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4 de marzo de 2008

Nasruddin, su burro, y Los Mares Del Sur


Parece ser que Nasruddin Khodja nació en Turquía en el año 1208 y que durante toda su vida fue un hombre muy simpático, y además no era tonto. Fue educado en la escuela islámica de Konya, y estuvo dotado de un gran sentido común e ironía. Fue sucesivamente sirviente, monje derviche, mulá y finalmente imán. De él se cuentan graciosas anécdotas como estas:

Una vez, Nasruddin se cayó por las escaleras y se hizo mucho daño. Quedó en cama donde a pesar de la medicación sufría terribles dolores. Sus amigos se acercaron a visitarle.
-Bueno hombre, eso no es nada. Podría haber sido mucho peor…-- dijo uno.
- Al fin y al cabo no tienes ningún hueso roto…- añadió otro.
- Verás qué pronto estás recuperado…- dijo un tercero.
- Nasruddin, sufriendo un intenso dolor, los sacó a gritos de la habitación, diciendo:
- ¡Fuera todos de aquí! ¡Que no entre nadie más, a menos que se haya caído alguna vez desde lo alto de las escaleras!.
Otra:
Una mañana el mulá Nasruddin se encontró con un amigo, al que encontró con mal aspecto.
-¿Qué te ocurre? –Le preguntó el mulá.
-Verás, es que todas las noches me acuesto, me duermo, y sueño que hay un monstruo horrible debajo de mi cama. Me despierto y miro debajo de la cama, pero allí no hay nada. Sin embargo, luego no puedo volver a dormir. Ahora mismo voy a casa del doctor, para que me dé un remedio aunque me cueste cien dinares.
-Hombre,--replicó el mulá – yo puedo darte un remedio por sólo treinta.
El vecino le dio inmediatamente el dinero.-¿Cual es el remedio?.
-Ve a tu casa y sierra las patas de la cama.
Esta que viene es la buena:
También cuentan de él, que un buen día se fue al mercado con la intención de vender su burro; había meditado bien el asunto, y pensaba que sería afortunado si conseguía que le pagaran treinta dinares por su viejo burro.
No tardó en encontrar un tratante que estuvo de acuerdo con el precio que Nasruddin pedía, y cerraron el trato.
Feliz y contento se marchaba Nasruddin a su casa, cuando escuchó una voz que gritaba así:
-¡Venid aquí, voy a subastar este precioso burro! ¡fijaos bien en su hermosa cabeza, y sus fuertes patas!. ¡El precio de salida es de cuarenta dinares! ¿Hay quien dé cincuenta?. Pronto alguien dijo: -¡Doy cincuenta!, y otro replicó: -¡yo pago sesenta!, y otro más dijo: -¡yo doy setenta!.-Setenta dinares a la una, setenta a las dos,…De pronto, Nasruddin se alzó sobre las puntas de sus pies y grito: ¡Yo pago ochenta dinares!. A continuación recogió su viejo burro, pagó los ochenta dinares y muy orgulloso regresó a su casa.

¿Somos muchos los Nasruddines que vamos de casa al mercado y del mercado a casa?. Lo que hizo este hombre quizá sirva para explicar lo que ocurrió en la bolsa inglesa en el año 1720, con la Compañía de los Mares del Sur.