
Seguramente casi todos podemos estar de acuerdo en que durante nuestras impredecibles vidas debemos intentar acumular unos bienes que nos permitan alcanzar la decadencia con una estabilidad económica digna. Envejecer, enfermar y morir son etapas ineludibles en nuestras vidas. Aunque bien pensado sí que podemos eludir la vejez si morimos jóvenes, e incluso la enfermedad si además lo hacemos accidentalmente. Pero visto lo visto prefiero aferrarme a la esperanza de envejecer y enfermar antes de morir.
Todo ello en un escenario de comodidad financiera se hace más llevadero. Sobre todo por el trato que te dispensará tu entorno si está pendiente de una herencia más o menos sustanciosa. Todos tenemos casos cercanos de personas que han llegado a su decadencia dependiendo de la caridad de otros, ya sean familiares, amigos o el propio Estado. Aunque no sabría decir cuál de estos es menos fiable, me atrevería a establecer los Amigos como la tabla más estable a la que agarrarse si se ha mantenido una trayectoria vital honesta y noble, cosa poco común.
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