Después de 10 años trabajando con ellos, o sea, pagando religiosamente todas las comisiones habidas y por haber y los intereses a precio de oro, y exigiéndonos garantizar los créditos firmando como avalistas toda la familia y casi casi hasta el gato, al llegar la crisis a nuestro sector y no poder pagar las cuotas se niegan a cualquier tipo de negociación o refinanciación y nos llevan al Juzgado reclamando todo lo prestado con unos intereses de demora del 29%. En las subastas se lo quedan todo por un 50% del valor de tasación y aún les debemos tanto dinero, que ni en tres generaciones vamos a poder pagar.
A mí me queda la duda de si sabían que nos estábamos sobreendeudando y nos dieron los créditos con la intención de quedarse con todo.