Durante gran parte de la historia de EE.UU., el dólar podía cambiarse por oro y plata. Por muchos años, la tasa de cambio era de una onza de oro (28,35 gramos) por US$20,67. Tras la devaluación de Roosevelt, la tasa de cambio pasó a una onza de oro por US$35. Después de 1933, sólo los gobiernos extranjeros y los bancos centrales tenían el privilegio de cambiar los billetes que no querían por oro. Sin embargo, para fines de 1960, algunos de los tenedores internacionales de dólares, especialmente Francia, empezaron a exigir oro. El presidente Richard Nixon terminó con ese problema en agosto de 1971 cuando suspendió todo el sistema de conversiones. Desde entonces, el dólar en sí ha sido un pagaré sin valor...
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