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7 de abril de 2008

A la Naturaleza no le interesa nuestra felicidad


Con paciencia y observación, he llegado a la creencia de que intentamos alcanzar la felicidad del modo más natural. Inmediatamente he de decir que creo que lo natural es precisamente lo menos conveniente para nuestro propósito. Dicho esto, sé que debo prepararme para resistir, porque tener creencias enfrentadas a las de la mayoría de la gente con la que he de convivir tiene tela marinera.
Parece lógico comprar acciones de una compañía de la que se sabe que navega con viento a favor y la gobierna un buen navarca; pero resulta que esa compra era realmente buena cuando aún no se hablaba de ella. Somos muchos los que nos ponemos largos en una acción que ha subido más de lo que se merece y luego decimos –“era natural que comprara”. Eso es porque solemos creer que lo que se ha de hacer es precisamente lo que más se parece a lo que hacen todos. Esto no sería malo, si la mayoría hiciéramos lo más conveniente, pero la cosa se complica cuando casi todos hacemos lo que es natural.

Dicen que el poder no se limita a sí mismo, pero he visto algunos que limitan su poder por fidelidad a unos principios y no por eso dejan de tener poder; sin embargo, la codicia no se limita a si misma, porque si lo hiciera, ya no sería codicia. Muchos antiguos trataron el tema de la felicidad y curiosamente casi no la nombraron. Ellos solamente hablaban de lo importante que es alejar el mal, dando por sentado que si se consigue, lo demás llega rodado. Y otra cosa curiosa, aquellos vejetes aconsejaban escapar de la pobreza, pero insistían en aclarar que no debemos afanarnos en conseguir más y más; porque la riqueza trae consigo muchos desvelos, y para conseguirla o mantenerla, a veces nos obliga a traicionarnos nosotros mismos.

La Naturaleza ha dispuesto que si llegamos a nacer, padezcamos enfermedades que sirvan para seleccionar a los más resistentes, además nos ha dotado de ambición y orgullo suficientes para competir sin descanso entre nosotros, con el fin de conseguir mejorar la selección; la Naturaleza nos ha dotado también de la calentura suficiente para desear y lograr el apareamiento. Llegada otra generación, a la Naturaleza no le importa si este o aquel muere pronto o tarde, o si padece o no. Ella no se ocupa de esas nimiedades, le basta que las generaciones se sucedan.

Aparte de alimentarnos, respirar, dormir y poco más, casi todo lo que hacemos “porque es natural”, acaba produciéndonos dolor de cabeza. Es extraño que cuanto más esclavos somos de la Naturaleza, más libres nos creemos ser. Ella manda y nosotros obedecemos. Esto pasa porque ella es una bruja que nos tiene sometidos.

Puesto que somos Naturaleza y hemos de vivir en ella, no es bueno que le plantemos cara, pero es conveniente no darle gusto en todo y hacerle algunas trampas antes que hacérselas a nuestras familias, nuestros amigos o a los que colaboran con nosotros haciendo negocios.

Hace ya dos mil años, Cicerón dijo: --“no transites por la amplia avenida donde todos circulan con aparente comodidad. No vale la pena”. Creo que más o menos vino a decir que a veces es conveniente tener una opinión contraria al mercado. Bastante impertinente debió de ser este hombre, porque lo asesinaron y no fue para robarle.

1 comentarios:

Blogger EGUZKIALDE said...

o igual si le interesa.

Pero para ello debemos de salir de nuestro cascarón.

Y saliendo , tenemos algo que ofrecer a la naturaleza , y ese algo es único e irremplazable.A traves de ese algo personal la naturaleza se identifica y nosostros tenemos la oportunidad de realizar nuestro viaje por la vida.

Naturaleza y persona hacen el viaje de su vida aquí y vete a saber lo que nos espera en el más allá.

Espero y deseo un viaje eterno.....sin billete,sin colas,sin retrasos,sin overbooking

7 de abril de 2008 11:17  

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