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5 de mayo de 2008

El comercio es un invento divino



Hermes es hijo de Zeus, el que domina los rayos, y de Maya, la más joven de las pléyades hijas de Atlante. Nació en Arcadia, en una cueva del monte Cileno. Aún era un niño de pañales, cuando un día, aprovechándose de un descuido se bajó de la cuna, y él solo, llegó a Tesalia donde Apolo cuidaba los rebaños. En un arrebato de codicia, robó doce vacas, cien terneras y un toro, y los llevó hasta Pilos. Luego se encontró la concha de una tortuga y se le ocurrió la idea de tensar sobre la cavidad de la concha unas tripas de vaca. Hermes, acababa de inventar la lira; luego, regresó a su cueva.

Apolo, gracias a su arte adivinatorio descubrió todo el asunto, entonces, se fue al monte Cileno para quejarse ante Maya. Pero esta le mostró al niño en su cuna. Apolo acudió a Zeus, le explicó el suceso y el dios que amontona las nubes, enseguida ordenó a Hermes que devolviera lo que había robado, pero el niño mostró la lira y dijo a Apolo: “Te cambio esto por los animales”. Apolo quedó prendado de aquel instrumento musical y respondió: “Trato hecho, y no se hable más”.

Los dos hermanos hicieron las paces y volvió la tranquilidad al Olimpo. En aquel momento quedaba hecho el invento más divino; el mayor y más importante entre todos, porque marcó el principio de la civilización, el robo dejo de ser la forma habitual de conseguir, y pasó a ser un delito. Entonces, se abrió la puerta al progreso por permitir cualquier intercambio imaginable, sin desenvainar la espada.
Después de un tiempo, Hermes inventó la siringa, que es esa flauta que tiene dos cañas; y también se la vendió a Apolo, quien en pago le entregó El Caduceo, que es una varita mágica que lleva dos serpientes enroscadas y es símbolo del poder y la inteligencia. Tanto llegó a gustarnos el comercio, que desde entonces nos afanamos en comprar y vender cuanto más mejor, con el fin de llegar a conseguir el poder de comprar más, y más caro.

Lo raro, lo verdaderamente difícil, es encontrar algún mortal capaz de nadar contra corriente, y que se sienta feliz sin necesitar lo superfluo. El sueño dorado de cualquier hermes, es naturalmente, tropezarse con muchos y muy buenos apolos.

A pesar de que hoy se compra y se vende más que nunca, creo que el arte del genuino comercio está muy descuidado. Se dice que la guerra empieza cuando fracasa la diplomacia, pero bien podría ser que la guerra fuese consecuencia de la falta de buen comercio.