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28 de febrero de 2008

Grafitos en Pompeya




No sé si había una bolsa de comercio en Pompeya, pero sí que existían entonces, las compañías por acciones especialmente para el comercio de ultramar. El costo de armar una nave que llegara a Britania en busca de latón, o a Hispania en busca de oro y plata, o a Etiopía en busca de inciensos, etc., requería un reparto del riesgo.


EL VESUBIO



Por obra y gracia del Vesubio, el día 25 de agosto del año 79, Pompeya dejó de existir. En veinticuatro horas la vida desapareció por efecto de los gases venenosos y a continuación, una lluvia de cenizas cubrió la ciudad con una capa que llegó a ocho metros de espesor.


Precisamente, las cenizas fueron el medio que sirvió para conservar la ciudad casi intacta. Por esa razón ha llegado hasta nosotros en todos sus detalles. La ceniza conservó las herramientas, ajuar y los muebles, incluso se puede observar la calidad de la carpintería de las ventanas. De otras ruinas, se recupera normalmente mosaicos, estatuas y objetos de barro o metal, en Pompeya, además de esto, se han conservado las pinturas de las paredes.

Las excavaciones empezaron en 1.738 por orden de Carlos III de España, rey también de Nápoles y Sicilia, y aún hoy, después de doscientos setenta años queda mucho por desenterrar. El trabajo de los arqueólogos ha catalogado ya más de diez mil grafitos, que son “la tira”, si tenemos en cuenta que la población no llegaba a cincuenta mil personas. La mayor parte de los grafitos se hicieron con carbón, pero también se hicieron con pintura, especialmente de color rojo. Las condiciones climáticas de Pompeya, no permiten su persistencia más de unos diez años en contacto con el aire. Si a esto unimos el terremoto del año 62 y la limpieza que usualmente se hacía de las fachadas, los más antiguos de estos grafitos deben de ser del año 60. Se copiaron cuando se les vio salir a la luz, y hoy ya se han desvanecido.


Muchos de esos grafitos proceden de manos furtivas que injurian, y otros, tienen cierta finura de sentimientos.

A continuación pongo una pequeña muestra de que ayer y hoy son la misma cosa.

Uno con intención política: “Mástulo con su cofradía de mentulados os ruega que votéis como edil a Gneo Helvio Sabino, digno de ese cargo público".

Este es un clásico: “Serena odia a Isidoro”.
Entre dos puertas de una casa: “Si cagas aquí, ay de ti”.
En una esquina: "Me he meado en la cama. Lo confieso, he cometido un pecado, pero si me preguntas, hospedero, la razón, te diré: no tenía orinal".

A la izquierda de una puerta, uno erótico festivo: “Me he jodido a la tía de la taberna”.

A los pocos metros del anterior: "Me han jodido aquí".

Uno de carácter comercial: “En las posesiones de Julia Espuria, hija de Félix, alquilan unos baños muy cómodos y bien equipados para gente distinguida, tiendas con sus habitaciones y comedores en el primer piso desde el trece de agosto hasta el trece de agosto dentro de seis años, durante cinco años completos. Si a alguien le interesa, póngase en contacto con nosotros”.
Este para el final: “Mucho me maravillas, pared, al no caerte hecha pedazos, abrumada por el peso de tantos ocios escribidores”.

Francisco Llinares ha hecho una propuesta para defender los intereses de los inversores minoritarios que suscriben títulos del AIAF.
En el artículo Carta abierta al presidente de AUDASA, propone lo siguiente:
HUELGA DE SUSCRIPCIONES CAIDAS DE TODOS LOS TITULOS QUE LUEGO ENTREN A COTIZAR EN EL AIAF.
A la que me adhiero en un intento de difundir esta iniciativa.

20 de febrero de 2008

No quiero ser gato

Cuentan por ahí, que hace unos dos mil seiscientos años, Esopo, un hombre que se ganaba la vida contando fábulas en las ferias de los pueblos, un día dijo así:

"Estaba un escorpión a la orilla del río intentando encontrar el medio para cruzarlo, cuando vio llegar una rana; cuando la tuvo al alcance de su voz, le dijo:

Ayúdame a cruzar, que yo solo, no me atrevo a hacerlo. A lo que la rana contestó: Si te dejara subir a mi lomo, tú podrías matarme. El escorpión replicó: no tengas miedo, piénsalo bien, si yo te matara la corriente me llevaría y me ahogaría sin remedio. A pesar de que las ranas no tienen un pelo de tontas, esta se dejó convencer; le permitió subir sobre su lomo y cuando ya estaban en medio de la corriente, el escorpión clavó su aguijón en la cabeza de la rana, que al verse ya herida de muerte, dijo: ¡Desgraciado! ¿Cómo has podido faltar a tu palabra?, me matas, y tú te matas también. El escorpión contestó: Lo siento por los dos, pero está en mi naturaleza".

Algo tiene mi gato en su naturaleza que le impide mejorar su vida. En mi casa no tenemos calefacción central y por eso, en los dormitorios conectamos radiadores, de esos de aceite que funcionan con electricidad, para dormir calentitos. Nuestro gato, que es muy friolero, se acomoda a los pies de la cama con nosotros, y todos tan contentos. Pero a eso de las cuatro y media o cinco de la madrugada, él se despierta, salta a la cama, y nos topa con fuerza como si fuera un toro de Pala.

Esto lo hace en un intento inútil, para conseguir que nos levantemos y le demos su desayuno. Consecuencia de su inoportuna actitud, es que pocos minutos más tarde está de patitas en el pasillo pasando frío. Pero es que mi gato no se entera de que poseer es renunciar. Y yo, ¿qué es lo que debería hacer en la bolsa para ganar más y perder menos?. No tiene gracia que sepa lo que ignora mi gato, y no sepa lo que ignoro yo.

El gato es muy hábil y aprende muchos trucos para conseguir lo que le pide el cuerpo, pero no acierta a hacer lo que más le conviene. Un perro, un caballo, o un ratón ya lo habrían comprendido, pero mi gato no lo consigue. ¿Será que no puedo ganar en la bolsa porque hago lo que me pide el cuerpo, igual que hace el gato?.
A él, el jugo gástrico le empuja a reclamar comida; a mí las molestias en el estómago y la
flojera de piernas me empujan a comprar o vender acciones cuando no debo hacerlo. Mi mente,
para escapar del remordimiento, me miente y encuentra otros culpables.
Ni siquiera los nacidos en Madrid pueden permitirse ser gatos cuando están frente a la bolsa.
A propósito de Esopo; él solía decir, que lo que se descubre con facilidad, con facilidad
se desprecia.

18 de febrero de 2008

Al estilo de Caravaca que cada uno fume de su petaca

El artículo de José María, publicado el viernes día 15: “Ganador: Francisco Llinares”; me hace dudar de que se refiera al debate que escuché el jueves pasado. Francisco reconoció que no sabía de análisis fundamental, y me parece que al terminar el debate no había aprendido nada, así pues, no ganó.

Una vez, un hombre se acercó a un conocido y le dijo: ¿Quiere que cambiemos unas impresiones? A lo que el otro contestó: ¡No, que salgo perdiendo!

Es normal que muchos reclamemos humildad en los demás sin procurárnosla nosotros mismos, y además les exhortemos para que se desarmen completamente. Lo raro sería que fuera al revés; eso hace tiempo que no lo veo.

La oratoria es una herramienta poderosísima. Platón decía que no se debería enseñar a ningún hombre, nada que no fuera aritmética, gramática o gimnasia, hasta que este cumpliera los cuarenta años de edad; y ya entonces, cuando hubiera demostrado sus cualidades humanas, los maestros decidirían si era prudente o no, instruirle en los conocimientos que dan poder.

Uno de los que enseñaron retórica fue Aristóteles, y advirtió de sus peligros. Por mi parte, no comprendo a aquellos antiguos que explicaban como se hace, lo que no se debe hacer.

José María, porque se nota que el debate no te hizo feliz, propongo que nos relajemos todos con estas palabras de Aristóteles:

“Placentero es, con todo, tras ponerse a salvo, acordarse de las fatigas”.

O estas otras también de Aristóteles:

“Pues luego también con los dolores, disfruta el hombre acordándose de que mucho padeció y trabajó mucho”.

o con este dialogo entre Alceo y Safo:

Alceo.—Quiero decir algo, pero me lo impide la vergüenza.
Safo.—Si tuvieras el deseo de cosas buenas y bellas y no te revolviera tu lengua a decir algo malo, la vergüenza no te dominaría los ojos, sino que hablarías de lo que es justo.

Lo mejor del debate que nunca existió, fue que no se interrumpieron el uno al otro.

13 de febrero de 2008

Bendito dinero


Antes de que se inventara el dinero, los intercambios comerciales eran un desastre. Los que solamente tenían trigo para cambiar y necesitaban una manta, se desesperaban si el tejedor rechazaba el trigo y a cambio pedía lana o queso. Seguramente el mercado en la plaza se inventó para que se pudiera hacer cambios múltiples a tres o más bandas, y que finalmente, después de mucho discutir, cada uno consiguiera lo que necesitaba.

Esta forma de proceder posiblemente crearía mucha violencia verbal y también física, además, siempre habría algunos que tendrían que volver a sus casas sin conseguir cambiar sus géneros, y en consecuencia, se producirían robos ante la imposibilidad de conseguir lo que más necesitaban. Alguno tendría en su casa un montón de sandalias, hechas con primor, y sin embargo ese año pasaría hambre.

Uno de los héroes Homéricos pagó cien toros por una armadura, para ello fue necesario llevar los toros por veredas y cordeles, en un viaje que duró un mes. El taller que vendió la armadura, tuvo que alimentar los toros durante el tiempo que los retuvo, hasta que los cambió por materiales y otros enseres. Por esta razón, nadie sabrá si vendió la armadura cara o barata dependiendo de su habilidad para desenvolverse con los toros. El problema era el mismo que existe hoy en el mercado internacional pero sin contar con los seguros de cambio ni futuros sobre divisas.


También era motivo de pequeñas guerras entre ciudades vecinas; por ser unos, los dueños de la madera, y los otros del ganado. Después de mucho discutir, algunas veces acababan a palos y salían con la cabeza caliente y los pies fríos, unos, mientras los otros se dedicaban al saqueo general y arramblaban con todo lo que encontraban a mano.

Precisamente, la causa de que los espartanos se negaran a enfrentarse a los persas en el mes de junio, fue la necesidad que tenían de cosechar el trigo antes de partir a la batalla. Por esa razón, Leónidas fue a la guerra solo con su guardia personal de 300, que por ser muy pocos y para que otros griegos no les afrentaran por su demora, decidieron ir directamente a la boca del desfiladero de Las Termópilas y morir allí, frenando todo lo posible el avance de los persas. Esta fue la causa del retraso del ejército espartano y no la que se cita en la película 300. Después de la siega, todos los hombres útiles de Esparta llegaron a Platea, sitio donde la alianza griega ganó la batalla y la guerra.

Desde su aparición, el dinero engrasó los engranajes del desarrollo mercantil. Con este sistema ya se empezó a tranquilizar el mercado, y el que buscaba la manta podía comprarla sin necesidad de llenar de trigo la casa del tejedor. Con el metal fácil de transportar y guardar, compradores y vendedores, respiraron mejor y muchos alborotos desaparecieron del panorama. Ahora viene lo malo, la mejoría de las relaciones fue efímera, porque como es habitual entre nosotros, acostumbramos a celebrar cada mejora que conseguimos, pero pronto encontramos la manera de crear una nueva causa para empezar un nuevo conflicto. Rápidamente, el dinero que tanto bien hizo al principio, se convirtió poco más tarde, en origen de casi todas las neurosis, para alegría de los psiquiatras, que por fin, lograron comer caliente todos los días.

Dado que todos deseamos tener cualquier cosa que otro también desee, creo que yo mismo si alguna vez alcanzo a tener todo lo que hoy deseo tener, seguramente me angustiaré por no alcanzar a comprarme una “America´s cup” para mi solo, que eso, si que mola cantidad.

La palabra hebrea leshalem (pagar) se vocaliza también shlemut (integridad) y shalom (paz). Dicho de otro modo, pagar es un medio de lograr la paz entre las personas.