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martes 4 de marzo de 2008

Pon una autovía en tu vida... y duerme si puedes

Consigues tu primer trabajo, empiezas a apartar un poco de cada sueldo con vistas a que algún día podrás independizarte, ir a vivir a tu propia casa. Vas consiguiendo mejorar de trabajo, de sueldo, abres una cuenta vivienda y por fin te lanzas y te compras el piso. Bueno, de momento, un proyecto de piso, sólo está sobre el plano, antes tendrán que construirlo, y entretanto firmas letras para los dos próximos años, luego ya firmarás la hipoteca para los siguientes treinta. Vaya, una cosa con otra, en cuarenta años te pagas un piso.

No será gran cosa, un piso pequeño en las afueras, justo donde termina la ciudad, quién se compra hoy algo en el centro. Pero tiene la ventaja de que enfrente tienes el campo, vistas a la naturaleza, todavía de color verde si vives en el Norte de España; hay paz y tranquilidad.

Has tenido suerte, la promoción se acaba sin problemas, firmas escrituras de compra e hipoteca, te entregan las llaves y te mudas, ¡qué ilusión, ya tienes tu piso, tu sueño, tu nido! Te instalas, compras muebles, lo pones bonito (estilo minimalista, que con los recibos de la hipoteca no da para muchos lujos).

A los dos años empiezan a levantar el terreno enfrente de tu casa, van apareciendo un montón de palas y camiones y levantan un largo terraplén. Preguntas a unos y otros, y te enteras de que se trata del acceso a la nueva autovía ¡a sólo quince metros de la ventana de tu dormitorio! Empiezas a revisar expedientes, a mirar boletines, resulta que no hay ni estudio de impacto ambiental, en la época en que se aprobó el proyecto no estaba desarrollada la normativa sobre evaluación ambiental y la administración y la empresa pasaban de meterse en esos berenjenales. Total, quién se lo va a impugnar, una nueva infraestructura es el progreso, el futuro, el siglo XXI, no hay más que ventajas para todos. (Una alternativa tan fantasiosa como ésta es que sí haya EIA, pero considere el impacto del ruido como un "impacto compatible", ya que su impacto para los vecinos se ve compensado con la mejora de las comunicaciones, con lo que su bienestar no sufre -quien redactó el EIA no vive al lado de la autopista, obviamente).

Aguantas dos años y medio el ruido de las palas y camiones, cada día más estresado y durmiendo peor, pensando que ya acabará cuando se inaugure la autovía. Tararí que te ví. La autovía se inaugura sin medidas de protección contra el ruido. Te han colocado debajo de tu ventana un vial de acceso a la autovía, por el que circula a diario el grueso de los coches que entran y salen de la autovía a tu zona de la ciudad, varios miles de vehículos, sin ninguna protección.

Empiezas a presentar quejas en la delegación de Demarcación de Carreteras. Consigues que pongan unas medidas de reducción de la velocidad, se supone que a menor velocidad menos ruido; pero te ponen ¡bandas sonoras! ¡MÁS RUIDO TODAVÍA! Más quejas, cambian las bandas por otras de goma, algo menos de ruido, pero dejan las huellas de las anteriores, la muesca en el asfalto, que siguen haciendo ruido. Y también lo hacen los coches que pasan las bandas de goma a toda velocidad (todo terrenos, vehículos con ruedas grandes en general) y los que las esquivan por la noche a 100 km/h. Insistes ante la demarcación: que pongan semáforos con radar que se ponen en rojo cuando se circula a más de 50 km/h, que pongan pantallas contra el ruido. Contestación: el servicio de mantenimiento no tiene presupuesto para eso, cuesta mucho.

Ciervo en Yelloswstone N.P.¿Cómo es posible que se pueda construir una autovía y sus accesos sin medidas de protección contra el ruido? ¿Es que la Administración que adjudica la obra y la empresa concesionaria no saben que hay una legislación sobre ruidos que hay que cumplir? ¿No saben que el ruido afecta a la salud de las personas? El coste de las medidas contra el ruido no corresponde a mantenimiento de la carretera, va dentro de su construcción: igual que se ponen medidas de seguridad contra accidentes, hay que adoptar medidas de salubridad respecto a las personas cuya vida se va a ver afectada por esa carretera. Es de sentido común. Es de responsabilidad social (eso de que hablan tanto las empresas pero ninguna cumple). Es de ley.

Así que, al final, contactas con alguna de las asociaciones y plataformas creadas por las víctimas del ruido en sus múltiples manifestaciones, con sus abogados especializados, y te embarcas en una lucha larga y difícil en los tribunales, que acabarán dándote la razón porque es de sentido común y de ley.

Efectivamente, hay una legislación que administraciones y constructoras deben cumplir y que, si no lo hacen, los tribunales les hacen cumplir. No en vano, se ha reconocido que el ruido excesivo constituye una violación de derechos fundamentales: derecho a la inviolabilidad del domicilio, a la vida privada y familiar, y el Estado Español ya fue condenado en 1994 por el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas por no proteger frente al ruido a un ciudadano. Desde entonces, se han sucedido los pronunciamientos de juzgados y tribunales de todos los órdenes estimando demandas y denuncias por ruidos excesivos que no son atajados por las autoridades competentes. ¿Curiosamente?, éstas siempre optan por proteger al industrial, comerciante o constructor ruidoso y abusivo que al vecino cuyos derechos ampara la Ley.

Antes de autorizar una nueva autopista, un nuevo polígono industrial o fábrica aislada, un nuevo aeropuerto... hay que tratarlo con todos los vecinos (algo que es obligado por imponerlo el Convenio de Aarhus, las directivas que lo han incorporado a la normativa europea y la Ley 27/2006, que regula los derechos de acceso a la información, de participación pública y de acceso a la justicia en materia de medio ambiente, considerar las molestias que les va a causar y adoptar las medidas necesarias para minimizarlas. Esto no supone detener el progreso, sino todo lo contrario: el progreso debe tender siempre hacia la mejor calidad de vida, a mejorar el bienestar de TODOS, sin que algunos tengan que sacrificar sus vidas por el resto.




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jueves 18 de octubre de 2007

Mucho ruido

Es ya un tópico que España es un país ruidoso. Cualquier festejo popular, para ser realmente bueno, tiene que meter mucho ruido. Lo mismo que una buena moto. Ejemplo señero lo tenemos en Asturias, en Cangas del Narcea, donde tienen como elemento más destacado de sus fiestas locales la descarga, que consiste en lanzar miles de voladores en unos cinco minutos, con un estruendo realmente ensordecedor; y ¡está declarada de fiesta de interés turístico!

Sin embargo, el ruido es causa de variados problemas de salud, desde las lesiones del aparato auditivo a trastornos del sueño, estrés, problemas estomacales o cardíacos e incluso riesgos en el embarazo. Cualquiera que tenga que padecer los ruidos de la discoteca o restaurante en la planta baja de su edificio; de una calle especialmente afectada por el tráfico o la movida; o por unos vecinos desaprensivos (no digamos ya por la proximidad de un aeropuerto) saben a qué me refiero.

Va surgiendo una conciencia sobre este problema, hasta el punto de que se ha aprobado una Ley del Ruido y un R. Decreto que la desarrolla en ciertos aspectos; y este viernes, 19 de octubre, el Gobierno aprobará una norma, complemento del código técnico de la edificación, para aumentar el nivel de aislamiento sonoro de las viviendas. Ya se va admitiendo que el ruido es una forma de contaminación: contaminación acústica.


Botellón andino
No quiero generalizar en exceso, pero creo que puede decirse que no existe la misma sensibilidad en las autoridades locales. Podemos presentar las quejas que queramos por la música en la calle, por las actividades de bares, restaurantes, etc.; de industrias ruidosas, del tráfico; de los vecinos. Lo más que harán, será enviar a la policía municipal a realizar mediciones; si insistimos mucho, acabarán imponiendo una multa al responsable del ruido o incluso anulándole la licencia o precintándole el equipo de música. No pasa nada, se rompe el precinto y se continúa con la actividad. Y no digamos cuando es el propio Ayuntamiento quien promueve la actividad ruidosa, como es el caso de las fiestas locales. Hace poco, con ocasión del Congreso sobre seguro y responsabilidad de Gijón, estuve hablando unos minutos con la alcaldesa; había intervenido en el acto de inauguración haciendo referencia a la problemática de las administraciones locales que tienen que enfrentarse a reclamaciones de responsabilidad patrimonial cada vez más exigentes, entre ellas algunas referentes a los ruidos. Hablamos después sobre la Semana Negra (una feria que, aparte del ruido, me gusta particularmente por la variedad de elementos que contiene, incluyendo el certamen de novela negra, presentaciones de documentales, curso y exposiciones de fotoperiodismo, charlas y debates, etc.) y se dolía de una sentencia que habían ganado unos vecinos y que obligaba a celebrarla en lo sucesivo lejos de sus viviendas; estaban viendo la forma de no tener que ejecutarla. Se lamentaba de lo "quejicas" que somos ahora por todo; si total son sólo diez días, y son unas fiestas muy populares. Esta buena señora, que con seguridad no duerme en las proximidades de la fiesta, no entiende que no se puede pasar diez días sin dormir; mucho menos se tu trabajo exige mucha atención, si estás enfermo, si tienes bebés...

No existe mucha mayor conciencia por parte de las autoridades estatales o de la mayoría de las autonomías, fuera de la elaboración de las normas indicadas, que no cumple la propia Administración. Así, raramente se colocan pantallas contra el ruido en los márgenes de las carreteras aunque pasen pegadas a bloques de viviendas; no se establece ningún control sobre los ruidos (ni el polvo, entre otras cosas) de las obras; y tenemos el caso reciente de los afectados por la apertura de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, que acaban de ser trasladados a nuevas viviendas, después de haber estado soportando un ruido infernal desde la apertura. ¿Por qué no se les trasladó antes de la apertura? De la misma forma que se planificaron los accesos al aeropuerto, ¿por qué no se planificó con tiempo ese traslado, si por fuerza se tenía que saber que la vida en esas viviendas iba a ser insoportable? Sin embargo, aún hoy siguen sin elaborarse mapas de ruido en la mayoría de ciudades y de ayuntamientos con aeropuerto. Sin ir más lejos, en Asturias se presentó un proyecto para una urbanización de centenares de viviendas muy próxima al aeropuerto. ¿Quién comprará sabiendo la situación? Pero si no se elabora el mapa, es posible colocarle los chalets a veraneantes de fuera.

En cambio, en el ámbito judicial cada vez existen más pronunciamientos que tratan de acabar con el ruido excesivo en aplicación de la normativa cada vez más severa sobre la materia o, incluso, con base en los derechos humanos (en cuanto que se considera un atentado al derecho a la inviolabilidad del domicilio y al respeto a la vida privada). Así, en un buen repertorio de jurisprudencia encontramos ya condenas penales a empresarios y alcaldes por delitos contra el medio ambiente, basados en la producción de ruidos por los primeros y la pasividad para atajarlos por los segundos; encontramos la imposición de indemnizaciones a cargo de ayuntamientos o de empresarios; órdenes de cierre de negocios o de eliminación de elementos ruidosos, no sólo en bares musicales, también otros como instalaciones de ventilación o aire acondicionado en supermercados u oficinas; obligaciones de abstenerse de hacer ruidos a personas, llegando al extremo de privarles del uso de la vivienda durante años; o incluso de elaborar mapas de ruidos a cargo de un ayuntamiento en el que sitúa un aeropuerto o de tramitar expedientes de zona acústicamente saturada.

Existe una asociación, Juristas contra el ruido, compuesta por abogados y otras personas afines comprometidas en la lucha contra esta lacra. Acabo de incorporarme a la misma con motivo de que me han hecho algunos encargos sobre problemas de este tipo y porque se trata de un problema sobre el que todavía hay mucho camino que recorrer para lograr unas ciudades más habitables.

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