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1 de enero de 2008

¿Estás seguro? (Segunda parte de: Lo sé de buena tinta, te lo digo por ser tú quien eres)

Un día llegó la noticia de que la mina esa, no era en realidad lo que se dice un mirlo blanco, al saberlo todos fueron a vender sus acciones, pero se encontraron con que no había comprador y esto es lo peor que puede ocurrirle a un accionista. Los agentes de bolsa, para alegrar un poco la vida de aquellos sufridores, decían “Piense usted que esta pérdida puede servirle para hacer minusvalías y pagar menos impuestos”, ¡je, je! . En una situación como esta, la capacidad de resistencia se mantiene aún muy alta al salir de la casa de bolsa; pero dura poco, por muy refractarios que seamos a creer que algo malo está a punto de sucedernos, siempre que se den estas circunstancias sucederá lo peor. Poco a poco las razones que cada uno tenía para creer que había obrado bien se empequeñecieron, y las expectativas en recuperar su capital se disolvieron en el aire. Las primeras órdenes de venta se dieron en Alemania y pronto se dieron en Inglaterra también.
El precio de las acciones de la mina esa, fue cayendo hasta llegar a nada, por falta de comprador. Cada uno de los accionistas, con mejor o peor conciencia de si mismo, vació el reservorio de su esperanza. Esta situación es muy incómoda, todas las excusas que la víctima fabrica en su defensa se marchitan, y cada vez más sus razonamientos le dicen que no debería haber escuchado cantos de sirenas. (De Ulises hablaré otro día).
Pasaron tres años y el chico listo abrió una nueva oficina de cambio y bolsa, pero esta la abrió en París. El personal que trabajaba en la nueva oficina no sabia de la existencia de la de Londres, y los empleados de la oficina de Londres ignoraban que su jefe tuviera negocios en París. Además, el chico listo compró algunas pequeñas compañías dedicadas al comercio de materias colorantes, perfumes y vinos. El perfume cubre ciertos tufos, una mano de pintura cambia la apariencia y el vino unos dicen que alegra y otros que ayuda a olvidar. El chico listo no entró en estos negocios para reformarse, ni para olvidar, lo hizo porque en Francia son muy populares y así pasan desapercibidos.
Una vez establecido en París, las empresas de su propiedad empezaron a comprar pequeñas cantidades de acciones de la compañía minera esa, y puesto que los accionistas ya tenían la voluntad quebrada, se alegraban de poder poner punto final a su pesadilla, aunque fuera pagando un precio tan alto como la pérdida del noventa por ciento de su inversión. La gracia está en que el chico listo pudo recuperar a precio de saldo las acciones que vendió tan caras a los alemanes, y además pudo comprar las que ya tenían los ingleses cuando él aún iba al colegio, y que sin esta maniobra nunca las hubiera tenido. Poco a poco y sin hacer ruido, en tres años, las acciones fueron pasando a manos del chico listo hasta que tubo la casi totalidad.
Durante el año siguiente, se enamoró de una guapa italiana nacida en Roma y se casó con ella. No se sabe porque extraño motivo, meses más tarde, en Roma se supo, que la compañía minera esa, la que en un momento de ensoñación creyó haber encontrado oro, por fin había sabido encauzarse y ahora explotaba con mucho éxito una cantera a cielo abierto, en cuya arena los diamantes se dejaban coger con pala. Frente a esta información, y además de buena tinta cualquier romano y cualquier otro que respirara entre Nápoles y Florencia y que además no fuera tonto, debía entrar en el negocio de diamantes. Como consecuencia de esta sencilla e infalible razón, nuestro chico listo tranquilamente vendió las acciones que quiso, al precio que le dio la gana, y cuando quiso.
Aún hoy ni alemanes, ni italianos, ni ingleses saben si la mina existió o no existió. Pero yo lo sé y os lo voy a decir bajito. La mina sí que existió, pero el chico listo nunca estuvo interesado en la industria, hubiera hecho lo mismo con una fábrica de agujeros para regaderas. Las pequeñas ambiciones de muchos sirven a la gran ambición de uno solo. Cuando el chico listo escribió a su madre y le robó la inocencia, la convirtió en el instrumento que mejor convenía a su plan, más tarde, utilizó a su propia mujer. El chico listo no siente piedad por sus victimas; las desprecia como a moscas que acuden al panal de miel. El chico listo explota en su beneficio las debilidades ajenas; el crea el protocolo, y los demás lo cumplen inexorablemente. En la bolsa y en la vida misma muy pocas cosas ocurren por azar.
Nota:
Esto sucedió en mil setecientos y pico, mas, hay quién dice que el chico listo no muere y que todos podemos tropezar con él. Un amable comentarista con mucha guasa, me ha devuelto la esperanza. Podemos estar tranquilos, nosotros tenemos la CNMV pero aquellos antiguos solo tenían el Ángel de la Guarda.

2 comentarios:

Anonymous Anónimo said...

Cierto la CMNV nos protegera como protegio a los de terra o tafisa mientras esten ellos estaremos salvados o no? USTED QUE PIENSA






javier

2 de enero de 2008 23:31  
Anonymous Anónimo said...

...y quien quiera un amigo, que se compre un perro.
Gordon Geko

3 de enero de 2008 22:08  

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