Hoy por hoy
soy un fiel defensor de las tarjetas de crédito como medio de pago. No contemplo ir cargado de efectivo, las tarjetas de débito me parecen eficientes financieramente y los pagos por móvil no los acabo de ver. Todo ello me lleva a ser un hombre a una tarjeta pegado. O mejor dicho a más de una: dos o tres de débito para cada una de las cuentas, dos o tres de crédito, en función de la naturaleza del pago. Cuando explico mi sistema a algún amigo menos dado a estos exceso me mira con cierta compasión, y yo le digo que si, que mi vida es complicada.
Pero lo cierto es que las tarjetas no son sólo una herramienta que nos permite bien pagar, bien financiar nuestras compras. Tienen muchos más usos. Y entre ellos, y el marketing de las entidades lo explota adecuadamente
, la posibilidad de generar ingresos a favor de causas u organizaciones con las que simpaticemos o de las que seamos miembros. No es algo novedoso, pero no esta nunca demás recordar la progresiva extensión de esta modalidad, incluso en ambientes que, inicialmente, parecerían poco propicios. Tengo que reconocer que me ha sorprendido gratamente el lanzamiento de
la tarjeta de crédito Visa The Linux Foundation.
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