguró la pasada semana Goldman Sachs para el S&P 500.

Personalmente creo que es más factible, y por supuesto deseable, la primera opción (con su permiso, Sres. analistas de Goldman Sachs). Porque ante el estallido de la burbuja inmobiliaria y crediticia, parece que los mercados de RV se hayan tomado como un cierto refugio inversor, aunque yo mismo me sorprenda de lo que acabo de decir. Con esta inmunidad sorprendente que parece tener la RV a la desconfianza reinante, la estabilización bien podría llegar vía recuperación de la confianza en la deuda corporativa con grado de inversión ya que hoy por hoy los fundamentales de empresas no financieras siguen siendo sólidos. Por su parte, los de las financieras quizás estén mayoritariamente ya descontados, vía cotizaciones actuales, publicaciones de resultados y provisiones de fondos para pérdidas de próximos ejercicios. Esto alejaría el fantasma de la profundización del ciclo bajista iniciado en los mercados de RV hace ya prácticamente un año, devolvería la confianza, y por supuesto estabilizaría a su vez el gráfico del encabezado reduciendo a niveles razonables los spreads. De hecho hoy ya se encuentra ligeramente por encima de 100, aunque la volatilidad de estos índices sigue batiendo récords.

Me parece claro que hay un gran flujo inversor en busca de pozos seguros, que está desconcertado y atrincherado en depósitos bancarios. Es cierto que otros flujos se han aventurado en pozos especulativos de materias primas, divisas o inversiones alternativas, pero parece claro que hay un gran potencial de inversión tradicional a la espera de fluir (hoy en depósitos y deuda soberana AAA) en cuanto se recupere la confianza en el Sistema. Incluso me atrevería a decir que la desconfianza podría estar ya muy descontada, a excepción de la desconfianza en la RV que, como ya hemos explicado, podría llegar de la mano de malos resultados corporativos que estabilizarían también el escenario actual vía caídas de las bolsas, y en cuyo caso los spreads de la RF investment grade se mantendrían batiendo marcas en el tiempo dando lugar a una crisis global nunca vista.

Resumiendo, podríamos contemplar una estabilización del sistema en dos escenarios muy distintos: El de la confianza y el de la desconfianza. En el primero, el spread de la RF con grado de inversión disminuiría y la RV podría seguir flat o incluso emprender nuevos rallies gracias a los flujos latentes mencionados. Mientras que en el segundo, la RF seguiría muy castigada y veríamos en los próximos meses resultados muy negativos de las grandes empresas arrastradas por cifras macroeconómicas recesionistas pésimas. Eso nos llevaría a ver caídas bursátiles muy abultadas, al menos en el primer mundo. Aunque los mercados emergentes podrían verse menos o incluso nada afectados.

No obstante, tengamos en cuenta que cuando las reacciones de los mercados parecen obvias, siempre aparece un black swan que deja en evidencia a los faltos de humildad...

En definitiva contemplamos dos escenarios opuestos, pero ambos estabilizarían el desajuste aberrante que hoy en día sufre la RF y la RV, la confianza y la desconfianza. Lo que nos parece inviable es que se prolongue en el tiempo la situación actual porque es inestable. Y la tendencia a buscar la estabilidad, como en la química molecular, debería ser una ley difícil de obviar a medio y largo plazo. Como dije en un comentario a este interesante artículo de Kretan:

Se discute si habrá deflación o hiperinflación, estabilización hacia la confianza o la desconfianza, etc... pero no seguiremos en tierra inestable de nadie durante mucho tiempo.

Jamás la Economía fue tan global y tan próxima al Yin y al Yang.
¿No os parece?

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