Papel moneda, la gran mentira.
La mentira llegó con la aparición de la vida. Animales y vegetales de todas las clases mienten con todo el descaro. Unos lo hacen para evitar ser comidos y otros para comer mejor. Los humanos, parece ser que, somos un compendio de todo lo bueno y lo malo, por eso mentimos más. Los camaleones mienten cambiando de color y los más vergonzosos de entre nosotros cambiamos de color cuando mentimos, cosa que viene a ser lo mismo pero al revés.
Mentir para aumentar nuestro tesoro particular es una de nuestras aficiones predilectas. Hace muchos, muchos años, un mercader muy pillo se enriqueció con un truco simple. Recorría los mercados de las islas entre Sicilia y el Ponto Euxino, vendiendo ánforas de aceite a buen precio (ojo al dato, cuando encontremos algo a buen precio debemos alertarnos) siempre daba a probar la mercancía, normalmente el comprador metía un dedo en el ánfora, lo mojaba en el aceite, se chupaba el dedo y quedaba satisfecho de la calidad.
Ahora entraba en acción el vendedor diciendo así: Con la venta de este aceite esperaba conseguir cien ánforas de trigo, pero he tenido noticia de que mi hija ha enfermado y debo partir en un barco que zarpará a mediodía, cuando el sol esté en lo alto; dice el piloto, que a esa hora, sopla el viento Euro, que en esta costa suele ser altano racheado y algo traidor, pero, pese a su mala calidad, servirá a nuestros propósitos, y si Eolo es constante y tenemos buena mar, dentro de diez días llegaré a casa. (Esta digresión del vendedor sirve para distraer la atención del comprador). Solo por esta razón, si de verdad está usted interesado en mi mercancía se la dejo solamente por cincuenta, con el fin de poder regresar a casa donde sobra aceite y falta trigo. Y si usted lleva el trigo a mi barco, yo mismo haré el trasvase y le devolveré los cascos, pues llevo muchas ánforas vacías.
El comprador, más pillo y cobarde que el vendedor, accedía a comprar y corría en busca del trigo para cerrar el trato lo antes posible. Hecha la operación cada uno iba por su camino. El comprador transportaba a su almacén el aceite y aún tardaría unos días en descubrir que en cada una de las ánforas solo había medio palmo de aceite flotando sobre agua clara.
En esta época los pagos se hacían en especie, más tarde se inventó el dinero; mejor dicho, lo que se inventó fue la moneda porque dinero es cualquier cosa susceptible de cambio. La moneda fue de oro, de plata, de cobre, de conchas y de piedras. Las conchas negras valían más que las blancas; y algunos, pintaban las blancas de negro, otros doraban la plata, y otros limaban sutílmente las monedas para quedarse con el polvo. El padre de Diógenes el cínico fue falsificador, se le condenó y se le confiscaron los bienes. No se sabe si Diógenes se dijo a si mismo: “ya que no voy a ser el más rico, seré el más pobre. De una manera u otra seré el más". Y como era hombre que no andaba por las ramas, se fue a vivir a un tonel con vistas al mar.
El papel moneda se empezó a distribuir en los tiempos de la revolución francesa y desde entonces empezó a armarse la gorda. A partir de aquel momento han sido muchas las catástrofes, y como la mayoría de nosotros lo ignoramos, tan tranquilos estamos.
Somos extremadamente críticos con las pequeñas mentiras, cogemos gran cabreo si alguien intenta engañarnos un poquito, pero estamos encantados con las mentiras más grandes, como son: el amor y el papel moneda, y a pesar de que estas mentiras hieren de muerte a muchos, casi todos coquetean con ellas.
La mentira no es propia de las mentes perfeccionadas, al contrario, son las mentes más simples las que más mienten, (fijémonos en los niños); ocurre que hay eruditos dotados de una mente muy simple. Platón dijo: “Erudición no es conocimiento”.
Poco nos preocupa saber si una cosa es buena o mala, verdad o mentira, con tal de que se acomode a nuestros deseos. El mejor cómplice del falso vendedor de aceite, era el comprador que estaba ciego de deseo por llevarse el chollo.
Hay mucho que rascar en el campo del papel moneda.
Mentir para aumentar nuestro tesoro particular es una de nuestras aficiones predilectas. Hace muchos, muchos años, un mercader muy pillo se enriqueció con un truco simple. Recorría los mercados de las islas entre Sicilia y el Ponto Euxino, vendiendo ánforas de aceite a buen precio (ojo al dato, cuando encontremos algo a buen precio debemos alertarnos) siempre daba a probar la mercancía, normalmente el comprador metía un dedo en el ánfora, lo mojaba en el aceite, se chupaba el dedo y quedaba satisfecho de la calidad.
Ahora entraba en acción el vendedor diciendo así: Con la venta de este aceite esperaba conseguir cien ánforas de trigo, pero he tenido noticia de que mi hija ha enfermado y debo partir en un barco que zarpará a mediodía, cuando el sol esté en lo alto; dice el piloto, que a esa hora, sopla el viento Euro, que en esta costa suele ser altano racheado y algo traidor, pero, pese a su mala calidad, servirá a nuestros propósitos, y si Eolo es constante y tenemos buena mar, dentro de diez días llegaré a casa. (Esta digresión del vendedor sirve para distraer la atención del comprador). Solo por esta razón, si de verdad está usted interesado en mi mercancía se la dejo solamente por cincuenta, con el fin de poder regresar a casa donde sobra aceite y falta trigo. Y si usted lleva el trigo a mi barco, yo mismo haré el trasvase y le devolveré los cascos, pues llevo muchas ánforas vacías.
El comprador, más pillo y cobarde que el vendedor, accedía a comprar y corría en busca del trigo para cerrar el trato lo antes posible. Hecha la operación cada uno iba por su camino. El comprador transportaba a su almacén el aceite y aún tardaría unos días en descubrir que en cada una de las ánforas solo había medio palmo de aceite flotando sobre agua clara.
En esta época los pagos se hacían en especie, más tarde se inventó el dinero; mejor dicho, lo que se inventó fue la moneda porque dinero es cualquier cosa susceptible de cambio. La moneda fue de oro, de plata, de cobre, de conchas y de piedras. Las conchas negras valían más que las blancas; y algunos, pintaban las blancas de negro, otros doraban la plata, y otros limaban sutílmente las monedas para quedarse con el polvo. El padre de Diógenes el cínico fue falsificador, se le condenó y se le confiscaron los bienes. No se sabe si Diógenes se dijo a si mismo: “ya que no voy a ser el más rico, seré el más pobre. De una manera u otra seré el más". Y como era hombre que no andaba por las ramas, se fue a vivir a un tonel con vistas al mar.
El papel moneda se empezó a distribuir en los tiempos de la revolución francesa y desde entonces empezó a armarse la gorda. A partir de aquel momento han sido muchas las catástrofes, y como la mayoría de nosotros lo ignoramos, tan tranquilos estamos.
Somos extremadamente críticos con las pequeñas mentiras, cogemos gran cabreo si alguien intenta engañarnos un poquito, pero estamos encantados con las mentiras más grandes, como son: el amor y el papel moneda, y a pesar de que estas mentiras hieren de muerte a muchos, casi todos coquetean con ellas.
La mentira no es propia de las mentes perfeccionadas, al contrario, son las mentes más simples las que más mienten, (fijémonos en los niños); ocurre que hay eruditos dotados de una mente muy simple. Platón dijo: “Erudición no es conocimiento”.
Poco nos preocupa saber si una cosa es buena o mala, verdad o mentira, con tal de que se acomode a nuestros deseos. El mejor cómplice del falso vendedor de aceite, era el comprador que estaba ciego de deseo por llevarse el chollo.
Hay mucho que rascar en el campo del papel moneda.


Plas,plas,plas,plas...................( 3 horas mas tarde)...plas,plas,plas,plas!!!!
Muy buen post.
¿Que es el papel-moneda? o quizás el ¿dinero?
Es difícil poder definirlo bien , pués parece muy amplio.Lo que no cabe duda es que se trata de todo un invento.Un invento duradero, para hacer transacciones y un invento para conservar valor.Entre estas facetas la de conservar valor es la que puede acabar siendo una gran mentira.Pués para mantener valor detrás tiene que haber unas cuentas públicas bien gestionadas y por tanto superavitarias y con una inflación totalmente controlada.Por tanto nuestro país dista mucho de ser un papel que conserve valor en su moneda.Pero gracias a dios nuestra moneda es el euro y esto me da un poquito más de credibilidad.
Sólo un poquito más.
El papel moneda actual es papel-deuda y como no dejen la imprenta tranquila se va a organizar una gorda más ponto que tarde,
"A pesar" va sin h
H
Respuesta a
Respuesta a Anonimo: Gracias por la corrección.Ya he borrado la "H".Eureka.
El papel moneda comenzó a distribuirse en China en el siglo VII, así que cuando legaron los hermanos Polo a la corte del Gran Kan, ya estaba en circulación desde siete siglos antes, en Europa fué introducido en el siglo XVI precisamente gracias al segundo viaje de los hermanos Polo en elcual iba el conocido Marco Polo que ya contaba con diecisiete años.
Un Saludo, me gusta el fondo del articulo.