Eureka

9 de junio de 2008

El primer dinero fiduciario de la historia, y el movimiento antiglobalización

El primer dinero fiduciario de la historia es el que instituyó Licurgo, legislador de Esparta. Andaban los ánimos revueltos en la ciudadanía y los ancianos encargaron a Licurgo que les dotara de una ley que les permitiera adquirir la dignidad, ¡y vaya que este hombre legendario lo hizo!. La ley que introdujo a Esparta en la historia no mencionaba ni un solo derecho, solamente fijaba las obligaciones; el cumplimiento de la ley espartana generó una forma de vida muy distinta de la que tenían los atenienses.

Licurgo
Áticos y laconios nunca se entendieron entre sí y solamente se unían para defenderse de ataques de los bárbaros, y cuando no acechaba el peligro exterior, ellos se enzarzaban en guerras, alguna tan larga como la que se conoce con el nombre de Guerra del Peloponeso. Los atenienses se consideraban hombres libres por tener leyes liberales; pero no transitaban tranquilos por la noche, por miedo a los bandoleros. En cambio, los espartanos decían que su libertad nacía de su sometimiento a la ley y mantenían abiertas las puertas de sus casas de día y de noche, sin miedo a ser atacados, robados o ultrajados.

Los áticos hablaban y hablaban sin parar, y en consecuencia discutían constantemente; en cambio, los laconios callaban; los áticos eran dados al lujo y a la buena mesa, los laconios eran frugales.

Un día, Jerjes, rey de los persas, contrató a un cocinero capaz de prepararle un plato de la famosa sopa negra de Esparta; y cuando Jerjes la probó mostró su desagrado y exclamó: “¿Cómo es posible que unas gentes que comen tan mal se resistan fieramente a formar parte de nuestro imperio, sabiendo que nosotros podríamos proporcionarles riqueza y refinamiento?.” Y el cocinero contestó:

“Precisamente ahí está la gran dificultad para vuestros propósitos de conquista; los que comen una sopa que se hace con pan duro, ajo, agua, sal y un poco de sangre de cerdo, siempre vencerán a los que comen platos refinados. y especiados. Además, aquellas gentes, en pleno invierno, se bañan en las aguas del río Eurotas y lo mismo soportan el frío, que el calor. Tienen dos reyes al mismo tiempo, así, cuando uno de ellos va a la guerra, el otro se encarga del gobierno. La ekklesía (asamblea) está compuesta por veintiocho ancianos, En Esparta nadie habita en palacios, ni siquiera los príncipes, y las reuniones de gobierno se celebran al aire libre en pleno campo, al lado del río Cnación, a la altura del puente Bábica. De esta manera celebran las asambleas, sin pórticos ni otro tipo de edificios: “Pues piensan, que los lujos no contribuyen a la recta deliberación, sino que, más bien, la perjudican al volver frívolos e inconstantes, por una vana presunción, los espíritus de los concurrentes.” (lo entrecomillado son palabras de Plutarco).

Pues, volviendo al dinero fiduciario, resulta que Licurgo fue el primero que lo instituyó, y lo hizo así: Mandó acuñar unas grandes monedas en forma de lingotes pero no eran de plata o cobre, no, simplemente eran de hierro, al que previamente sometían a una transformación que lo dejaba inútil para la fabricación de herramientas, por lo que carecía de valor intrínseco. Era tanto el volumen y el peso de ese dinero, que no resultaba fácil hacer chanchullos o enriquecerse de forma ilegal, sin que los vecinos se dieran cuenta.

Creo que en una isla del Océano Pacífico hay un dinero en forma de enormes discos de piedra, son tan grandes aquellas piedras que sus dueños las dejan a la puerta de su casa y además necesitan ayuda para poder transportarlas. Cuando de pequeño me enteré de lo del dinero aquel de piedra, me partí de risa. ¡Pobre de mí!, me reía de aquella gente, sin percatarme de que yo, solo tenía en el bolsillo un pedacito de papel pintado.

El dinero fiduciario espartano ahuyentó a los mercaderes extranjeros, puesto que al prohibirse en Esparta el oro y la plata, no quisieron ir a venderles nada, pues les pagaban con hierro inútil, fuera de aquel país.

Quizá sin proponérselo, Licurgo se convirtió en el primer abanderado del movimiento antiglobalización.

1 opiniones:

Anonymous Cachilipox dijo...

Más bien un proteccionista extremo, pues instauró una divisa no convertible, no exportable, y los espartanos carecían del poder de adquisición de bienes importados, y los mercaderes que se instalasen, la imposibilidad total de repatriación de los dividendos y beneficios.

Autarquía creo que se llama a esos sistemas. Y en España lo tuvimos parcialmente en práctica durante unos cuantos años. No sé si el Franco de la postguerra pueda ser calificado de adalid de la antiglobalización.

10 de junio de 2008 20:25  

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