La globalización, internet, la velocidad de la información, la popularización de la formación académica, el intercambio inmediato de conocimientos y experiencias en todo el planeta, la posibilidad de inversión globalizada, etc... Todos estos conceptos podríamos vincularlos con el
crowdsourcing y la relación de amor-odio entre los pequeños inversores y la Renta Variable.
Hace unos pocos años apenas unos cuantos inversores se atrevían a invertir su dinero en bolsa tomando sus propias decisiones. Y los que lo hacían debían formar parte de una
élite de businessmen que operaban con volúmenes medios a través de brokers asignados en las grandes empresas especializadas que,
paternalmente, se ocupaban de aconsejar el mayor número posible de movimientos de cartera con vampirescas intenciones. El pequeño inversor debía abstenerse o conformarse con lo que su banco fuese capaz de hacer con sus ahorros, o sea mediocridad o incluso pasividad.
Leer más