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28 de diciembre de 2007

Lo sé de buena tinta, te lo digo por ser tú quien eres. (primera parte)

Hace más de doscientos años un joven, agente de cambio y bolsa, salió de su pueblo que está en las proximidades de Fancfort; y como tantos otros han hecho, emigró buscando una vida mejor. Eligió la ciudad de Londres, que por aquella época era la capital de las finanzas, después de que Ámsterdam le cediera el paso.

Durante un tiempo trabajó para un cambista afamado, luego, abrió su propia oficina, y lo hizo bien: Ganó renombre y pudo disfrutar del beneficio que le daba el hecho tener la confianza de sus parroquianos. Se acomodó a las costumbres inglesas, y no permitió que el éxito le hiciera olvidar su familia, ni su pueblo. Escribía frecuentemente a su madre, que ora lamentaba verse privada de la presencia de su único hijo varón, ora presumía de lo listo que era.

Un día, la madre recibió una carta de su hijo en la que afirmaba que pronto regresaría para poderle abrazar; por el momento debía esperar un poco, pues estaba muy atareado en unas gestiones, que requerían toda su atención por lo importantes que eran. Escribía para que la madre estuviera al corriente de los acontecimientos, le decía que estaba comprando todas las acciones de una compañía minera que operaba en África, en la cual habían encontrado un enorme filón de oro.

El momento era muy delicado, porque si alguien llegara a enterarse del hallazgo, las acciones subirían tanto, tanto, que él ya no podría comprar más. Se trataba de una oportunidad especial, y le rogaba que guardara bien el secreto; nadie debía saberlo. Pero si la operación salía bien, y eso podía darlo por hecho, la familia toda, quedaría a salvo de pasar necesidades económicas en el futuro.

La madre quedó bien impresionada al conocer la noticia, y ni por un momento pensó contársela a nadie, alegre y esperanzada ante un futuro feliz, se preparó una cena a base de col fermentada, patatas hervidas con finas hierbas, un esplendido codillo de vaca, y dos jarras de cerveza. La digestión de la cena debió ser difícil, porque al amanecer, la madre se encontraba en completa desazón, nerviosa e indecisa. Quería respetar la voluntad de su hijo, que tanta confianza le demostraba, pero callar el secreto a sus cuatro hijas, todas casadas y con niños, era demasiado para el corazón de una madre. Después de todo, ¿por qué no ayudarles a ganar un pellizco sin hacer mal a nadie?.

Revuelta así su mente, la mujer cedió a la tentación, y hay que decir que disfrutó al hacerlo. Reunió a sus hijas, les explicó el asunto y les exigió que no dijeran nada a sus maridos. Las hijas prometieron silencio; pero la debilidad ganó la partida, y los maridos se enteraron, y las familias de los maridos, y los amigos de las familias de los maridos, y los amigos de los amigos. Todos acudieron a Frankfort con el dinero que tenían, más el crédito que consiguieron, y todo lo invirtieron en acciones de la dichosa compañía minera esa.

Las casas de cambio y bolsa alemanas se alertaron frente a la avalancha de órdenes, y pensaron que lo mejor sería aconsejar a sus mejores clientes para que compraran. Por aquí y por allá, se decía, “Lo sé de buena tinta, la noticia viene de Londres”.

Pasó poco tiempo y la mujer recibió carta de su hijo, la abrió y leyó:
“Querida madre: afortunadamente el asunto que me ocupaba a terminado de forma feliz. (la madre aquí, no pudo evitar una sonrisa de satisfacción) Resultó ser, que recibí noticias de África aclarando que el filón de una mina de oro que tenía yo, no era tan bueno como decían, (aquí la madre se quedó de piedra) he podido vender en dos meses todas las acciones que había acumulado durante años. Gracias a mi habilidad y al altísimo precio que han alcanzado, no solamente me he salvado de la bancarrota, si no que he ganado una fortuna. Dentro de poco tiempo iré a veros y llevaré regalos”.
Meses después, el chico listo, regresó a su pueblo y se aseguró de que nada le faltara a su familia.(continuará...)

LA INFORMACIÓN PRIVILEGIADA, PUEDE SER BUENA PARA EL QUE
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25 de diciembre de 2007

Un pelotazo modelo con 2.600 años de antigüedad


Tales de Mileto era considerado peor que el tonto del bote; los que creían conocerle, muy diligentes todos, le trataban con desdén porque andaba incordiando con raros experimentos inútiles y no emprendía algo serio; en cambio ellos, gente industriosa, se las ingeniaba cada día para ingresar algunas dracmas, e incluso vestir un chitón nuevo el día de la fiesta grande. Tales, habitualmente caminaba de noche pisoteando los sembrados, porque al caminar no perdía de vista las estrellas.
Consecuencia de sus lucubraciones, predijo un eclipse solar. Calculó la vertical de las pirámides al medir la longitud de la sombra sirviéndose de una cuerda; esto lo hizo en el solsticio de verano a la hora en que el sol se encontraba casi en el cenit, no quiso hacerlo en el solsticio de invierno, porque de hacerlo así, hubiera necesitado una cuerda más larga y como buen fenicio, no empleaba más recursos que los necesarios para alcanzar su objetivo. Algunos dicen que desvió el río Halys que se oponía al paso de los ejércitos de Creso, pero no lo desvió, ¡no!, Tales era astuto y no tiraba con pólvora del rey, además, ¿Dónde lo hubiera puesto para que no volviera a molestarle?. Lo que hizo fue excavar un canal en forma de media luna, que tomaba agua del río y se la devolvía siete estadios aguas abajo. Así el ejército vadeó ambos brazos del río más o menos sin problemas.
De todas estas proezas sus vecinos no se enteraban, hasta que tanta befa mosqueó a Tales, y un día, bien dispuesto, se afanó en demostrar que no era el tarugo que todos creían que era. Su cabreo me extraña, no comprendo que un sabio se conmueva porque le llamen tonto.
No tardó en reunir sus conocimientos de meteorología, que eran más de mil, y por ser Tales un hombre que estaba en lo que hacía y no daba puntada sin hilo, concluyó, que justamente el año en curso, los olivos darían la cosecha del siglo. En lo que tarda un sabio al rascarse la calva, llegó a esta conclusión sin necesidad de gráficos, análisis técnico, ni regla de cálculo, solamente con su memoria, papel y un ábaco de madera medio roído por las ratas del vecino; afirman que las ratas eran del vecino, porque Tales tenía la despensa vacía y por esa razón, las ratas no frecuentaban su casa. Conviene decir, que por aquellas fechas el cambio climático favorecía el calentamiento global para satisfacción de todos. Esto permitía ensanchar la tierra de cultivo que antes se limitaba al valle de Mesopotamia y el delta del Nilo. Los que habitaban en otra parte debían conformarse con la ganadería, la minería o montar en barca. No en balde Homero se refirió a los troyanos con el epíteto de: “los criadores de caballos”.
Púsose pues, Tales manos a la obra, se calzó las alpargatas y comenzó a caminar. Recorrió cada palmo del territorio de Jonia y la isla de Quíos, y así obró:
No dejó una almazara por visitar y en cada una de ellas negoció de esta manera: “Mire usted, pretendo alquilar su molino eólico para esta campaña en los términos siguientes: Pagaré el diez por ciento más de lo que ganó usted el pasado año, y puesto que no conozco el negocio, le contrato para que dirija los trabajos, por esto, le pagaré su salario, además, quisiera que una persona elegida entre los ancianos de la ciudad, se encargue de revisar las cuentas. Por supuesto, si el beneficio no fuera suficiente para cubrir el compromiso, usted se embolsará los ingresos obtenidos y para compensarle de la pérdida en sus expectativas, yo me venderé como esclavo y el producto de mi venta será para usted”.
Hay que reconocer que aquel hombre le echó valor y caradura al asunto, porque este mismo pacto lo firmó en cada una de las almazaras.
Llegó el tiempo de la cosecha. ¡Qué espectáculo, señores!, no había suficientes carros para tantas olivas, se trabajó día y noche, se colmaron todas las ánforas y hubo que importar más desde Macedonia. Barcos de los llamados redondos por su amplia manga, partían a todos los destinos conocidos, el precio del aceite bajó, pero era tanta la producción, que a pesar de alguna sisa que le hicieron y en la que Tales no quiso reparar, consiguió una fortuna que invirtió en renta fija del Banco Central Europeo, con sede en el templo de Apolo en Delfos, que prestaba dinero al diez por ciento de interés y lo remuneraba también al diez. Los gastos de administración corrían a cargo del templo, que trabajaba sin ánimo de lucro.
Se atribuye a Tales la famosa frase, “Conócete a ti mismo”, que fue esculpida a la puerta del templo de Apolo, aún hoy no se sabe con certeza, si se esculpió la frase por ser buena, o porque Tales guardaba su plata en el templo.
Convertido en hombre rico, Tales lució túnica de seda persa con orla de oro fino, compró un ábaco de ágata, y tranquilamente se dedicó a estudiar. Fue respetado y admirado por los milesios. Finalmente quisiera decir, que fundó la primera escuela de filosofía que se conoce, mantuvo siempre llena la despensa, y algunas ratas fueron a vivir con él.
EPÍLOGO

El IBEX, lleva quince meses con volumen exagerado, además, en los dos últimos ha dibujado un doble techo que ya ha roto a la baja, ahora está regresando al punto de rotura.
Hay un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado. Tales hoy en día, saldría del pantano para no tocar el fango del fondo, y guardaría su dinero en renta fija.
Tales vivió noventa años, y murió en verano a causa de un golpe de calor, mientras presenciaba un torneo de gimnasia.