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jueves 24 de abril de 2008

Campos electromagnéticos y salud (con un apunte jurídico)

En un post ya antiguo prometí hablar de los campos electromagnéticos y sus posibles riesgos para la salud. Por fin cumplo mi promesa y me pongo a ello. Y es que es un tema que por un lado ha suscitado una gran preocupación social que ha llevado a la creación de numerosas plataformas, asociaciones y grupos para oponerse a determinadas instalaciones de antenas de telefonía móvil o a nuevas líneas de alta tensión; y, por otro, es polémico por la negativa de la industria a reconocer que tengan cualquier tipo de efecto sobre la salud humana. No voy a hacer un estudio en profundidad, que sería imposible porque obligaría a examinar miles de publicaciones sobre el tema. Voy a centrarme en dos documentos que pretenden resumir el estado de la cuestión, voy a criticarlos porque me parecen sesgados a la vista de sus contradicciones internas, y me voy a referir a la existencia de toda una montaña de estudios sobre la cuestión, con enlaces donde se pueden encontrar muchos de ellos. Al final, me referiré muy brevemente al estado jurídico de la cuestión.

Qué son los campos electromagnéticos (CEM). Tipos.

Comenzaré precisando (siguiendo el sitio de la Organización Mundial de la Salud dedicado a este tema) que existen distintos tipos de campos electromagnéticos en función de su frecuencia; así, existen campos de frecuencia extremadamente baja (FEB, más conocidos por ELF, en inglés), por debajo de 300 Hz, creados por ejemplo por las líneas de conducción de la electricidad o los aparatos eléctricos; campos de frecuencia intermedia (FI), de 300 Hz a 10 MHz, creados por las pantallas de los ordenadores o sistemas de seguridad; y campos de radiofrecuencia (RF), de 10 MHz a 300 GHz, que son los de la telefonía móvil, la televisión o la radio, y los hornos microondas.

Los CEM se consideran de frecuencia relativamente baja porque existen otros que la tienen mucho más alta, como la luz visible, los rayos X, gamma, etc. Son campos no ionizantes, no rompen los enlaces entre las moléculas, porque no llevan tanta energía como las ondas de frecuencia más alta, como es el caso de los rayos X o los gamma.

La unidad de medida empleada a los efectos que nos interesan es la tesla, que mide la densidad de flujo.

Electricidad en el organismo humano.

Como en el organismo humano se producen de forma natural y sin inducción externa corrientes y reacciones eléctricas de muy pequeña entidad (la actividad nerviosa, la del corazón, la digestión), tenemos partículas con carga eléctrica. Esas reacciones eléctricas son lo que miden los electrocardiogramas o electroencefalogramas. Precisamente por eso, los campos electromagnéticos de frecuencia baja inducen corrientes circulantes por nuestro organismo, cuya intensidad dependerá de la del campo electromagnético.

Efectos de los CEM sobre el organismo: térmicos y no térmicos.

El principal efecto posible de los campos electromagnéticos es el calentamiento, si el campo tiene suficiente intensidad. Eso es lo que hacen los hornos microondas. En cambio, los ELF no tienen efectos térmicos, por lo que no existen riesgos en ese sentido para la salud. Existen estudios, sin embargo, que acreditan el efecto térmico del uso de teléfonos móviles: al tenerlos próximos a la cabeza, pueden llegar a calentar el cerebro.

La cuestión es si la exposición prolongada a esos campos puede producir otros efectos biológicos que influyan en nuestra salud. Dada la relevancia que la electricidad ha llegado a alcanzar en nuestra sociedad, la cuestión ha dado lugar a una gran preocupación social. Y es que prácticamente no hay lugar en que estemos libres de la influencia de algún campo electromagnético, ni siquiera en la naturaleza, puesto que salvo en los rincones más alejados de la civilización seguramente llegarán las ondas de la telefonía móvil.

Dificultades de la investigación.

Pues bien, para determinar si la exposición a esos campos tiene o no efectos sobre la salud se han realizado numerosísimos estudios, que no han podido llegar a conclusiones definitivas. Precisamente por la exposición cotidiana y generalizada a esos campos, es imposible efectuar estudios comparativos entre población expuesta y no expuesta. Dado que, de haber algún efecto, se produciría a largo plazo, es prácticamente imposible determinar si cualquier enfermedad que se produzca se debe o no a la exposición a campos electromagnéticos. Por otra parte, como cada individuo tiene una diferente sensibilidad, una diferente propensión a sufrir unas u otras enfermedades en función de su carga genética, de su entorno y de sus hábitos y vivencias, y que incluso puede variar a lo largo de su vida, es prácticamente imposible aislar una única causa determinante de una enfermedad, sobre todo tratándose de algo que influiría a largo plazo. Por ello, se hacen investigaciones en laboratorio, sea en probeta o con animales, pero cuyos resultados no son definitivos en cuanto a que en el ser humano puedan producir los mismos efectos; muchos estudios se basan en investigaciones epidemiológicas, con las dificultades que ello conlleva en cuanto a discernir el origen de las enfermedades a estudio respecto a otras posibles causas por los motivos expuestos.

Informes de la OMS y de expertos para el Ministerio de Sanidad español.

NazcaLa OMS ha elaborado un documento que pretende resumir las conclusiones alcanzadas globalmente por los 25.000 estudios científicos que dice que se han elaborado sobre la cuestión (y se trata de un documento que ya tiene algunos años, con lo que hoy podría haber muchos más estudios). Por su parte, el Ministerio de Sanidad español encargó un documento semejante a un Comité de Expertos, publicado en el año 2001.

Conclusión base de esos estudios: no hay riesgo para la salud.

Me llama mucho la atención que ambos estudios comienzan negando que los campos electromagnéticos tengan efectos sobre la salud, aunque cada uno lo hace en distinto sentido, para luego mencionar que existen estudios que dicen lo contrario pero a los que quitan relevancia. Así, la OMS dice:
"Basándose en una revisión profunda de las publicaciones científicas, la OMS concluyó que los resultados existentes no confirman que la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad produzca ninguna consecuencia para la salud."

El Comité de Expertos del Ministerio de Sanidad es más comedido ya que condiciona esa optimista conclusión al cumplimiento de los límites de intensidad de los campos impuestos reglamentariamente:
"este Comité de Expertos considera que no puede afirmarse que la
exposición a CEM (campos electromagnéticos) dentro de los límites
establecidos en la Recomendación del Consejo de Ministros de
Sanidad de la Unión Europea relativa a la exposición del público en
general a CEM de 0 Hz a 300 GHz produzca efectos adversos para la
salud humana. Por tanto, el Comité concluye que el cumplimiento
de la citada Recomendación es suficiente para garantizar la
protección de la población."

Contradicción de esa conclusión con el desarrollo de los informes.

El caso es que a lo largo de sus respectivos informes, ambos se desdicen de esa afirmación. En el informe de la OMS, la negación de que haya relación de causalidad entre los campos electromagnéticos y determinados problemas o enfermedades a veces parece puramente voluntarista; pero cae en manifiesta contradicción cuando se refiere al cáncer.

Posibles problemas neurológicos.

Así, menciona que algunas personas manifiestan una serie de síntomas como dolor de cabeza, ansiedad, suicidios, depresiones, náuseas, fatiga y pérdida de la libido (no menciona los trastornos del sueño, que se citan a menudo), pero los descarta diciendo que hay que atribuirlos al ruido (¿?) o a la ansiedad frente a nuevas tecnologías; vamos, que todos los que manifiestan estos síntomas son neuróticos. Me parece que esto contrasta con lo que decía la propia OMS al exponer qué son los campos electromagnéticos, en cuanto a que el sistema nervioso crea pequeñas corrientes mensurables y que los campos podían inducir corrientes en nuestro organismo y alterar las cargas de los elementos afectados por ellas; si es así, ¿cualquier alteración del sistema nervioso detectada en personas bajo la influencia prolongada de ELF debe atribuirse a histeria y en ningún caso al ELF?. Más adelante vuelve sobre esto, ahora ya citando los trastornos del sueño y la epilepsia, para descartar nuevamente cualquier relación.

El Comité del Ministerio de Sanidad reconoce la existencia de efectos biológicos sobre el sistema nervioso y que no se conoce la relevancia que puedan tener en la fisiología y salud humana. Si no se conocen los efectos sobre la salud, ¿cómo se puede afirmar que no tiene efectos nocivos?

Posibles efectos sobre los embarazos.

Lo que dice la OMS respecto a los embarazos me parece una argumentación muy retorcida:

"el conjunto de los resultados demuestra que la exposición a los niveles típicos de los campos del medio no aumenta el riesgo de desenlaces adversos como abortos espontáneos, malformaciones, peso reducido al nacer y enfermedades congénitas. Se han publicado informes esporádicos de asociaciones entre problemas sanitarios y la presunta exposición a campos electromagnéticos, como informes sobre partos prematuros y con peso reducido de trabajadoras de la industria electrónica, pero la comunidad científica no ha considerado que estos efectos estén necesariamente ocasionados por la exposición a campos electromagnéticos (frente a la influencia de factores como la exposición a disolventes)."


¿A qué llamamos "niveles típicos"? ¿A los que tiene la generalidad de la población? Si nos vamos a niveles no típicos, como las trabajadoras de la industria electrónica que menciona luego, o a quienes duermen muy cerca de una línea de alta tensión o con una antena de telefonía móvil al otro lado de la pared del dormitorio, ¿hay o no riesgo? ¿Son esos los casos a que se refieren esos "informes esporádicos" que cita? Si la comunidad científica dice que no están necesariamente ocasionados por exposición a ELF, ¿quiere eso decir que es posible que sí lo estén? Eso es lo que se puede leer entre líneas.

Efectos sobre la vista

Luego menciona informes sobre casos de cataratas e irritación de ojos; pero dice que la experimentación en animales no ha corroborado que esos problemas se produzcan a niveles a los que está expuesta la población normal. Otra vez, ¿cuáles son esos niveles? ¿Los de alguien que duerme a 25 metros de una línea de 400 kv?

Cáncer

En cuanto al cáncer, empieza reconociendo que esa relación de causalidad es controvertida, lo que ya bastaría para no haber sido tan optimista al principio al negar todo efecto sobre la salud; el resto del apartado es cuando menos confuso, si no abiertamente contradictorio. La conclusión que uno puedo obtener es que al menos algunos estudios han encontrado relación entre los campos electromagnéticos y algunos tipos de cáncer, particularmente la leucemia infantil. Pero es que si vamos a otro documento de la propia OMS, centrado en la relación entre ELF y cáncer, encontramos un cuadro con la clasificación de diversas sustancias y radiaciones en relación con el cáncer y encontramos a los campos magnéticos ELF calificado como posiblemente carcinogénico, con la leyenda: usualmente basados en evidencias en seres humanos consideradas como creíbles pero por otras explicaciones no pueden ser excluidas. Luego se explica que dos análisis recientes de estudios epidemiológicos encontraron una relación de más casos de leucemia infantil entre población expuesta a determinadas intensidades de campos ELF. El estudio del Ministerio de Sanidad también menciona estos y otros análisis, algunos de los cuales encontraron relación, además de con la leucemia infantil, con el cáncer de cerebro, con otro tipo de leucemia (mielocítica aguda) y con cáncer de mama en mujeres y hombres. Es curioso que, entre los numerosos estudios que cita, de los que varios encuantran relación con los tipos de cáncer indicados, destacan en negrita uno (por cierto, que no procede de ninguna institución pública ni de ninguna Universidad) que niega que haya evidencia de que la exposición a campos magnéticos procedentes del suministro de energía eléctrica incremente el riesgo de leucemias, cánceres de sistema nervioso central o cualquier otro tipo de cáncer en niños. Luego destacan otro que sí encuentra esa relación en casos de exposición a campos intensos.

Reloj biológico

El informe del Ministerio de Sanidad reconoce también que los CEM por encima de determinados valores de intensidad pueden alterar el reloj biológico en mamíferos (lo que puede tener relevancia en cuanto a la secreción de melatonina, que parece tener relación con algunos tipos de cáncer).

Recomendación: principio de precaución, información al público, limitaciones.

Por otro lado, tanto la OMS como el Comité de Expertos del Ministerio de Sanidad (siguiendo los criterios de la Unión Europea y de otros muchos gobiernos e instituciones) recomiendan la aplicación del principio de precaución, la adopción de ciertas medidas de prevención, establecer limitaciones a la intensidad de los CEM, informar sobre los riesgos al público y continuar con la investigación. Vaya, si estuviera tan claro que no hay ningún riesgo para la salud, ¿por qué adoptar precauciones e informar a la sociedad, como defienden los expertos del Ministerio?

¿Doble discurso público?

Parece que en este caso, como en tantos otros, existe un doble discurso por parte de autoridades y organismos públicos. Por un lado, se quiere hacer ver al público que son muy diligentes y responsables, que están muy preocupados por los problemas de salud pública y adoptan medidas de precaución muy rigurosas, y por otro niegan la existencia de problema alguno. Pasó con las vacas locas, que se ocultó durante años al público y se permitió la comercialización de los piensos que generaron el problema y sólo se reaccionó con medidas extremas y en algunos casos excesivas cuando empezaron a conocerse casos de enfermedad en humanos; lo mismo con los pollos con dioxinas; no digamos con la gripe aviar, que difícilmente se puede contagiar a humanos pero tanto el Ministerio como las Comunidades autónomas gastaron un dineral en un fármaco que está caducando sin uso alguno y que además se sabía que no tendría ninguna utilidad en caso de epidemia; acaba de pasar con el aceite de girasol; y pasa con los campos electromagnéticos.

Más documentación e información: AVAATE

Creo que todos recordaréis el caso del colegio de Valladolid en el que muchos niños padecieron leucemia, que se relacionó con la existencia de numerosas antenas de telefonía móvil en su entorno. Precisamente en Valladolid cristalizó la asociación más activa en cuanto a la prevención de la salud frente a los posibles efectos nocivos de las antenas, AVAATE, cuyo sitio en internet alberga más de seiscientos de los miles de estudios científicos sobre la cuestión, así como sentencias, enlaces y otras cosas interesantes para quien quiera documentarse más. Destaco la recopilación de los informes científicos sobre el posible influencia de los CEM en la salud, insisto que más de seiscientos, referidos a los más diversos problemas que se pueden plantear: desde el cáncer o los efectos neurológicos a problemas de huesos, hormonales, de esclerosis, etc. Creo que son suficientes como para que se pueda descartar tajantemente, como hace la industria, cualquier efecto nocivo sobre la salud.

Conclusión.

Como conclusión, podría decirse que los efectos de los CEM en la salud no están acreditados de manera definitiva por las dificultades que existen para determinarlos. Que es posible que los CEM de elevada intensidad puedan producir efectos sobre la salud de algunas personas si permanecen largos períodos de tiempo bajo su influencia; pero esos efectos dependerán de muchos factores personales y ambientales de cada individuo, de manera que mientras muchas personas no se verán afectadas en absoluto, cabe la posibilidad de que algunas puedan desarrollar algún problema de índole muy variada. Por ello, es conveniente adoptar el principio de prevención: limitar la exposición a CEM intensos, tratar de evitar vivir muy cerca de líneas de alta tensión o de antenas de telefonía móvil; usar el teléfono móvil con sistema de manos libres o con altavoz para evitar pegarlo a la cabeza -y mejor si se utiliza el fijo-; no permitir que los niños usen teléfono móvil.

Aspectos jurídicos.

En cuanto a la normativa sobre la materia, existe en primer lugar un R. Decreto que regula el espectro radioeléctrico e introduce medidas de protección sanitaria frente a emisiones radioeléctricas, que se limita a ordenar al Ministerio de Sanidad que evalúe los riesgos para la salud de esas emisiones, impone unas limitaciones en cuanto a la intensidad de los CEM en los lugares en que habitualmente puedan encontrarse las personas; y ordena que se presenten informes sobre el cumplimiento de esos límites antes de conceder las autorizaciones para nuevas instalaciones.

El límite establecido es elevadísimo, por lo que es muy difícil que se pueda objetar cualquier tipo de instalación nueva por superarlo. Lo que sí es más factible es oponerse por la falta de aportación del informe exigido.

Algunas Comunidades Autónomas han aprobado normas que regulan la misma materia, imponiendo ciertas limitaciones a las antenas de telefonía (no es el caso de Asturias, Comunidad que destaca por no haber aprobado prácticamente ninguna norma de desarrollo de la protección medioambiental, ni siquiera la más básica sobre los estudios de impacto ambiental). Y algunos Ayuntamientos han aprobado ordenanzas. Curiosamente, es muy frecuente que luego no exijan su cumplimiento, lo que hace factible impugnar judicialmente la concesión de licencias por no ajustarse a la ordenanza o norma autonómica.

También se puede lograr la retirada de antenas porque muchas ni siquiera tienen licencia municipal, que es exigible en todo caso.

Otro motivo frecuente de impugnación es que se coloquen sobre edificios tras acuerdos con la comunidad de propietarios pero sin que haya habido unanimidad entre éstos. La jurisprudencia mayoritaria entiende que es una cuestión que exige la unanimidad de todos los propietarios, aunque algunas sentencias sólo exigen la mayoría cualificada y la aprobación por los propietarios más directamente afectados.

En cuanto a las líneas eléctricas, a partir de cierta longitud e intensidad exigen estudio de impacto ambiental; estos estudios parten de descartar cualquier efecto sobre la salud, por lo que podrían resultar incompletos a la vista de lo antes expuesto, en el caso de que la línea pasase muy cerca de viviendas.

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martes 15 de abril de 2008

Mi visión del nuevo Gobierno

La estructura y los nombres del nuevo Gobierno presentado por José Luis Rodríguez Zapatero parece que indican algunos cambios de orientación política en ciertos campos, mientras que apuntan a la continuidad en otros. Voy a referirme sólo a algunos temas, a los que he tratado en alguna forma en los artículos anteriores de este blog o a algunas cuestiones más o menos próximas. Adelanto que veo luces y sombras, algunas muy oscuras.

Empiezo por los dos nuevos Ministerios. La creación del Ministerio de Igualdad me parece muy positiva; los repetidos casos de violencia de género exigen una respuesta firme y seria por parte de todos. No basta con medidas policiales y judiciales: éstas vienen cuando ya se ha producido el caso de violencia. Hay que ir mucho más allá, a un cambio en la sociedad que acabe con esa idea de que alguien puede pertenecer a otra persona; que una mujer tiene que satisfacer y someterse siempre al hombre, incluso aunque su relación haya terminado, iincluso en los casos en que nunca lo haya aceptado. Y hay que tener en cuenta que la situación no está mejorando con la generación más joven: entre los chavales actuales existe la misma idea de sometimiento de la mujer al hombre (idea asumida por ellas) que en las sociedades más machistas. Esperemos que la nueva Ministra sea valiente y vaya al fondo de la cuestión, sin quedarse en medidas semánticas, policiales o para la galería, que a eso nos tienen muy acostumbrados pasados gobiernos, de uno y otro color. Y, aunque sea una medida para la galería, el que haya más mujeres que hombres en el Gobierno, o que el Ministerio de Defensa tenga titular mujer, me parece un gesto valiente y positivo, que demuestra que las mujeres pueden ocupar cargos directivos con la misma eficacia que los hombres.

También me parece muy bien la creación de un nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación. Ya critiqué anteriormente la baja productividad de la economía española, prácticamente de carácter tercermundista por estar basada en el cemento, el alquitrán y el kilowatio, en el uso masivo de suelo y energía. La creación de este Ministerio podría apuntar a un cambio en la política económica del Gobierno, a buscar el desarrollo y el crecimiento no en la construcción (insisto: consumo de suelo y energía, insostenibilidad, empleos precarios, baja o nula productividad) sino en las nuevas tecnologías, en el I+D.

Ahora bien, la continuidad de la tan criticada Ministra de Fomento Magdalena Álvarez, partidaria entusiasta de las autovías y el tren de alta velocidad, y del propio Ministerio en sí, con ese nombre y la orientación que señala, parecen apuntar lo contrario de lo que acabo de decir. Las principales asociaciones ecologistas del país, con Los Verdes, IU e IC, presentaron una petición en el Congreso en la anterior legislatura, que reprodujeron nada más iniciarse ésta, solicitando el cambio de la denominación del Ministerio de Fomento por Ministerio de Transporte y Movilidad, con un cambio radical en su política: menos inversión en infraestructuras y más en movilidad sostenible. La construcción de autopistas y trenes de alta velocidad se orienta a facilitar el transporte por carretera, que consume mucho combustible, contamina y emite gases de efecto invernadero, es ruidoso, ocupa mucho suelo... La alternativa es invertir en trenes de cercanías y en trenes rápidos para las altas distancias, pero utilizando y mejorando las líneas existentes, sin nuevas infraestructuras. Esto no quiere decir que se vaya a producir un gran parón en la construcción de obra pública (el decrecimiento que defiendo no implica recesión) porque son necesarias otras infraestructuras e inversiones: en la mejora y mantenimiento de la red existente, sobre todo de tren pero también de las carreteras ya construidas; en saneamiento (la mayoría de las depuradoras pequeñas y medianas no funcionan, al menos en Asturias; en la recogida y aprovechamiento de las aguas pluviales en las ciudades... Así que la buena intención económica que parece tener la creación del Ministerio de Innovación queda en entredicho con la continuidad en y de Fomento.

En cuanto al nuevo Ministro de Industria, no puedo hablar de él, no conozco los detalles de su orientación, aunque parece que es el autor de la propuesta de la oferta electoral de 400 euros para todos, que luego se quedó en sólo para algunos. Ya me pronuncié sobre ella, muy críticamente, así que esperaré a ver qué hace para juzgarle, pero no espero grandes cosas.

Artesonraju al anochecerLa desaparición de un Ministerio de Medio Ambiente independiente para integrarlo con agricultura en un nuevo Ministerio de Medio Ambiente, Medio Marino y Rural me parece muy negativo porque, al ser su titular quien lo era del Ministerio de Agricultura más que una fusión parece una absorción para que predomine la política agraria (debería decir agrarista) sobre la medioambiental, y parece que eso es lo que piensan sus funcionarios. Creo que es un error porque la política medioambiental no se refiere a lo que pasa en el campo, sino que es transversal a todo: el medio ambiente es el medio en que vivimos; no es el bosque o el campo, lo es todo. La ciudad también es "medio ambiente" porque la mayoría vivimos y trabajamos en la ciudad, es el medio en que nos movemos y existimos habitualmente; por ello, la contaminación en las ciudades es un problema serio, se trata del aire que respiramos la mayoría, y que provoca enfermedades y muerte. Y someter la defensa de nuestra salud y de nuestro patrimonio natural a las políticas agraristas que ha defendido hasta ahora la Ministra Espinosa y su equipo (continuamente enfrentada al Ministerio de Cristina Narbona) pone en entredicho la seriedad de las intenciones de José Luis Rodríguez Zapatero cuando dice que uno de sus objetivos para la próxima legislatura es la defensa del medio ambiente. De hecho, su primera decisión va en sentido contrario a la orientación del Ministerio de Narbona y a lo que piden los grupos ecologistas y los investigadores que tratan sobre la "Nueva Cultura del Agua": ha aprobado un trasvase del Ebro a Barcelona, aunque no se atreve a llamarlo por su nombre. Mala conciencia tendrán.

Decía que la política medioambiental es transversal porque alcanza a la política fiscal, de fomento, energética, de transporte, de urbanismo y ordenación del territorio, agrícola... José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno anterior no han querido entenderlo así hasta el momento (de ahí los continuos choques del equipo de Narbona con los demás Ministerios), por lo que cuando habla de su política medioambiental y su compromiso con la lucha contra el cambio climático me parece que hace una política de mucha palabrería y pocos hechos. Muchos gestos, mucha legislación (porque obliga la Unión Europea), pero poca política material, poca ejecución de esa legislación. De hecho, podría decirse que el principal actor en la política de defensa del medio ambiente hoy es el poder judicial, con las sentencias que dicta en aplicación de esa legislación que el propio gobierno no cumple.

En conjunto, me parece que el nuevo Gobierno, aunque tiene algunas luces en las posibles políticas de innovación y de mujer, tiene una orientación económica y social más orientada al desarrollismo económico que ha demostrado su fracaso y que pone en grave riesgo el planeta (el lugar en que todos vivimos) que a la sostenibilidad y el bienestar común, como ha señalado Ecologistas en Acción. Esperemos que dentro de unos meses pueda escribir otro artículo rectificando.

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jueves 31 de enero de 2008

Decrecimiento, productividad, sostenibilidad, calidad de vida (2ª parte)

Una economía política antisistema.

Si tomamos la definición de la Economía como la disciplina que pretende la mejor asignación de recursos escasos , la pretendida ortodoxia de los economistas al uso queda más que comprometida. Un sistema económico que busca producir más y más, crecer sin freno, incluso aunque en ese proceso se agoten las materias primas (incluyendo el agua, los bosques, el aire limpio...) es algo contrario a toda racionalidad económica. Cuando a los ecologistas nos llaman antisistema, yo siempre replico que es al contrario, que nosotros los ecologistas somos los defensores del sistema, que antisistema son quienes defienden el modelo productivo actual: sencillamente, este modelo no podrá subsistir cuando se agote el petróleo, el gas natural, el uranio, el agua y el aire limpios y tantas otras materias primas.

Sostenibilidad y perversión de la «responsabilidad ambiental».

Precisamente el concepto de sostenibilidad hace referencia a que el sistema económico y social sea perdurable, que pueda mantenerse en el tiempo sin riesgo de un fin más o menos abrupto, catastrófico, por el agotamiento de las materias primas y del suelo que necesita (una economía basada en la construcción y el uso masivo de energía, como la española, necesita siempre más suelo para construir más edificios, autopistas y vías para el AVE, más centrales eléctricas, más canteras y minas). Por eso, cuando políticos y ejecutivos hablan de la sostenibilidad de sus proyectos y alardean de su compromiso medioambiental, hacen un ejercicio de hipocresía indignante. Lo único que pretenden es la "sostenibilidad" de sus cargos y de sus ingresos millonarios, pero están destruyendo toda posibilidad de seguir creando riqueza de aquí a pocos años.

Y obsérvese que la perversión de este modelo llega incluso a la agricultura y ganadería, donde se habla de una revolución verde que se pretende que permite producir más alimentos que permitirían luchar contra el hambre en el mundo, pero que lo que hace en realidad es arruinar campesinos, hacerles dependientes de las grandes corporaciones del sector perdiendo toda autonomía y, de paso, perder una enorme riqueza en biodiversidad y en sabiduría popular, talar selvas y contaminar acuíferos (sobre la falacia de que las hambrunas africanas se derivan de la insuficiente producción de alimentos en el mundo, recomiendo la lectura de Rendición o hambre, de Robert Kaplan, reportaje sobre las hambrunas en Etiopía, Eritrea, Sudán y Somalia de los años 1970 y 80, que acaba con muchos mitos y pone en su sitio tanto a los gobiernos occidentales como a los del antiguo bloque comunista). Lean, por ejemplo, a Vandana Shiva (aquí están colgados muchos artículos suyos, en inglés) o, cuando menos, este breve pero expresivo artículo del Director de Veterinarios sin Fronteras (por cierto, que en esta web también hay abundante información sobre este problema).

Frente a tanta hipocresía, se propone otro modelo económico basado en la búsqueda de la sostenibilidad real, es decir, de un sistema que no agote recursos que no son renovables. Y aquí llegamos por fin a la propuesta de DECRECIMIENTO.

Decrecimiento­­ =!= recesión

Que nadie se asuste, el decrecimiento no consiste en una recesión económica buscada de propósito. Ni en cerrar empresas indiscriminadamente y mandar a la gente al paro. No se trata de crear pobreza, sino todo lo contrario. Se trata de buscar que TODOS puedan salir de la pobreza, de que TODOS puedan disfrutar de las ventajas de nuestra civilización (y ese TODOS incluye a africanos, latinos, asiáticos, enfermos, ancianos, viudas, madres solteras, campesinos, empleados de maquiladoras...; y también a las generaciones venideras).

Se trata de cambiar conciencias y modos de vida para ser más conscientes de nosotros mismos, para no dejarnos llevar por el marketing y otras influencias interesadas en que gastemos más -lo que nos obliga a trabajar más- y actuar en busca de la felicidad.

Éxito social

Vivimos en una sociedad de consumo en que el principal objetivo en la vida de cada individuo es alcanzar el éxito social. Éxito que se manifiesta en la posesión de cosas, de bienes materiales, que además han de ser de lujo. Debemos tener el mejor coche (perdón, no en singular, hay que tener al menos uno por cada miembro de la familia), de la marca A, las prendas de vestir han de ser de la marca T, las deportivas N; hay que comprar una segunda vivienda para el mes de vacaciones, los últimos productos tecnológicos... La compra de cada uno de esos productos nos produce una satisfacción casi orgásmica... y casi de la misma duración: no ha transcurrido un mes desde la compra del último modelo de telefóno, y ya ha salido otro; el vecino de enfrente se ha comprado un coche B más potente que el mío y el compañero de trabajo un chalet en la costa con más jardín. ¡Qué frustración! Hay que trabajar más y más para ascender escalones sociales y para poder pagar las mensualidades de la hipoteca, del préstamo del coche, de la tarjeta de crédito, de la tarjeta de compra de E.

Pero esa carrera alocada hacia el éxito y la ostentación tiene como contrapartida el fracaso escolar y la rebeldía cuasidelictiva de los hijos, que crecen sin contacto con los padres, siempre trabajando (los dos). Y luego tener que acudir al abogado a que te defienda de las demandas de las financieras a las que no has podido pagar los recibos que se van sumando mes a mes (sí, esa señora tan digna, siempre con su abrigo de pieles y el collar de perlas incluso para ir al supermercado).

Consumismo, entre el aburrimiento y la ambición.

No hay tiempo para desarrollar aficiones, inquietudes culturales o sociales... Llega el fin de semana y no sabemos que hacer con el tiempo libre. Una comilona y a pasear al centro comercial, a ver las novedades de moda y tecnología y la última película producida en H.

La ambición es una virtud cardinal. Valoramos a los demás por su ambición para superarse en la sociedad. Recuerdo que ya en 1988 viajando por Estados Unidos, visité a un amigo en Houston. Era un judío sudafricano cuya familia se había trasladado a Texas cuando las cosas empezaron a ponerse feas para los blancos, al que había conocido el año anterior trabajando en un kibbutz. Tras llevarme a dar una vuelta en coche por Houston (éste es el barrio de las casas de un millón de dólares, éste el de dos millones, en aquel club no dejan entrar negros ni judíos...) me llevó a un restaurante mexicano que ponía bien claro en un cartel a la entrada que allí lo que se hablaba era inglés. Y se puso a criticar a los inmigrantes mexicanos porque no trataban de integrarse en el país: no se molestaban ni siquiera en aprender inglés para poder conseguir mejores empleos y ganar dinero en serio; se conformaban con trabajos de jardineros, peones y cosas así, trabajando unas cuantas horas para ganar lo justo para vivir y luego se pasaban el resto del día en casa con sus familias... ¡Qué vida tan miserable! En cambio él era un tipo modélico: cincuenta horas de jornada semanal, no más de una semana de vacaciones al año, camino de tener su propio negocio y hacerse rico.

Pobreza y racismo.

La propuesta del crecimiento sin fin como remedio contra la pobreza se ha demostrado ineficaz. A pesar del crecimiento de la producción global, la pobreza no disminuye. Miles de millones de personas en todo el mundo siguen por debajo del nivel de la pobreza, incluso de la pobreza extrema. Los objetivos del milenio, para acabar con la pobreza extrema en el mundo, no se están cumpliendo.

Mujer mursiMe replicarán: China e India se están desarrollando, está disminuyendo la pobreza en esos países. Sí, una fracción muy reducida de la población de esos países ha salido de la pobreza, pero la mayoría sigue como estaba. O peor, porque los avances económicos de unos se han logrado a expensas del medio ambiente en que viven todos: nueve de las diez ciudades más contaminadas del mundo son chinas (de esta noticia hace ya nueve años) y la contaminación mata a 750.000 chinos al año. Y son conocidas las condiciones de trabajo en las fábricas chinas, que llegan incluso a la esclavitud.

El rechazo que algunos manifiestan a los inmigrantes en el fondo se debe a la conciencia de que no hay bastantes recursos en el planeta para que nuestro estilo de vida se extienda a todo el mundo; que para que nosotros podamos seguir con nuestro ritmo desenfrenado, es preciso mantener a la mayoría de la humanidad en la pobreza.

Objetivo: Decrecimiento

Frente a este modelo injusto, insostenible, alienante, embrutecedor, se propone el DECRECIMIENTO.

El decrecimiento sostenible busca eliminar todo aquello que de innecesario, superfluo y alienante hay en nuestras vidas para lograr una economía sostenible. Si aprendemos a conformarnos con un utilitario en lugar del todo terreno, además de contaminar menos ahorramos un montón de dinero (y todavía más si caminamos, vamos en bicicleta por la ciudad y alrededores y utilizamos el transporte público para distancias mayores, y por demás mejoramos nuestra salud al hacer algo de ejercicio); si compramos la ropa y demás bienes que estrictamente necesitamos, y evitamos marcas que por el simple hecho de llevar un logo incrementan el 250% el precio; si compartimos bienes diversos que son perfectamente utilizables por muchos (incluso en Estados Unidos entienden esto mejor para algunas cosas: las lavadoras son de uso común en los edificios de pisos y en las urbanizaciones), si sacamos los libros de la biblioteca; si apagamos las luces y electrodomésticos que no estamos utilizando... ponemos nuestro granito de arena para evitar agotar los recursos naturales y ahorraremos mucho dinero.

Si no necesitamos tanto dinero para pagar cosas superfluas, podremos trabajar menos horas. Podremos dedicar más tiempo a estar con nuestra familia y amigos, a hacer deporte, a nuestras aficiones. A ser nosotros mismos, a desarrollar nuestra personalidad, cada uno a su modo.

En cuanto a las fábricas existentes, no se trata de cerrarlas indiscriminadamente. Hay que sustituir progresivamente las formas de producción contaminantes, las que agotan los recursos, por otras, en la medida en que haya alternativas no agresivas contra el medio ambiente; obligar a las empresas en todo caso a aplicar las mejores técnicas disponibles. Y, cuando no sea posible sustituirlas, habrá que evaluar el daño medioambiental por un lado contra el beneficio social que puedan reportar, para decidir lo que proceda.

Hay que crear también un nuevo marco de relaciones Norte-Sur. El sur tiene derecho a desarrollarse y alcanzar nuestro nivel de vida, pero eso no puede llevar al colapso del planeta. Por eso, es necesario moderar nuestro consumismo; y también realizar las transferencias de tecnología al Sur necesarias para que puedan crearse las infraestructuras y medios de producción apropiados sin arruinar su territorio. Que puedan dar el gran salto del subdesarrollo a una economía del tercer milenio respetuosa con el medio. Si se acaba con la pobreza en el Sur, fin del complejo de los xenófobos: sin pobreza no hay emigración.

Objeciones y réplica.

Ya sé la réplica a esta propuesta, ya la he oído y leído muchas veces: eso lleva a la recesión económica, a más paro y pobreza, a la ruina de la economía. Lo primero que se puede contestar, es que eso ya lo está haciendo el actual modelo insostenible: sigue habiendo paro en todos los países; sigue habiendo pobreza, no sólo en el Tercer Mundo, también en nuestro país y en todo Occidente; y habrá más pobreza según avance la desertificación y se agoten recursos naturales. Lo segundo es que este modelo no tiene por qué llevar a una recesión, sino a una economía basada en otras prioridades: podría haber muchos más servicios sociales de todo tipo: centros de día y residencias para mayores y minusválidos; centros deportivos; centros sociales; bibliotecas; escuelas; mucho más empleo en el transporte público, en la sanidad... De hecho, hasta en el Wall Street Journal se habla de la creación de puestos de trabajo de cuello verde como un objetivo a perseguir por la política económica; y existen empresas específicas para la búsqueda de empleos de ese tipo.

Se dirá también que ya se está transformando la economía porque se desarrollan energías renovables que no contaminan ni agotan recursos y la tecnología actual es más eficiente, contamina menos. Esto es una falacia, porque esas nuevas fuentes de energía no están sustituyendo las antiguas, sino añadiendo, sumando a lo ya existente, y con ello se está fomentando una mayor demanda. Se sigue contaminando lo mismo, o incluso más. Además, esas nuevas fuentes de energía renovables también tienen su impacto ambiental, aunque no contaminen: son necesarios diversos materiales para su construcción (p.ej., el silicio para las placas fotovoltaicas ya escasea); ocupan suelo; los parques eólicos y las huertas solares tienen impacto paisajístico. En cuanto a la eficiencia, es cierto que, por ejemplo, los coches actuales contaminan menos que los de hace quince años, pero también hay muchos más coches y se utilizan cada vez más, así que cada vez contaminan más globalmente. Aparte que muchos de los coches más antiguos no se retiran del mercado, sino que se venden en África: la ciudad más contaminada en que he estado es Tananarive, la capital de Madagascar, un país paupérrimo. Pero Tana está atascada de coches de cuarenta o más años en pésimas condiciones de mantenimiento y que hacen la atmósfera irrespirable, mucho peor que la de México DF, que tan mala fama tiene.


Para conocer mejor la propuesta del Decrecimiento.

Lo escrito aquí es sólo una aproximación mínima a la propuesta de Decrecimiento sostenible. A continuación propongo algunos enlaces para conocerla mejor:

Blog sobre el decrecimiento
Apprès-Développement (versión española)
Decreixement (en catalán)
Decrecimiento, en francés.
Más decrecimiento en francés.
Decrescita, en italiano.
Consume hasta morir
Artículo de un científico sobre el decrecimiento

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miércoles 16 de enero de 2008

Decrecimiento, productividad, sostenibilidad, calidad de vida (Primera parte)

Desde hace unos meses se viene hablando de la posibilidad de que la economía se desacelere; incluso se especula con que pueda haber un estancamiento y hasta una recesión. Todo ello motivado por la crisis de las hipotecas sub prime en Estados Unidos (y en Europa y España, debería reconocerse) y el "pinchazo" de la construcción. Como consecuencia de esos temores, la bolsa está bajando en picado y las corporaciones que cotizan pierden millones en valoración bursátil. En esta tesitura cabe preguntarse: ¿cuál es la situación de las economías familiares? ¿Qué relación hay entre el crecimiento económico que se refleja en los números macroeconómicos y en la bolsa, por un lado, y la economía real, la que rige nuestra estilo y calidad de vida, por otro? Yo voy a dar una visión alternativa a la cuestión del crecimiento económico, al sentido que se le quiere dar en la concepción ortodoxa de la Economía, para enfrentarla con unos valores alternativos: la sostenibilidad de la economía y la calidad de vida.

La visión ortodoxa de la economía.

Según esa concepción ortodoxa de la Economía, hay que buscar un crecimiento continuado, sostenido, permanente y cuanto más elevado, mejor (dentro, sin embargo, de un límite: no hay que sobrecalentar la economía para evitar crisis e inflación, como durante años se ha estado temiendo que ocurra en China). Esta visión es coincidente tanto para los partidarios del sistema capitalista al uso como para los marxistas. Parece que todo lo que sea un crecimiento del PIB inferior al 3% es insuficiente.

Otro postulado de los economistas ortodoxos es que la productividad también debe incrementarse de forma continuada. Así, se elaboran estadísticas sobre el incremento de productividad interanual de las distintas economías nacionales, clasificaciones de los países según la productividad de su economía... Por cierto, clasificaciones en las que España no resulta precisamente bien parada debido a su dependencia del uso masivo de energía, suelo y materias primas, y su escaso desarrollo de las nuevas tecnologías, como ya he criticado anteriormente. Incluso ahora se informa de que el aumento de cada unidad del PIB le cuesta a la economía española cada vez más energía, lo que quiere decir que desciende la productividad y que nos aproximamos más a un modelo tercermundista.

Ese modelo no es sostenible.

Sobre estas bases, algunos científicos llevan al menos desde la década de 1970 hablando de que el modelo industrial imperante no es sostenible y está acabando con el planeta; que está dando lugar a un cambio climático que puede dar a lugar a una catástrofe de dimensiones bíblicas. Pese al dinero gastado por empresas tan reputadas como Exxon en desmentirlo, la comunidad científica ha llegado a un consenso de que efectivamente la actividad humana ha desencadenado ya un proceso de cambio del clima que es preciso atajar antes de que sea demasiado tarde (aunque el candidato a la Presidencia del Gobierno por el PP no tenga muy claro de qué va esto y se permita frivolizar en público sobre cuestión tan grave). Tanto es así, que la práctica totalidad de las empresas han cambiado la orientación de su publicidad para presentarse como las más verdes y las más sostenibles: hasta el automóvil privado se presenta como verde o una empresa como Endesa afirma respetar los más altos niveles de sostenibilidad ¡ver para creer! Dicho sea de paso, con el modelo de sostenibilidad y responsabilidad de Endesa (que le pregunten a las comunidades mapuches de la zona del Bío-Bío en Chile, p.ej.) y las ideas sobre el cambio climático de Rajoy, no me extraña que éste haya fichado al hasta hace poco presidente de esa compañía como su opción para Ministro de Economía si gana las elecciones. Por cierto, que su candidato ya ha dicho que es un despropósito subvencionar energías caras, refiriéndose a las renovables; con lo que ya sabemos por dónde irán los tiros: a seguir con el carbón y con la energía nuclear, modelo "sostenible" de Endesa.

¿Hay felicidad en el crecimiento?

Dejándonos de frivolidades de algunos políticos y empresarios y de la manipulación publicitaria del discurso ecologista, ¿a qué nos conduce la persecución del crecimiento económico como fin supremo de la economía y del aumento de la productividad como el medio más valioso para lograrlo? ¿Realmente ese crecimiento y esa productividad nos hacen más felices, nos proporcionan más bienestar, más calidad de vida, más felicidad? ¿Somos más felices porque el Banco X haya incrementado sus ingresos un 23% respecto al año pasado -aunque para ello haya incrementado las comisiones que cobra a sus clientes y bajado la calidad de su atención al cliente? ¿Vivimos mejor por que el fabricante de automóviles Z haya mejorado un 13% sus resultados, a costa de vender más 4x4, con 230 CV de potencia y un consumo de 13 litros de gasoil por 100 kms., que sus compradores sólo van a usar por ciudad y autopista? ¿Qué satisfacción real -aparte de las subidas en Bolsa de sus acciones- nos produce que Telefónica vaya viento en popa cuando todos los usuarios estamos siempre protestando de las faenas que nos hace?

Hogar hamerSi ese crecimiento constante da lugar a que los recursos naturales sean cada vez más escasos y caros (se dice que el petróleo se acabará en 40 años, el gas natural en algunos años más, el uranio en 70 años; los alimentos se encarecen porque han comenzado a utilizarse como fuentes de energía; los bosques se talan y queman por todo el planeta...), a que cada vez haya más catástrofes naturales y de mayor magnitud como consecuencia del cambio climático, lo que es causa de desertización y de más pobreza en el Tercer Mundo (y en el Primero) y de más migraciones de la gente del Sur hacia el Norte; si las desigualdades son cada vez mayores; si pese a tanto crecimiento las familias no llegan a fin de mes y no pueden pagar sus hipotecas (aunque a políticos, periodistas y empresarios sólo les importa este dato en cuanto a cómo pueda afectar a los bancos, a sus índices de morosidad, como demuestra el mismo enfoque de la noticia antes enlazada -a pesar de que viene de un medio de "izquierdas") porque los sueldos no suben al ritmo que la economía, ¿de qué nos vale ese crecimiento?

Mitos y realidades sobre el incremento de la productividad.

Si el aumento de la productividad se debe más a la introducción de nuevas fórmulas para exprimir al trabajador hasta la última gota de sudor que por la mejora de la tecnología, ¿es realmente tan importante para todos nosotros que no pare de incrementarse? Si pasamos de las estadísticas y las cuentas "macro" a la vida cotidiana, como se propone en este interesante artículo en torno a la recesión en Estados Unidos, vemos que la recesión es algo real desde hace mucho tiempo, pero en la economía familiar: mientras Estados Unidos mantenía altos índices de crecimiento del PIB y la productividad (podríamos trasladar esa afirmación a España, al menos en cuanto al PIB), los sueldos de los que viven las familias se reducen en términos de capacidad de compra.

Y el incremento de productividad resulta que tampoco es tan real: cita un informe en que se dice que la productividad aumenta por las innovaciones tecnológicas, pero a continuación pone a ¡Wal-Mart! como modelo. ¿Cómo una empresa del sector de Wal-Mart puede ser modelo en el incremento de productividad por innovaciones tecnológicas? La respuesta está en el mismo artículo: porque, en contra de lo que cabe esperar (que el aumento de la productividad se deba a la mayor formación de los empleados y a los avances tecnológicos) muchas veces esas innovaciones en realidad son métodos para hacer trabajar más a los empleados por menos dinero; y porque se falsean los datos. Efectivamente, las empresas hoy se rifan a los ingenieros para que controlen tiempos de producción (yo tengo algún amigo que se dedica a eso, y me pregunto si el rigor con que se controlan no tendrá algo que ver con los conflictos que tuvo con los empleados); y creo que todos tenemos amigos que pueden contar su experiencia en centros de "alta tecnología" (como los centros telefónicos de atención al cliente, p.ej.) en que se controla hasta las veces y el tiempo que los empleados van al servicio. Práctica que se extiende incluso a la Administración Pública: el Consejero de Sanidad asturiano les ha dicho muy gráficamente al personal que hay que ir a trabajar desayunado, cagado y con el periódico leído. Y no será porque el personal de la Sanidad esté mano sobre mano en su tiempo de trabajo; al menos en Asturias, no hay tiempo para respirar (aparte de algunos casos excepcionales de caraduras a los que habría que expedientar); salvo que el Consejero estuviese pensando en los directivos de su Consejería, que tienen pendientes cosas tan básicas como un Plan de uso racional de medicamentos en condiciones y que alcance un mínimo de continuidad.

Y sobre el PIB.

El PIB mide las actividades con un contenido económico, pero deja fuera otras a las que no se reconoce tal contenido a pesar de su gran valor social: el trabajo de las mujeres que cuidan a los hijos, a los ancianos y a los minusválidos. En el futuro, con el desarrollo de la Ley de Dependiencia, habría que contabilizar esa actividad, aunque cuando la retribución que se le concederá es mínima en relación al valor que tiene.

Pero lo más grave es que el PIB no tiene en cuenta la sostenibilidad de las actividades económicas, computa por igual una actividad sostenible que una contaminante. Una actividad industrial que dará lugar al agotamiento a medio plazo de un recurso natural, ¿genera riqueza para el conjunto de la población? ¿Qué riqueza les quedará a quienes sigan vivos cuando se haya acabado ese recurso? Una actividad contaminante, que induce enfermedades a los trabajadores que emplea y a los vecinos y que impide la explotación de las fincas próximas, ¿crea riqueza? Por si fuera poco, los trabajos para paliar o eliminar la contaminación producida y la atención médica de las víctimas de la contaminación vuelven a computar en el cálculo del PIB.

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viernes 16 de noviembre de 2007

Falso discurso ecologista del Gobierno y represión contra Greenpeace

Mientras el Gobierno mantiene un discurso ecologista, hablando de su lucha contra el cambio climático, e incluso ahora el Psoe anuncia que contará con figuras internacionales para elaborar su programa para las próximas elecciones, incluyendo a Nicholas Stern, el autor del famoso informe para Blair sobre las consecuencias económicas de no actuar y las oportunidades de sí hacerlo, sus actuaciones efectivas van por otro lado, salvo un puñado de decisiones de mínimo impacto.

Sigue con su política energética basada sobre todo en la combustión de fósiles, incluyendo el carbón, lo que es la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero. Greenpeace ha emprendido una de sus acciones simbólicas, que pretenden tener gran impacto en la audiencia para lograr una mayor conciencia social y forzar el cambio de políticas, lo que le ha valido la represión gubernamental.

Pirámide de GarcilasoPrimero, la autoridad del Puerto de Valencia prohibió que el barco de Greenpeace Arctic Sunrise pudiese atracar, alegando que no había espacio; tras comprobar que eso no era cierto y una ciberacción, se consiguió la autorización, con la mediación del Delegado del Gobierno. Greenpeace quería desarrollar una acción durante la reunión del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC).

A continuación, se dirigió al Puerto de Tarragona para tratar de impedir la descarga de un cargamento de carbón destinado a centrales térmicas. La reacción fue detener a los activistas y los periodistas que les acompañaban y al barco. Los activistas fueron liberados de madrugada y el barco esta mañana, tras el pago de una fianza de 6.000 euros. Tenéis aquí las sucesivas notas de prensa elaboradas por Greenpeace.

La respuesta de la autoridad contrasta con las declaraciones del secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Yvo de Boer, durante el desarrollo de esa convención del IPCC, que considera que no adoptar medidas de lucha contra el cambio climático como "un acto de irresponsabilidad criminal que amenaza la vida de miles de personas y sería un ataque directo a los más pobres". Parece, por sus actos, que a nuestras autoridades lo que le parece criminal es protestar por no tomar medidas en ese sentido.

Os invito a que participéis en la ciberacción promovida por Greenpeace sobre este tema a través de este enlace.

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jueves 15 de noviembre de 2007

De AVEs, socavones y políticas de infraestructuras

Los socavones y hundimientos provocados por las obras del AVE en Barcelona han puesto en cuestión la forma en que se desarrollan las obras públicas. Da la impresión de que es más importante el calendario, para que la inauguración coincida con la campaña electoral, que la seguridad, la eficiencia, el trabajo bien hecho, y el servicio que van a prestar.

A propósito de esto quiero referirme a dos cuestiones concretas: la forma en que se desarrollan las obras públicas y la misma racionalidad de muchas de éstas.

En cuanto a la primera cuestión, estoy convencido de que efectivamente lo más importante es el calendario, la fecha de la inauguración. Las obras de diseñan y contratan para que su inauguración coincida lo más posible con las campañas electorales. Creo que todos podemos recordar casos de infraestructuras inauguradas en fechas próximas a unas elecciones que después es necesario cerrar para concluirlas; o incluso que se abren tras una conclusión precipitada de las obras y que, tras un breve período de uso público, hay que volver a cerrar, aunque sea parcialmente, para corregir diversas deficiencias; o se inauguran en fechas electorales, pero cuando ya llevan un tiempo en uso. Podemos recordar nuevas terminales de aeropuertos convertidas en verdaderos caos; túneles que parecen duchas o estanques; autopistas cortadas por corrimientos de tierras...

No sólo eso: en un modelo económico basado en el asfalto, el ladrillo y el kilowatio, hay que promover obra pública para que se mantenga la tasa de actividad y de empleo. Por ello, acabada una obra (como decía, justo antes de las elecciones), en la campaña electoral hay que prometer más obras para demostrar la capacidad de previsión y de gestión que se tiene. No importa lo aberrantes que sean los proyectos: pongamos dos ejemplos. Carreteras de uso comarcal, con un tráfico muy reducido, que se quieren convertir en autopistas, aunque atraviesen espacios naturales privilegiados, caso de la polémica autovía La Espina-Cangas del Narcea-Ponferrada, entre la zona occidental de Asturias y la de León, atravesando el hábitat mejor conservado, verdadero último refugio, del oso pardo en España; es decir, se invertirá un dineral impresionante para dar servicio a unos cientos de usuarios diarios, ocupando los mejores terrenos de los valles y destrozando el último refugio del oso pardo y otras especies como el urogallo en España. Ampliaciones de puertos para transformarlos en macropuertos, cuando ya el uso de los anteriores era muy reducido; en Asturias también tenemos el caso del Musel, en Gijón: la última ampliación hasta el presente sólo había sido utilizada para el Circo del Sol; ahora se está ampliando para poner una regasificadora y unas terminales para biodiesel y una central eléctrica, cuando ya la atmósfera de Gijón supera los índices de contaminación permitidos, cuando según el Protocolo de Kyoto, firmado por España, habría que reducir emisiones y no aumentarlas (la regasificadora tiene como justificación la construcción de seis nuevas centrales de producción eléctrica) y sin respetar distancias de seguridad a viviendas, entre otros incumplimientos legales; también los hay naturales: no se tuvo en cuenta el oleaje, que se estaba llevando el material depositado, por lo que el presupuesto ya se tuvo que incrementar en más del 50% de lo inicialmente previsto, que no era calderilla.

Pájaro azulEl problema no es sólo la agenda política, es el mismo sistema en que se proyectan, contratan y desarrollan las obras. En cuanto al proyecto, como lo importante es que la obra se haga, se emprende por encima de todo. Incluso por encima de la naturaleza: se atraviesan parques naturales, se cruzan acuíferos... Luego resulta que hay que paralizar las obras porque algún tribunal o la Unión europea recuerdan que hay normas de protección al medio ambiente que hay que respetar. O porque los acuíferos no pueden soportar infraestructuras, que es lo que ha pasado en Barcelona, y que las autoridades tan brillantes que tenemos, y la oposición que la supera en inutilidad, no pueden decir públicamente.

En cuanto a la forma de contratar y ejecutar las obras, hay que recordar que ya no es la Administración la que ejecuta; ni siquiera la que la dirige y controla, salvo en una forma muy remota. La Administración se limita a planificar y licitar. La licitación se abre con un presupuesto de partida, y después las distintas constructoras compiten, sobre todo, por el precio: hay que rebajar el coste para adjudicarse la obra. Y, sobre ese precio por el que se licita, hay que obtener beneficios. Una vía son los aumentos de obra: siempre surgen contratiempos no previstos que es necesario afrontar con nuevas obras extraordinarias; o mejorar determinados aspectos de seguridad u otros que permitirán ampliar la obra, ahora ya sin competencia en cuanto al precio de adjudicación. Es parte del juego: los políticos alardearán de la rebaja que han conseguido en cuanto al coste de la obra, en el momento de la adjudicación; después la adjudicataria se resarcirá mediante los aumentos, que no tendrán coste político porque el político los justificará con las mejoras que suponen o con las dificultades imprevistas que opone una geología siempre adversa.

Una segunda vía para obtener beneficios es el recorte de costes. Las medidas previstas para reducir y corregir los impactos ambientales nunca se cumplen. Muchas medidas de seguridad tampoco se respetan: la construcción es un juego de azar en que se apuesta a que la ladera de esa montaña aguantará pese al incremento de la pendiente, en que el río nunca crecerá más de determinado nivel, en que al excavar el túnel no nos encontraremos ningún acuífero... Las pistas abiertas para la construcción de la infraestructura no se restauran tras el fin de la obra; los escombros y otros vertidos tóxicos se depositan debajo de los acueductos, en bosques apartados... La maquinaria pasa por donde le es más cómodo a quien la maneja, sin respetar propiedades de los vecinos, elementos de patrimonio histórico o cultural, acuíferos, bosques, etc.

En cuanto al otro aspecto a tratar, parece ... Bueno, no parece, existe una opinión generalizada entre los políticos, la prensa creadora/transmisora de opinión y los constructores consistente en que el mejor político es el que más infraestructuras construye. Recuerdo haber escuchado a la Ministra de Fomento (¿por qué se llama Fomento el Ministerio, en lugar de Obras Públicas, como en tiempos de Franco? Era más realista) hace unas semanas presumir de que España iba a tener, con los actuales proyectos, muchos más kilómetros de vías de tren de alta velocidad que cualquier otro país del mundo. El PP sostiene que Cascos fue el mejor Ministro de Fomento de la historia española porque logró que España tenga muchos más kilómetros de autopista que cualquier otro país del mundo, en relación a la superficie del país o a la población.

A mí me surge una duda: si tenemos muchos más kilómetros de autopista que Alemania o el Reino Unido; más kilómetros de AVE que Japón o Francia, ¿lo estaremos haciendo bien? Esos países son más ricos que España; más poblados; alcanzaron un grado de desarrollo más elevado que el nuestro con décadas de adelanto; tienen una economía más eficiente y productiva que la nuestra; son más extensos. Y no se plantean construir tantas autopistas ni AVEs. Es cierto que la economía española creció más en los últimos años que las de esos países; gracias precisamente a la construcción. Pero ese crecimiento se agota con la propia obra, finalizada ésta decae la actividad. Y con ello seguimos con menor productividad y muy lejos del nivel de I+D+i de lamayoría de los países de la OCDE.

Creo que es una falacia que la mejora de las comunicaciones sea condición necesaria para el desarrollo de la economía. Es obvio que para el crecimiento del comercio o el turismo son necesarias buenas infraestructuras de transporte pero, ¿hasta qué punto? Pensemos que las autovías ocupan muchísimo terreno: hay que sumar la anchura de dos carriles por sentido como mínimo; con sus arcenes a ambos lados; con el espacio entre una y otra calzada; y con una ancha franja de servidumbre a todo lo largo de la vía. Nos ponemos en bastante más de cien metros de ancho que no pueden ser utilizados para ninguna otra actividad. Y esa ancha franja no va a discurrir por los terrenos menos aptos para dedicarlos a otras actividades o para mantener su estado natural, sino todo lo contrario: autopistas y vías de tren discurren por los terrenos más llanos, por donde la obra presenta menos dificultades orográficas. Ocupa las mejores vegas, las llanuras más fértiles.

Tampoco es cierto que mejore la comunicación en todos los casos: la mejora sólo en los lugares con acceso a la infraestructura, en los demás puntos la comunicación empeora. Así, el AVE sólo mejora la comunicación de las poblaciones con parada. Los habitantes del resto de poblaciones tienen que desplazarse hasta la capital para poder abordarlo. Es una buena inversión para unir dos puntos cuyo tráfico aéreo es particularmente intenso (caso del AVE entre Londres y París) porque el AVE compite ventajosamente contra el avión en términos ecológicos (la contaminación y contribución al cambio climático de los aviones es brutal). En el caso de las autopistas, las poblaciones o viviendas situadas entre las distintas vías de acceso están peor comunicadas que antes, porque en muchos casos los antiguos caminos rurales se cortan, y es preciso dar rodeos para acceder a la autopista o al pueblo antes vecino, ahora separado por la autopista.

Antílope enanoAdemás, autopistas y AVE constituyen barreras definitivas que fragmentan el territorio, con efectos adversos no sólo para la comunicación de los núcleos pequeños, según lo que acabo de indicar, sino sobre todo para los hábitats de los animales terrestres, que se ve troceado, con comunicaciones limitadas a puentes, túneles o pasos habilitados para la fauna.

Suponen una inversión elevadísima, que fomenta la actividad económica durante el tiempo que dura la obra, después se acaba el empleo y la actividad y es necesario proyectar una nueva obra, en un ciclo sin fin. Seguramente sería mucho más eficiente dedicar ese dinero a educación, formación, investigación, en subvencionar a emprendedores...

El AVE es un medio de transporte elitista: necesita unas inversiones importantísimas, como acabo de apuntar, que pagamos todos; pero luego sólo lo pueden utilizar quienes disponen de unos ingresos elevados, ya que el billete es mucho más caro que el tren normal. Los pobres tienen que seguir viajando en el lento tren tradicional, que no se mejora porque la inversión en el AVE agota los presupuestos. Además, la competencia por lograr trenes de cuanta más velocidad mejor es una falacia: en la práctica no se pueden alcanzar esas velocidades, salvo quizás en unas fracciones muy cortas del trayecto local: el relieve y trayectoria de la vía no lo permiten, tampoco el paso por zonas habitadas (hay que reducir la velocidad para que el ruido no se haga insoportable) o por espacios protegidos (por la fauna). Ahora se discute en la prensa si se construirá un AVE a lo largo del Cantábrico. El PSOE lo aprueba para comunicar Santander con Bilbao, y en Galicia, en Asturias no, aunque últimamente han matizado que podrían aprobarlo si no va por la costa. Lo que ahora hay es un tren de vía estrecha lentísimo, con utilidad sólo para comunicarse entre poblaciones rurales a corta distancia, porque los trayectos se hacen inacabables. En lugar de mejorar el trazado de la línea existente, dotarla de trenes más modernos y seguros, se mantendrá lo que hay, con su limitadísima funcionalidad, y se construirá un AVE que sólo tendrá parada en las capitales y que nunca podrá alcanzar las velocidades que le caracterizan porque todo el territorio está muy poblado y tiene grandes dificultades orográficas. Eso sí, harán felices a la Koplovitz, a Florentino y a Villar Mir.

Otro tanto cabe decir de las autopistas: mientras se dedican ingentes cantidades de dinero a nuevas autopistas, las carreteras ya construidas se deterioran porque no hay dinero para su mantenimiento. ¿No podría ahorrarse un poco para cambiar de una vez los pretiles y salvar las vidas de unos cuantos motoristas?

Y no es cierto que las autovías y el AVE vayan a dar lugar a más actividad en la periferia, sino que ocurre lo contrario. Según estudios realizados sobre lo ocurrido tras la construcción de las primeras líneas del AVE en Francia, lo que ocurre es que se pierde actividad para la hostelería: se reducen las pernoctas en las ciudades de la periferia unidas por AVE a la capital; que se cierran oficinas y delegaciones: es más barato ir y volver en el día a la ciudad de la periferia cuando sea necesario que tener delegación pertinente; y, cuando es necesario ir, ya no es preciso pasar la noche, se puede volver por la tarde.

No en vano proliferan los conflictos en muchos lugares por los que se proyecta construir una autovía o AVE: habitantes de aldeas que hay que demoler para que pase la vía, campesinos que pierden sus pastos o terrenos de cultivo. Véase la movilización social en el País Vasco contra el AVE vasco (no sólo de los abertzales, aunque éstos sean los que más se hacen ver por su actuación violenta, perjudicando la visibilidad y legitimación del resto de la sociedad civil democrática y no violenta).

Y la construcción de autopistas y de AVEs tampoco concuerda mucho con la lucha contra el cambio climático y contra la contaminación atmosférica, tampoco contra la inseguridad vial. Lo sostenible, limpio y seguro es fomentar el transporte público, sobre todo en tren, no el uso del automóvil privado. Y para fomentar el uso del tren, debe mejorarse las vías existentes, revisar itinerarios, frecuencias, paradas... El tren debe llegar a cuantos más lugares mejor, con la mayor frecuencia. Y debe tener un precio asequible, cosa que no tiene precisamente el AVE.

Como colofón, recomiendo la lectura de este excelente informe elaborado por Roberto Bermejo, un profesor de la Universidad del País Vasco, sobre el AVE vasco, que es extrapolable a cualquier otra infraestructura.

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martes 6 de noviembre de 2007

Alarma: error en vademecum, muy peligroso para bebés

La editorial que edita el Vademecum internacional, la publicación que informa de los medicamentos comercializados, usos aprobados, compatibilidades e incompatibilidades, etc., está remitiendo correos electrónicos a los profesionales sanitarios para advertirles de que hay una errata en la 48ª edición, así como en la edición mini: los indicativos de compatibilidad o incompatibilidad de medicamentos para lactantes están invertidos.

Un error de este tipo debería dar lugar a una reacción mucho más radical y efectiva que el simple envío de correos electrónicos, que la mayoría de profesionales no abren; o de una simple advertencia en la página de inicio de su web. Las consecuencias de que se prescriba algún medicamento equivocadamente como resultado de una consulta de esas publicaciones con semejante errata puede ser fatal para un bebé, por lo que la información debería constituir una verdadera alerta sanitaria y hacerse pública incluso en los telediarios; y retirarse todos los ejemplares para sustituirlos por otros correctamente editados, porque vete a saber por cuánto tiempo andarán rondando por ahí y a quién llegarán una vez que los médicos destinatarios naturales los sustituyan por la siguiente edición. Obviamente, la editorial no querrá pasar el mal trago de tener que hacerse semejante publicidad negativa, pero las consecuencias para la salud, para la vida incluso, de los bebés lo merecen. Deberían tener en cuenta también, si miran más por sus intereses económicos que por los de los bebés y sus padres, la responsabilidad civil que se puede derivar de alguna prescripción errónea por este motivo. Cuando las demandas por responsabilidad médica proliferan, ésto es un caldo de cultivo muy apropiado para que continúen en aumento.


Niña peruanaA propósito de esta alarma quiero comentar una noticia que había visto en la prensa y que al entrar en la página del vademecum veo más completa. Consiste en que, con motivo de la presentación del VIII Congreso de la Asociación española de electromedicina e ingeniería química, se informa de que más del 40% de las enfermedades relacionadas con factores de riesgo ambiental las padecen los menores de cinco años. Son, sobre todo, el asma, transtornos neurológicos, malformaciones, intoxicaciones y cáncer. Esto se debe principalmente a que los niños proporcionalmente ingieren más comida, bebidas y respiran más aire contaminado por kg. de peso que los adultos. No lo dice en esta noticia pero creo que habría que añadir (según me explicaron cuando estábamos embarazados) que la madre transmite al feto y después al bebé una parte importante de los tóxicos que tenga acumulados en su cuerpo a través del cordón umbilical y después al amamantarle; se da lugar a una mayor concentración de estos tóxicos por esas vías en el cuerpo del feto/bebé que en el de los adultos, la toxicidad es acumulativa (como sucede también en la cadena alimenticia de los animales, los predadores superiores van acumulando los tóxicos que tenían sus presas por lo que llegan a estar más enfermos que éstos). También, según este informe, que los nonatos y neonatos absorben los productos químicos con mayor eficiencia que los adultos y los expulsan con más dificultad.

Quiero traerla a colación porque cuando desde el movimiento ecologista hablamos de la necesaria protección del medio ambiente la mayoría de la gente piensa que nos referimos a cuestiones muy alejadas de la vida de las personas; que no nos afectan en nuestra forma de vida, que siempre damos la murga con teorías de cosas que pueden pasar dentro de cientos de años. Nada más lejos de la realidad, y esta noticia lo demuestra. El medio ambiente es lo que nos rodea, el medio en que vivimos. Si ese medio está enfermo, está contaminado, nosotros nos contaminamos y enfermamos. Y quienes más directamente lo padecen son los niños. Mejorar la calidad de nuestro medio ambiente es mejorar nuestra calidad de vida. Es algo que ya han aprendido muchos en el Norte y Centro de Europa, donde padecieron los efectos del desarrollismo industrializador con unas décadas de adelanto con respecto a España, y por eso aplican medidas mucho más radicales para mejorar su entorno.

En la misma noticia se habla también de otras cuestiones de salud pública que solemos tratar en el movimiento ecologista: el riesgo de las ondas electromagnéticas, que las empresas eléctricas y de telecomunicaciones siempre niegan, aquí aparece reconocido por los profesionales de la salud a la hora de contemplar políticas hospitalarias. Se reconoce el peligro que los campos electromagnéticos suponen para la salud y se plantea que "los equipos de electromedicina deben entrar en la dinámica del desarrollo sostenible". Hay centenares de estudios que reflejan los peligros para la salud de esos campos electromagnéticos generados no sólo por los equipos de electromedicina: también por electrodomésticos, líneas de alta tensión, transformadores, estaciones base de telefonía móvil, etc.; pero cada vez que se publica uno de esos estudios, aparece otro ¿pagado por la industria, como ocurrió con los estudios que negaban el cambio climático y se acabó reconociendo que estaban pagados por la industria del petróleo? Aquí, en un medio neutro, se reconoce francamente el riesgo para la salud.

Se habla también del riesgo de los miles de productos químicos cuyos efectos o riesgos para la salud no han sido estudiados. Se dice que menos del 10% de los más de 100.000 productos químicos existentes han sido evaluados. Debo recordar aquí la dura batalla que se desarrolló en la Unión Europea para aprobar el Reglamento REACH, cuyo objetivo eran plantear un control sobre los productos químicos en circulación para estudiar sus posibles efectos sobre la salud y retirar los más nocivos cuando hubiera un sustitutivo adecuado; los lobbies de la industria presionaron a los parlamentarios y ministros para lograr que el Reglamento fuese recortado hasta un mínimo ridículo, en relación con los riesgos para la salud que están en juego. Mientras que los estudios que se pretendía imponer suponían un porcentaje mínimo de los gastos de la industria, constituirían un avance en la garantía para la salud de todos importantísima. A pesar de los argumentos de los ecologistas a favor de un Reglamento sin recortes, la industria consiguió su objetivo de que se aprobase con una reducción drástica de su planteamiento original, aunque al menos algún avance se consiguió.

Y a propósito de los tóxicos que hay que eliminar, en la noticia comentada se hace una referencia particular a los termómetros de mercurio, que serán prohibidos en el año 2009. Si ya se conocen los problemas de toxicidad del mercurio que se mencionan en la noticia (que sobre todo afectan al desarrollo neurológico y renal), y existiendo otro tipo de termómetros más prácticos y no tóxicos ¿por qué hay que esperar años a hacer efectiva la prohibición? ¿Son más dignos de protección los intereses de la industria que los de la salud de nuestros hijos? Parece que para la industria y para los políticos sí.

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lunes 15 de octubre de 2007

Blog Action Day: Medio ambiente

El día de hoy, 15 de octu