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31 de enero de 2008

La suerte no ha nacido aún


No conocía el libro que ha recomendado quant_Notes. El libro es de Nassim Nicholas Taleb, y el título es: “¿Existe la suerte?”. Lo voy a comprar, lo voy a leer y quizá entonces cambie de idea; pero hoy, creo que la Tiqué de los griegos, la Sors de los romanos y la Providencia de los cristianos no existen.

Algunos de los que hablan de la suerte no saben que se trata de una diosa, cuidadín con hablar mal de ella no sea que se enfade.

En las religiones más antiguas no aparece la Diosa Fortuna; algunos le dan esta cualidad a La Diosa Isis, pero en realidad fueron los romanos los que la apodaron Patricia y la asimilaron a la suerte. En el viejo Egipto no era así. La primera Teogonía que se conoce es la de Homero, en ella no hace mención a la Fortuna, el primero que la menciona es Hesíodo que la presenta como hija de Océano y Tetis.

Para los romanos fue la Diosa Sors y para los cristianos es La Providencia, aunque esta última no es un ente independiente, sino una cualidad de Dios. La diferencia con las anteriores es que La Providencia solamente procura el bien. Así que los hechos malos que son inexplicables, supongo que son descendientes del Demonio. He leído que La Providencia aparece ya en el Antiguo Testamento, pero la he buscado en la Toráh y no la he encontrado, ni con ese, ni con otro nombre.

Desde luego, el día que me aplasté el dedo gordo con un martillo, no fue cosa de mala suerte, ni fue un accidente, fue falta de pericia, y exceso de terquedad. Mis padres ya me habían advertido del peligro, pero eso tampoco fue cosa de suerte, fue consecuencia de su experiencia y su deseo de protegerme. Naturalmente, yo no me dejé proteger, y me reventé el dedo.

Ulises dijo que en la isla de Ítaca, cerca del puerto, existe una gruta, a la entrada de la gruta hay un olivo, (el olivo representa a Atenea diosa de la sabiduría). Los que entran en la gruta, (nacimiento) reciben la influencia del olivo, luego, en el interior de la gruta hay dos rampas, por una descienden los hombres y por la otra ascienden los dioses. (La gruta simboliza el transcurrir de la vida). Puede ser que a partir del momento en que los hombres responsabilizaron a la suerte, dejaron de perfeccionarse. Además, ¿quien puede afirmar que tiene mala suerte porque no consigue alcanzar lo que más desea?. Algunos dicen que cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras suplicas.

Había que inventar la suerte, y se inventó para que fuéramos condescendientes con los demás y con nosotros. Cuando algo puede achacarse a la suerte, se deja de buscar la verdadera causa, y usamos la suerte como tinta de calamar para la memoria y bálsamo de fierabrás para la conciencia.

¿Podemos creer que cada día, la suerte, buena o mala, se genera en cantidad suficiente para afectar a todos los bolsistas del mundo, sin que al final de la jornada falte o sobre suerte?. Está bien que hablemos de la buena o mala fortuna en sentido figurado, pero creer en ella es otra cosa. Se que cuando pierdo en la bolsa, es por mi culpa.

A partir del nacimiento de la dichosa diosa esa que llamaron Tiqué, somos más los que bajamos por la rampa de la gruta, que los que suben.

Algunas veces a la vista de un espejismo he actuado de forma irreflexiva confiando demasiado en las apariencias, después, ante el mal resultado he culpado de mi fracaso a la mala suerte. De esta manera he encajado el coscorrón y no he aprendido nada. Por fin, he comprendido que no puedo culpar a la suerte y seguir sumando chichones. Me permito aconsejar un libro de “ayuda”, donde se explica como unos hacen su propia suerte y a otros se la hacen. Se trata de: “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Nicolás Maquiavelo. Alianza Editorial. ¡Y solo me ha costado 8´5 €!.

Ahora un chiste: Un hombre, de profesión aserrador, se cortó una mano en la sierra. Los compañeros lo llevaron al hospital y allí al rellenar la ficha el oficinista preguntó: --¿Cómo ha sido?, los compañeros del herido respondieron:-- Pues verá, estaba este hombre aserrando una tabla, cuando le sobrevino el accidente. Y el oficinista exclamó: -- ¡Pues menos mal que estaba tocando madera!.

28 de enero de 2008

No me gusta el análisis técnico


No me gusta el análisis técnico;
Porque siempre tiene razón.
Porque impide que desarrolle mi capacidad creadora.
Porque desde pequeño he disfrutado desobedeciendo a la razón.
Porque soy inconstante.
Porque no creo en las cosas sencillas que funcionan bien.
Porque no lo he descubierto yo.



Me gusta el análisis fundamental;
Porque cuando pierdo con los fundamentales siempre puedo culpar a otro.
Porque me permite lucirme mostrando lo agudo de mi perspicacia.
Porque se parece al cotilleo.
Porque cuando hablo de los “Pizarros & Cia”, acabo creyendo que soy como ellos.
Porque creo en la información privilegiada.
Porque soy un soñador.



24 de enero de 2008

Del rosa al amarillo

Para detectar un cambio de tendencia, esta figura es la más fiable




5 de septiembre de 1929: Roger Ward Babson advertía de un proximo crash: La mayoría se reía de él.

9 de septiembre de 1929: La revista bursatil Barrons, se burló de él, le llamó "el sabio".

15 de octubre de 1929: El director del Banco National City, manifestó que el mercado de valores se encontraba en estado satisfactorio.

24 de octubre de 1929: El presidente Hoover dijo: "La actividad economica del país y distribución de bienes y mercancias, está en una fase de prosperidad y solidez".

A las once de la mañana del día más negro, un especulador empujó con ímpetu la puerta giratoria de un café en las cercanías de Wall Street. Al entrar, desfiló entre las mesas con aire de triunfo, como lo haría un monarca; el hombre, venía en ayunas desde su casa y quería tomar fuerzas antes de comenzar la dura tarea que cada día, mantenía con las compras y ventas de acciones.

Se acercó a la barra, y como tenía por costumbre, pidió ostras y champagne. Había muchos clientes y los camareros estaban tan atareados, que cinco minutos después aún no le habían servido. En ese tiempo, aquel hombre pudo escuchar por la radio del local las últimas noticias de la bolsa; por lo que cuando pudo dirigirse al camarero le dijo: “No me sirva las ostras, tráigame un café con churros, hoy con eso me basta”. Pasaron unos minutos más y aún no le habían servido, mientras, él seguía escuchando la radio que en ese momento emitía directamente desde la bolsa, dando más noticias y cotizaciones. De pronto, este hombre escondió la cabeza entre los hombros, habló con voz débil, y dijo al camarero. “Usted perdone, no me traiga el café, me conformo con un vaso de agua, es que he perdido el apetito”.

21 de enero de 2008

El oro es ecológico

Se dice, que a partir del momento en que la letra de cambio demostró que era eficaz, fue irremediable que se inventara el papel moneda. Digan lo que digan, mucho antes de todo esto, se inventó la “moneda de palabra”. Esto sucedió cuando un comprador dijo a un vendedor: “mañana iré a tu casa y te pagaré”. Claro que esto, dicho por una persona honrada, ante testigos honrados, era Ley. Si aquel hombre no cumplía su palabra, quedaba deshonrado, y si los jueces ponían la concha de una ostra en la mano del acusado, le hacían patente el rechazo de la ciudad y él debería ir al exilio por el tiempo marcado. Naturalmente eso dolía. Así hacían en Grecia, pero en Persia el castigo era mayor, pues aquella gente tenía la manía de exigir a los hombres decir la verdad.

En esa época, a pesar de que la palabra tenía tanto valor, ni se les pasó por las mientes hacer papel moneda; ellos, simplemente acuñaban oro y plata. Quizá fue por respeto, o porque eran unos antiguos, pero no tontos.

A partir del siglo dieciocho se hicieron muchos intentos para imponer los billetes de banco. Naturalmente, este movimiento lo impulsaron los que gustan de dar gato por liebre; estos, para ocultar su intención, se justificaron diciendo: “si la gente guarda su dinero en lugar de gastarlo enseguida, se frenará el desarrollo económico”, estas y otras razones hicieron que se impusiera el papel moneda. Y así, desde entonces, en los bolsillos solo llevamos promesas, y unos pocos, en los suyos guardan la sustancia.

Como es natural, cuando alguien recibe un vale, siente deseos de cambiarlo por algo tangible. De esta forma, gastamos deprisa, y alimentamos la inflación, que reduce tanto el valor de los billetes que a veces llegan a valor cero.

Alrededor de los años treinta del siglo pasado, los billetes de banco ganaron la partida, al menos, de momento.

Si sumáramos los billetes en circulación con los préstamos anotados en cuenta, los cheques y pagarés pendientes de cobro, las letras de cambio al descuento no vencidas, y las tarjetas de crédito, nos llevaríamos un susto. A mí también me gustaría vivir en jauja, pero vivo en el planeta Tierra.

Por mucho que el cine se esfuerce en presentarnos a los antepasados como ignorantes, si los juzgáramos por sus obras veríamos otra cosa. En la época clásica los esclavos estaban desposeídos de derechos políticos, sin embargo, nadie se atrevió a apoderase de sus propiedades y se les permitía ocuparse en los asuntos de su economía particular. Algunos esclavos fueron célebres por sus conocimientos en ciencias y otros llegaron a ser incluso más ricos que sus amos. Hoy los gobiernos modernos dicen que dan todos los derechos cívicos a los ciudadanos, pero los consideran menores de edad para tocar el dinero verdadero.

Cada vez son más las leyes que dan permiso a los gobernantes para expropiar propiedades rústicas o urbanas y el dinero lo tenemos en vales; nosotros empujamos el coche y otros manejan la dirección y maniobran a su gusto, regulando su valor. Esto realmente hace que los que gobiernan sean todopoderosos, al estilo del Leviatán de Hobbes, por contra si el dinero tuviera valor intrínseco aumentaría la libertad de los ciudadanos.

En Austria se ha acuñado euros de curso legal en monedas de oro, que llevan este apellido: “Filarmónica de Viena”, su peso es de una onza troy, y tengo entendido que los bancos europeos y norteamericanos los reconocen como dinero; claro, que quien tenga euros de oro no creo que los gaste pagando en el banco la factura del gas, pues estas monedas tienen la virtud de multiplicarse como los seres unicelulares. Desde su nacimiento a hoy, uno ya se ha convertido en dos.

Supongo que los que dicen que debemos conservar los bosques, no malgastar el petróleo, mantener la vida animal y todo lo que se mueve, lo harán pensando en nuestros descendientes; pues bien, estoy de acuerdo con ellos, pero creo que al mismo tiempo, también deberíamos ocuparnos en dejar a nuestros hijos una riqueza pronta para utilizar, y para eso a mí no me basta con apuntes en libros que están en manos de otros, y los ahorros en vales tampoco me gustan.

Si regresáramos al patrón oro, o acuñáramos el oro y la plata, posiblemente se frenaría el consumo desbaratado de cachivaches y chirimbolos, que son un estorbo para conseguir la felicidad que deseamos; y posiblemente, tendría gran efecto en la conservación del planeta. Esto sería más efectivo que todos los planes que se han hecho para salvar la biosfera. La solución para gran parte de los males de nuestra sociedad no está en el detergente biodegradable, está en el “oro ecológico” y en la “piedra filosofal”.

El hombre libre es menos libre, si le tienen cogido por donde más duele.

13 de enero de 2008

Papel moneda, la gran mentira.

La mentira llegó con la aparición de la vida. Animales y vegetales de todas las clases mienten con todo el descaro. Unos lo hacen para evitar ser comidos y otros para comer mejor. Los humanos, parece ser que, somos un compendio de todo lo bueno y lo malo, por eso mentimos más. Los camaleones mienten cambiando de color y los más vergonzosos de entre nosotros cambiamos de color cuando mentimos, cosa que viene a ser lo mismo pero al revés.

Mentir para aumentar nuestro tesoro particular es una de nuestras aficiones predilectas. Hace muchos, muchos años, un mercader muy pillo se enriqueció con un truco simple. Recorría los mercados de las islas entre Sicilia y el Ponto Euxino, vendiendo ánforas de aceite a buen precio (ojo al dato, cuando encontremos algo a buen precio debemos alertarnos) siempre daba a probar la mercancía, normalmente el comprador metía un dedo en el ánfora, lo mojaba en el aceite, se chupaba el dedo y quedaba satisfecho de la calidad.

Ahora entraba en acción el vendedor diciendo así: Con la venta de este aceite esperaba conseguir cien ánforas de trigo, pero he tenido noticia de que mi hija ha enfermado y debo partir en un barco que zarpará a mediodía, cuando el sol esté en lo alto; dice el piloto, que a esa hora, sopla el viento Euro, que en esta costa suele ser altano racheado y algo traidor, pero, pese a su mala calidad, servirá a nuestros propósitos, y si Eolo es constante y tenemos buena mar, dentro de diez días llegaré a casa. (Esta digresión del vendedor sirve para distraer la atención del comprador). Solo por esta razón, si de verdad está usted interesado en mi mercancía se la dejo solamente por cincuenta, con el fin de poder regresar a casa donde sobra aceite y falta trigo. Y si usted lleva el trigo a mi barco, yo mismo haré el trasvase y le devolveré los cascos, pues llevo muchas ánforas vacías.

El comprador, más pillo y cobarde que el vendedor, accedía a comprar y corría en busca del trigo para cerrar el trato lo antes posible. Hecha la operación cada uno iba por su camino. El comprador transportaba a su almacén el aceite y aún tardaría unos días en descubrir que en cada una de las ánforas solo había medio palmo de aceite flotando sobre agua clara.

En esta época los pagos se hacían en especie, más tarde se inventó el dinero; mejor dicho, lo que se inventó fue la moneda porque dinero es cualquier cosa susceptible de cambio. La moneda fue de oro, de plata, de cobre, de conchas y de piedras. Las conchas negras valían más que las blancas; y algunos, pintaban las blancas de negro, otros doraban la plata, y otros limaban sutílmente las monedas para quedarse con el polvo. El padre de Diógenes el cínico fue falsificador, se le condenó y se le confiscaron los bienes. No se sabe si Diógenes se dijo a si mismo: “ya que no voy a ser el más rico, seré el más pobre. De una manera u otra seré el más". Y como era hombre que no andaba por las ramas, se fue a vivir a un tonel con vistas al mar.

El papel moneda se empezó a distribuir en los tiempos de la revolución francesa y desde entonces empezó a armarse la gorda. A partir de aquel momento han sido muchas las catástrofes, y como la mayoría de nosotros lo ignoramos, tan tranquilos estamos.

Somos extremadamente críticos con las pequeñas mentiras, cogemos gran cabreo si alguien intenta engañarnos un poquito, pero estamos encantados con las mentiras más grandes, como son: el amor y el papel moneda, y a pesar de que estas mentiras hieren de muerte a muchos, casi todos coquetean con ellas.

La mentira no es propia de las mentes perfeccionadas, al contrario, son las mentes más simples las que más mienten, (fijémonos en los niños); ocurre que hay eruditos dotados de una mente muy simple. Platón dijo: “Erudición no es conocimiento”.

Poco nos preocupa saber si una cosa es buena o mala, verdad o mentira, con tal de que se acomode a nuestros deseos. El mejor cómplice del falso vendedor de aceite, era el comprador que estaba ciego de deseo por llevarse el chollo.

Hay mucho que rascar en el campo del papel moneda.

9 de enero de 2008

¿Me pagan con espejitos y cuentas de cristal?

¿Me pagan con espejitos y cuentas de cristal?. Quisiera no haber hecho esta pregunta, porque ¿ahora que puedo hacer?. De momento la cosa no parece tan grave si con esos espejitos puedo comprarme un buga o tomar una birra, debido a que el que me vende estos caprichos es tan tonto como yo; pero, ¿que sería de mi si un día quien me vende el pan se espabilara y me tirara los espejitos a la cara dejándome en ayunas?, Lo peor es que esto podría suceder justamente en el momento en que hubiera escasez, y el panadero se percibiera de que mi vida estaba en sus panes; pues, yo que me empecino en mantenerme vivo, estaría dispuesto a convertirme en su esclavo a cambio de poder clavar el diente a cualquier mendrugo, como haría cualquier carpanta.

¿Qué es el dinero?. Esta es una horrible pregunta y aquel que tiene la osadía de hacerla, recibe como premio un pedazo de insomnio. Creo que aquellos indios recién descubiertos que recibieron espejitos como pago, fueron más afortunados o más listos que yo, porque ellos no habrían aceptado un papelito con garabatos. Hoy he llegado más lejos en mi ingenuidad y he aceptado como pago, no dinero de ese que hay, sino un apunte, que otro que no conozco, dicen que ha hecho en un disco que no entiendo ni sé que cosa es.

¡Lo gracioso es que me he quedado tan feliz!. Si la proposición de pagarme con papel me la hicieran solamente a mi, estoy seguro de que no aceptaría el trato; pero el hecho de que la multitud acepte, ¿es razón suficiente para que yo acepte también?. ¿Que es lo que cambia en lo sustancial?. Este asunto tiene enjundia y puesto que quiero saber si las acciones de fulano o de mengano, de verdad suben o bajan, ya no me sirve el papelito para cotizarlas, ¿de verdad ha subido el petróleo?, ¿no estarán cantándome una milonga?.

Si una divisa baja respecto a otra y luego vuelve a subir mientras otra se queda donde está, y luego ocurre al revés, pero no tanto, y si lo hacen así una y mil veces y luego vuelta a empezar, ¿Cómo puedo saber donde estoy?. No creo que un buen marino quisiera navegar si los astros se movieran en desorden, y sin saber si el pan es pan, o el vino es vino.

Lo peor es que los que organizan estas charadas nos dicen con aire protector: Tú mira una peli y no te preocupes, de todo esto ya nos ocupamos nosotros.

Quiero saber: por eso, pienso dedicarme a estudiar y aprender todo lo que pueda sobre este interesante asunto. Si alguien puede echarme una mano bienvenido sea, ¡ah! y que no tema, le aseguro que devolveré la mano.

4 de enero de 2008

Dos huevos y dos huevos más

Vino el hijo de un mísero genovés, de las escuelas de Pavía, y pidiéndole el padre algunos indicios de lo que había aprendido en las escuelas; le respondió el joven, haber aprendido tanta sutileza, que le probaría que los dos huevos que estaba comiendo eran cuatro:

Porque siendo el dos, número binario, y conteniendo todo número binario dos unidades, juntando estas dos unidades al número binario, quedarían haciendo cuatro, por ser cuatro dos veces dos.

Quedó absorto el viejo de oír sofisticas e inútiles agudezas, en que el joven había gastado el tiempo, la meditación, y el dinero; y queriendo mostrar que más valía lo rústico de su entendimiento, que lo delgado de su silogismo, sorbió los dos huevos, diciendo: yo como los dos que puso la gallina, come tu ahora los otros dos que formó la dialéctica.

Desengañaos pues, o filosofo inocente y tened por indubitable que hay siglos en que es mucho mejor ser midas que filosofo. Aquí no hay medio entre dos extremos, o ser accionista, o ser accionado, o sorber dos huevos sin sofismas, o quedar atónito sin huevos.

Separata del libro “Confusión de Confusiones” escrito por José de la Vega, en el año1688.

1 de enero de 2008

¿Estás seguro? (Segunda parte de: Lo sé de buena tinta, te lo digo por ser tú quien eres)

Un día llegó la noticia de que la mina esa, no era en realidad lo que se dice un mirlo blanco, al saberlo todos fueron a vender sus acciones, pero se encontraron con que no había comprador y esto es lo peor que puede ocurrirle a un accionista. Los agentes de bolsa, para alegrar un poco la vida de aquellos sufridores, decían “Piense usted que esta pérdida puede servirle para hacer minusvalías y pagar menos impuestos”, ¡je, je! . En una situación como esta, la capacidad de resistencia se mantiene aún muy alta al salir de la casa de bolsa; pero dura poco, por muy refractarios que seamos a creer que algo malo está a punto de sucedernos, siempre que se den estas circunstancias sucederá lo peor. Poco a poco las razones que cada uno tenía para creer que había obrado bien se empequeñecieron, y las expectativas en recuperar su capital se disolvieron en el aire. Las primeras órdenes de venta se dieron en Alemania y pronto se dieron en Inglaterra también.
El precio de las acciones de la mina esa, fue cayendo hasta llegar a nada, por falta de comprador. Cada uno de los accionistas, con mejor o peor conciencia de si mismo, vació el reservorio de su esperanza. Esta situación es muy incómoda, todas las excusas que la víctima fabrica en su defensa se marchitan, y cada vez más sus razonamientos le dicen que no debería haber escuchado cantos de sirenas. (De Ulises hablaré otro día).
Pasaron tres años y el chico listo abrió una nueva oficina de cambio y bolsa, pero esta la abrió en París. El personal que trabajaba en la nueva oficina no sabia de la existencia de la de Londres, y los empleados de la oficina de Londres ignoraban que su jefe tuviera negocios en París. Además, el chico listo compró algunas pequeñas compañías dedicadas al comercio de materias colorantes, perfumes y vinos. El perfume cubre ciertos tufos, una mano de pintura cambia la apariencia y el vino unos dicen que alegra y otros que ayuda a olvidar. El chico listo no entró en estos negocios para reformarse, ni para olvidar, lo hizo porque en Francia son muy populares y así pasan desapercibidos.
Una vez establecido en París, las empresas de su propiedad empezaron a comprar pequeñas cantidades de acciones de la compañía minera esa, y puesto que los accionistas ya tenían la voluntad quebrada, se alegraban de poder poner punto final a su pesadilla, aunque fuera pagando un precio tan alto como la pérdida del noventa por ciento de su inversión. La gracia está en que el chico listo pudo recuperar a precio de saldo las acciones que vendió tan caras a los alemanes, y además pudo comprar las que ya tenían los ingleses cuando él aún iba al colegio, y que sin esta maniobra nunca las hubiera tenido. Poco a poco y sin hacer ruido, en tres años, las acciones fueron pasando a manos del chico listo hasta que tubo la casi totalidad.
Durante el año siguiente, se enamoró de una guapa italiana nacida en Roma y se casó con ella. No se sabe porque extraño motivo, meses más tarde, en Roma se supo, que la compañía minera esa, la que en un momento de ensoñación creyó haber encontrado oro, por fin había sabido encauzarse y ahora explotaba con mucho éxito una cantera a cielo abierto, en cuya arena los diamantes se dejaban coger con pala. Frente a esta información, y además de buena tinta cualquier romano y cualquier otro que respirara entre Nápoles y Florencia y que además no fuera tonto, debía entrar en el negocio de diamantes. Como consecuencia de esta sencilla e infalible razón, nuestro chico listo tranquilamente vendió las acciones que quiso, al precio que le dio la gana, y cuando quiso.
Aún hoy ni alemanes, ni italianos, ni ingleses saben si la mina existió o no existió. Pero yo lo sé y os lo voy a decir bajito. La mina sí que existió, pero el chico listo nunca estuvo interesado en la industria, hubiera hecho lo mismo con una fábrica de agujeros para regaderas. Las pequeñas ambiciones de muchos sirven a la gran ambición de uno solo. Cuando el chico listo escribió a su madre y le robó la inocencia, la convirtió en el instrumento que mejor convenía a su plan, más tarde, utilizó a su propia mujer. El chico listo no siente piedad por sus victimas; las desprecia como a moscas que acuden al panal de miel. El chico listo explota en su beneficio las debilidades ajenas; el crea el protocolo, y los demás lo cumplen inexorablemente. En la bolsa y en la vida misma muy pocas cosas ocurren por azar.
Nota:
Esto sucedió en mil setecientos y pico, mas, hay quién dice que el chico listo no muere y que todos podemos tropezar con él. Un amable comentarista con mucha guasa, me ha devuelto la esperanza. Podemos estar tranquilos, nosotros tenemos la CNMV pero aquellos antiguos solo tenían el Ángel de la Guarda.