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21 de enero de 2008

El oro es ecológico

Se dice, que a partir del momento en que la letra de cambio demostró que era eficaz, fue irremediable que se inventara el papel moneda. Digan lo que digan, mucho antes de todo esto, se inventó la “moneda de palabra”. Esto sucedió cuando un comprador dijo a un vendedor: “mañana iré a tu casa y te pagaré”. Claro que esto, dicho por una persona honrada, ante testigos honrados, era Ley. Si aquel hombre no cumplía su palabra, quedaba deshonrado, y si los jueces ponían la concha de una ostra en la mano del acusado, le hacían patente el rechazo de la ciudad y él debería ir al exilio por el tiempo marcado. Naturalmente eso dolía. Así hacían en Grecia, pero en Persia el castigo era mayor, pues aquella gente tenía la manía de exigir a los hombres decir la verdad.

En esa época, a pesar de que la palabra tenía tanto valor, ni se les pasó por las mientes hacer papel moneda; ellos, simplemente acuñaban oro y plata. Quizá fue por respeto, o porque eran unos antiguos, pero no tontos.

A partir del siglo dieciocho se hicieron muchos intentos para imponer los billetes de banco. Naturalmente, este movimiento lo impulsaron los que gustan de dar gato por liebre; estos, para ocultar su intención, se justificaron diciendo: “si la gente guarda su dinero en lugar de gastarlo enseguida, se frenará el desarrollo económico”, estas y otras razones hicieron que se impusiera el papel moneda. Y así, desde entonces, en los bolsillos solo llevamos promesas, y unos pocos, en los suyos guardan la sustancia.

Como es natural, cuando alguien recibe un vale, siente deseos de cambiarlo por algo tangible. De esta forma, gastamos deprisa, y alimentamos la inflación, que reduce tanto el valor de los billetes que a veces llegan a valor cero.

Alrededor de los años treinta del siglo pasado, los billetes de banco ganaron la partida, al menos, de momento.

Si sumáramos los billetes en circulación con los préstamos anotados en cuenta, los cheques y pagarés pendientes de cobro, las letras de cambio al descuento no vencidas, y las tarjetas de crédito, nos llevaríamos un susto. A mí también me gustaría vivir en jauja, pero vivo en el planeta Tierra.

Por mucho que el cine se esfuerce en presentarnos a los antepasados como ignorantes, si los juzgáramos por sus obras veríamos otra cosa. En la época clásica los esclavos estaban desposeídos de derechos políticos, sin embargo, nadie se atrevió a apoderase de sus propiedades y se les permitía ocuparse en los asuntos de su economía particular. Algunos esclavos fueron célebres por sus conocimientos en ciencias y otros llegaron a ser incluso más ricos que sus amos. Hoy los gobiernos modernos dicen que dan todos los derechos cívicos a los ciudadanos, pero los consideran menores de edad para tocar el dinero verdadero.

Cada vez son más las leyes que dan permiso a los gobernantes para expropiar propiedades rústicas o urbanas y el dinero lo tenemos en vales; nosotros empujamos el coche y otros manejan la dirección y maniobran a su gusto, regulando su valor. Esto realmente hace que los que gobiernan sean todopoderosos, al estilo del Leviatán de Hobbes, por contra si el dinero tuviera valor intrínseco aumentaría la libertad de los ciudadanos.

En Austria se ha acuñado euros de curso legal en monedas de oro, que llevan este apellido: “Filarmónica de Viena”, su peso es de una onza troy, y tengo entendido que los bancos europeos y norteamericanos los reconocen como dinero; claro, que quien tenga euros de oro no creo que los gaste pagando en el banco la factura del gas, pues estas monedas tienen la virtud de multiplicarse como los seres unicelulares. Desde su nacimiento a hoy, uno ya se ha convertido en dos.

Supongo que los que dicen que debemos conservar los bosques, no malgastar el petróleo, mantener la vida animal y todo lo que se mueve, lo harán pensando en nuestros descendientes; pues bien, estoy de acuerdo con ellos, pero creo que al mismo tiempo, también deberíamos ocuparnos en dejar a nuestros hijos una riqueza pronta para utilizar, y para eso a mí no me basta con apuntes en libros que están en manos de otros, y los ahorros en vales tampoco me gustan.

Si regresáramos al patrón oro, o acuñáramos el oro y la plata, posiblemente se frenaría el consumo desbaratado de cachivaches y chirimbolos, que son un estorbo para conseguir la felicidad que deseamos; y posiblemente, tendría gran efecto en la conservación del planeta. Esto sería más efectivo que todos los planes que se han hecho para salvar la biosfera. La solución para gran parte de los males de nuestra sociedad no está en el detergente biodegradable, está en el “oro ecológico” y en la “piedra filosofal”.

El hombre libre es menos libre, si le tienen cogido por donde más duele.

3 comentarios:

Blogger Fede said...

Si me permites, voy a enlazar con un artículo que visito a menudo, pues con cada nueva lectura aprendo algo más sobre el patrón oro.

http://www.liberalismo.org/articulo/222/

S2

22 de enero de 2008 17:01  
Anonymous eureka said...

Respuesta a Fede: Gracias por poner tu atención en mi articulo. Con mucho gusto permito enlaces. Precisamente eso es bueno para mi.

22 de enero de 2008 19:22  
Anonymous Anónimo said...

Lo mas logico seria pasar al dinero electronico.

24 de enero de 2008 0:28  

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