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18 de febrero de 2008

Al estilo de Caravaca que cada uno fume de su petaca

El artículo de José María, publicado el viernes día 15: “Ganador: Francisco Llinares”; me hace dudar de que se refiera al debate que escuché el jueves pasado. Francisco reconoció que no sabía de análisis fundamental, y me parece que al terminar el debate no había aprendido nada, así pues, no ganó.

Una vez, un hombre se acercó a un conocido y le dijo: ¿Quiere que cambiemos unas impresiones? A lo que el otro contestó: ¡No, que salgo perdiendo!

Es normal que muchos reclamemos humildad en los demás sin procurárnosla nosotros mismos, y además les exhortemos para que se desarmen completamente. Lo raro sería que fuera al revés; eso hace tiempo que no lo veo.

La oratoria es una herramienta poderosísima. Platón decía que no se debería enseñar a ningún hombre, nada que no fuera aritmética, gramática o gimnasia, hasta que este cumpliera los cuarenta años de edad; y ya entonces, cuando hubiera demostrado sus cualidades humanas, los maestros decidirían si era prudente o no, instruirle en los conocimientos que dan poder.

Uno de los que enseñaron retórica fue Aristóteles, y advirtió de sus peligros. Por mi parte, no comprendo a aquellos antiguos que explicaban como se hace, lo que no se debe hacer.

José María, porque se nota que el debate no te hizo feliz, propongo que nos relajemos todos con estas palabras de Aristóteles:

“Placentero es, con todo, tras ponerse a salvo, acordarse de las fatigas”.

O estas otras también de Aristóteles:

“Pues luego también con los dolores, disfruta el hombre acordándose de que mucho padeció y trabajó mucho”.

o con este dialogo entre Alceo y Safo:

Alceo.—Quiero decir algo, pero me lo impide la vergüenza.
Safo.—Si tuvieras el deseo de cosas buenas y bellas y no te revolviera tu lengua a decir algo malo, la vergüenza no te dominaría los ojos, sino que hablarías de lo que es justo.

Lo mejor del debate que nunca existió, fue que no se interrumpieron el uno al otro.

2 comentarios:

Blogger Isabel said...

Lo que voy a decir es una imprudencia temeraria, pues ¿quien se atreve a contradecir a los sabios de la Antígua Grecia?. Platón decía que solo se debía enseñar aritmética y gramática hasta que se cumpliera 40 años y si entonces esta persona había demostrado cualidades humanas adecuadas se le instruiría en el arte de la oratoria. Pues bien, querido Platón, aquí discrepo contigo; pues si aprendemos bien gramática y aritmética habremos preparado nuestra mente para la oratoria, que es el arte de hablar con elocuencia. Es decir una mente bien formada bajo las estructutas de la lógica aritmética y la grámatica, tiene todos los instrumentos para desarrollar una perfecta oratoria, solo haría falta alimentar esa mente con el léxico adecuado.
Un saludo afectuoso a mi eterno amigo Platón

19 de febrero de 2008 7:41  
Blogger julio mayordomo said...

Respuesta a Isabel:
Platón no se refería solamente a la oratoria, también incluía la medicina, la arquitectura y otros conocimientos que dan poder.
La gramática y la aritmética son las esencias de la lógica, pero la oratoria es un arte o truco, que se ocupa de conmover al auditorio para bien o para mal.
Si estoy equivocqdo, sácame del error. Por favor y por plis. eureka.

19 de febrero de 2008 18:07  

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